Me duelen los abrazos ausentes, los que guardo, los que no robo... Los que no me robas.
Me crece la desgana de no sentirte la piel, me hiere la mirada tardía, se me derrite el pensamiento, me estorba el impulso vago.
Exijo abrazos mullidos, de sentimientos madrugadores, de miradas que acarician en los amaneceres plácidos.
Necesito abrazos embriagadores, locos, sin tratamiento, con acordes de disparates absurdos.
Quiero abrazos inmensos, que me cubran los anhelos en el remanso de los sueños.
Regalo el abrazo libidinoso, recortado a pedazos de cualquier noche pendenciera.
Reivindico el abrazo amigo, fusionado con la chanza revoltosa, hambriento de un futuro infiltrado en albores vigorosos.
Deseo el abrazo ilimitado, solapado de tibieza, madurado al resol de un atardecer de verano.
Aspiro el abrazo genuino, inmerso en el detalle de la sonrisa perfecta, amparándose en el aguacero de una primavera de mil aguas.
Ansío el abrazo diluido en dulce de leche, desaguando la grandiosidad enjuta de una llantina infantil.
Preciso al francotirador de los besos torpedo, vocingleros, puntillosos, exfolidadores de tedios dolientes y amantes de ingravidas soledades.
Me urgen los abazos rotundos, enigmáticos, desordenados, incautados al torrente subyugador de los ojos tranquilos, que esperan un mañana tonificante.
Reclamo el abrazo certero sin inflexiones ni escusas, que me hable con la esencia del deseo lo que las lágrimas impiden expresar a las palabras.
Solicito el abrazo rejuvenecido, sanador y revitalizante que todos aguardamos.
Imploro a los abrazos, que retornen, que se sumerjan en las pieles humeantes de dolor, que achiquen aguas, que resuciten emergentes,
que naveguen en latidos, que aprieten los huesos, que revivan...
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martes, 12 de mayo de 2020
martes, 14 de abril de 2020
SIETE AÑOS
Con esa manera de amar tan tuya, entreverada y arrebatada,
rayando la inocencia velada, arañando sutilezas,
envolviéndome en arcanas ilusiones,
sintiéndome presa de susurros inventados,
arqueando palabras, rompiendo despertares,
enmudeciendo sátiras petulantes...
Con esa manera de amar tan mía, secreta y recóndita,
nunca olvidada, ahora muda, invisible,
siempre cercana, gallarda, enigmática, plácida...
Con esa manera de amar tan nuestra, dulce y afilada,
horneando ternura, esculpiéndole antojos a la vida,
amparándonos en las madrugadas en que tú ibas y yo volvía,
hermándonos con el ingenio...
Siete largos años han pasado...
Como un suspiro maléfico y electrizante,
como encantamiento sin ensalmo...
Siete años desdeñando algún impulso
que huele a ausencia desgarrada...
Siete años respirando tu destierro mitigado...
Siete años con tu vitalidad latente
en cada rincón de mi alma...
Siete años...
rayando la inocencia velada, arañando sutilezas,
envolviéndome en arcanas ilusiones,
sintiéndome presa de susurros inventados,
arqueando palabras, rompiendo despertares,
enmudeciendo sátiras petulantes...
Con esa manera de amar tan mía, secreta y recóndita,
nunca olvidada, ahora muda, invisible,
siempre cercana, gallarda, enigmática, plácida...
Con esa manera de amar tan nuestra, dulce y afilada,
horneando ternura, esculpiéndole antojos a la vida,
amparándonos en las madrugadas en que tú ibas y yo volvía,
hermándonos con el ingenio...
Siete largos años han pasado...
Como un suspiro maléfico y electrizante,
como encantamiento sin ensalmo...
Siete años desdeñando algún impulso
que huele a ausencia desgarrada...
Siete años respirando tu destierro mitigado...
Siete años con tu vitalidad latente
en cada rincón de mi alma...
Siete años...
martes, 7 de abril de 2020
NI OLVIDO NI PERDÓN
- Se abre la sesión - clamó el juez. El eco de su voz clara y potente se extendió con un halo premonitorio de júbilo por la sala repleta de público. Hizo una indicación al secretario para que comenzara a leer el escrito de la acusación.
- El Pueblo contra C.V. - dirigió una rápida ojeada al acusado, que aparecía erguido y orgulloso. Sin embargo, deteniéndose en su aspecto, se le veía aislado, empobrecido, apocado, inútil -. Se le acusa de desorden público, de aislamiento forzoso de la población, de interrupción de la cotidianidad, de detener el tiempo, de matar la economía, de barrer ilusiones, de sembrar el pánico, de someter fiestas tradicionales, de silenciar al santo Patrón San Prudencio, de amordazar la Retreta y la Tamborrada, de arrinconar la felicidad, de fusilar abrazos...
- ¿El abogado de la Defensa? - interrogó el juez arrastrando la mirada por la sala.
- No hay defensa - prorrumpió una voz invisible, llegada desde todos los rincones de la sala.
- Tengo mis derechos - explotó el acusado.
- Nos encontramos ante unas circunstancias sin precedentes - manifestó el juez con calma -, pero puedo asegurarle que a usted se le han acabado los derechos.
- ¿Abogado de la Acusación? - invitó el juez complacido -. Puede comenzar su interrogatorio.
- Con la venía de Su Señoría. No hay preguntas - el joven puesto en pie, volvió a su asiento.
- Alguien desea presentar alegaciones en favor del prisionero? - interrogó el juez con una media sonrisa.
El silencio cubierto por una capa nebulosa de incertidumbre, se hizo mas denso. El juez dio paso al abogado de la acusación. Éste rechazó la oportunidad con un gesto.
- Tengo derecho a defenderme y me representaré a mi mismo - replicó el acusado con vehemencia -. Conozco mis derechos.
- Su vileza es tan desmesurada que se le ha abolido tal derecho - el juez se mostró implacable.
- Ni usted ni nadie puede negármelo - el acusado, puesto en pie, esgrimió las manos esposadas amenazadoramente.
- ¡Silencio! Siéntese y mantenga el orden - conminó tajante el juez -. A continuación, los testigos de la acusación prestarán declaración.
Una vez dada la orden, el primer testigo fue llamado e hizo acto de presencia en la sala. Se saltaron algunos preámbulos por considerarse inecesarios en el caso. La acusación comenzó el interrogatorio, después de que el hombre diera su nombre completo.
- ¿Conoce usted al acusado?
- Si señor.
- ¿Qué relación tuvo con él?
- Llegó repentinamente. Sigiloso, cargado de odio y resquemor. Se asentó en mi casa. Me robó la familia.
- Explique usted detalladamente al jurado cómo le robó a su familia - expusó el letrado.
- Se llevó a mis padres. Ni siquiera pudimos despedirnos. Se fueron para no volver. Nos atacó con fuerza y rigor.
- ¿Opusiron ustedes resistencia?
- Si señor. Utilizamos todas nuestras armas. Toda la familia le plantamos cara. Nos atrincheramos en casa. Todos los vecinos de la escalera, los del barrio, la ciudad entera luchamos unidos y ferozmente contra él.
- Diría usted que finalmente lograron su propósito?
- Después de varias tentativas, lo logramos. Pero para entonces se había cobrado miles de vidas.
Uno a uno fueron testificando miles de personas en el transcurso de varias jornadas. Relataron los sucesos vividos, cruentos y espeluznantes. Algunos devastadores.
- Me quitó el trabajo - aseguraban muchos.
- Tuve que cerrar la empresa - declaraban otros.
- Había abierto mi negocio unos meses antes de llegar él y luego fue imposible arrancar otra vez - lloraban algunos.
- Arruinó mi vida.
Los testimonios desgarradores se sucecieron durante meses en largas sesiones.
- ¡A la hoguera! - pedían las mujeres.
- ¡Clemencia! - se atrevió a suplicar el acusado -. Gracias a mi, habeís aprendido a respetaros unos a otros.
- ¡No hay perdón para tus incontables crímeres! - manifestó el abogado.
- ¡Misericordia! - suplicó el procesado una vez más.
- No merece ninguna oportunidad - la acusación comenzó su alegato final -. El mundo entero no podrá olvidar tu injusto agravio. Usted es carroña. Un ser baboso, un estúpido canalla. No queremos volver a reencontrarnos con usted jamás. Para las familias que han perdido seres queridos de un día para otro, no les queda más consuelo que su destrucción.
- No saldrás bien parado de ésta - se escuchó una voz desgarrada desde algún rincón de la sala -. ¡Macarra! ¡Sodomita!
- Tu causa no tiene precedente - continuó el joven abogado -. Pagarás por tu infinita maldad.
- ¡Magancés! ¡Pendenciero! - irrumpieron los presentes.
- ¡Legañoso! ¡Gañán! ¡Mierdaseca! ¡Caraculo! - el publico vociferaba desde cualquier parte -. ¡Vándalo! ¡Licencioso! ¡Marrullero! ¡Arrabalero! ¡Hijo puta!
- Tengo derecho a defenderme - el acusado intentaba intimidar al público asistente -. Recurriré. Esto no es legal. Pagaré la fianza y volveré a la calle de nuevo.
- ¡Cagarruta! ¡Chupasangres! ¡Escoria! ¡Felón! ¡Sabandija! - otra salva de insultos inundó la sala del juzgado.
- Cavaré un tunel. Os destrozaré. Volveré a la calle y a mi paso, no quedará ni huella de todos vosotros - el despreciable se envalentonaba por momentos.
- ¡Cabrón! ¡Cenutrio! ¡Chanflón! - clamaba el publico enardecido -. ¡Cantamañanas! ¡Sabandija! ¡Trilero!
- Os mataré a todos - tronó una vez más el cruel asesino.
- ¡Orden! ¡Orden en la sala! - rugió el juez - ¡Orden!
- No podréis conmigo - voceó el prisionero.
- ¡Chorizo! ¡Rastrero! ¡Malnacido!
- ¡Orden! - bramó con energía el juez - ¿El jurado tiene ya el veredicto?
- Así es, Señoria.
- ¿Cómo declaran al acusado C.V?
- ¡Culpable!
Se desató la algarabía. Todos se abrazaron entre si, se besaron. Se descorcharon incontables botellas de cava. La gente enloquecida, se lo derramaba por encima. Se intercambiaron botellas. Bebieron a gollete...
- ¡Orden! - el vozarrón del juez, apenas era audible entre tanta bulla. Miró de soslayo al acusado, que todavía se regocijaba con un dejo triunfal en la mirada lasciva -. Procedo a dictar sentencia.
Al momento se hizo un silencio espeso que recorrió la sala esparciendo una neblina coagulada de sentimientos baldíos.
- Se le condena a muerte por inyección letal. Mañana al amanecer se procederá a suministrarle una ampolla que dará lugar a su muerte y aniquilación total.
Nuevamente se produjo gran alborozo en la sala. Las risas y las lágrimas se fusionaron. Los aplausos retumbaron ensordeciendo las palabras, hasta que el "Resistiré", fue coreado por los presentes a voz en cuello.
En ese mismo instante la pandemia emprendió el camino en solitario hacia la destrucción. Súbitamente se achicó, sabiéndose vencido y odiado, aunque esto no lo vieron los satisfechos ciudadanos.
jueves, 26 de marzo de 2020
LA VENTANA MÁGICA
Es curioso y paradójico. He pasado toda la vida sin saber que poseía una ventana mágica. Me he enterado de su existencia hace poco. Ha venido a informarme de ello un bichejo indecente en forma de virus, muy regio él, eso si. Viene con corona. Se ve que en este país las coronas no nos traen nada bueno.
Mi ventana, al igual que la tuya, es mágica porque me ofrece el aire fresco en cada despertar, el abrazo del sol enérgico en estos días en que nos tenemos que conformar con achuchones virtuales y besos a distancia. Me invita a solidarizarme con los vecinos, me envuelve en un positivismo que enloquece, me deleita en la firmeza de ofrecer una sonrisa al vecino, aunque sea ése que me parecía tan borde y tan serio hasta hace cuatro días. Todo por no darle una oportunidad o por no tener tiempo, otra cosa que ahora nos sobra.
Mi ventana me abre un balcón a la solidaridad, al apoyo, a la unidad, al aplauso, a la emoción, al agradecimiento inmenso a los héroes del momento. A todos los trabajadores de hospitales y residencias, que siempre han sido héroes, aunque algunos lo hayáis descubierto ahora. Siempre han sido héroes porque nos cuidan y se preocupan de nosotros.
Mi ventana me ha acercado a los transportistas, a las cajeras de los supermercados, a todos los pequeños comercios de alimentación, a los farmacéuticos, a los agricultores y por supuesto, a las reponedoras de papel higiénico.
Mi ventana, me regala un trocito de la vida de cada uno de los enfermos anónimos y por desgracia, de los cercanos y me obliga a dar gracias a la fuerza natural y poderosa, que algunos no dudan en llamar Dios, por la inmensidad con la que me ha premiado aun sin tener que hacer ningún mérito especial para merecerlo: la Vida, la Salud y la Alegría.
Mi ventana me obliga a sonreír cada mañana, a sacarle el lado positivo a cada nuevo amanecer, por negro que me lo pinten. Cobra fuerza "El color esperanza" de Diego Torres, aunque no estemos "cansados de andar y de andar", el muchacho sabía que "las ventanas se pueden abrir", me invita a "quitarme los miedos", asegurandome que "lo imposible se puede lograr"... Me lo creo a pies juntillas, necesito creérmelo.
Mi ventana me mimetiza con el "Resistiré" de un Duo que jamás fue tan Dinámico y me enseña a resistir "cuando sienta miedo del silencio", a resistir "para seguir viviendo", a resistir "cuando el enemigo sea yo"... Me aferro a ese resistiré que siempre me hace llorar.
Mi ventana me trae sosiego con el "Sobreviviré" de Mónica Naranjo y me consuela saber que tú tienes también miedo igual que yo, me desborda la "puta realidad", el reclamo de ese sobreviviré me sacia de seguridad.
Mi ventana me arrastra al jolgorio general. Somos un país con un poder especial para sacar chistes hasta de las situaciones más caóticas. Es un orgullo patrio que me apasiona.
Nuestras ventanas han resurgido expectantes, han abierto nuestros corazones, nos agasajan con un montón de delirios nuevos, nos acerca al día X en que volvamos a reencontrarnos, los del barrio, en el bar de la esquina. Ese lugar emblemático que todos veneramos como nuestra segunda casa. En el que nos saludan con nuestro nombre, en el que nos reunimos los de siempre y nos echamos de menos y nos sentimos como estupendamente porque huele a hogar. En ese lugar nos envuelven las miradas, nos acarician con sonrisas y nos adherimos a muchos corazones.
Mi ventana mágica me da la vida.
Mi ventana, al igual que la tuya, es mágica porque me ofrece el aire fresco en cada despertar, el abrazo del sol enérgico en estos días en que nos tenemos que conformar con achuchones virtuales y besos a distancia. Me invita a solidarizarme con los vecinos, me envuelve en un positivismo que enloquece, me deleita en la firmeza de ofrecer una sonrisa al vecino, aunque sea ése que me parecía tan borde y tan serio hasta hace cuatro días. Todo por no darle una oportunidad o por no tener tiempo, otra cosa que ahora nos sobra.
Mi ventana me abre un balcón a la solidaridad, al apoyo, a la unidad, al aplauso, a la emoción, al agradecimiento inmenso a los héroes del momento. A todos los trabajadores de hospitales y residencias, que siempre han sido héroes, aunque algunos lo hayáis descubierto ahora. Siempre han sido héroes porque nos cuidan y se preocupan de nosotros.
Mi ventana me ha acercado a los transportistas, a las cajeras de los supermercados, a todos los pequeños comercios de alimentación, a los farmacéuticos, a los agricultores y por supuesto, a las reponedoras de papel higiénico.
Mi ventana, me regala un trocito de la vida de cada uno de los enfermos anónimos y por desgracia, de los cercanos y me obliga a dar gracias a la fuerza natural y poderosa, que algunos no dudan en llamar Dios, por la inmensidad con la que me ha premiado aun sin tener que hacer ningún mérito especial para merecerlo: la Vida, la Salud y la Alegría.
Mi ventana me obliga a sonreír cada mañana, a sacarle el lado positivo a cada nuevo amanecer, por negro que me lo pinten. Cobra fuerza "El color esperanza" de Diego Torres, aunque no estemos "cansados de andar y de andar", el muchacho sabía que "las ventanas se pueden abrir", me invita a "quitarme los miedos", asegurandome que "lo imposible se puede lograr"... Me lo creo a pies juntillas, necesito creérmelo.
Mi ventana me mimetiza con el "Resistiré" de un Duo que jamás fue tan Dinámico y me enseña a resistir "cuando sienta miedo del silencio", a resistir "para seguir viviendo", a resistir "cuando el enemigo sea yo"... Me aferro a ese resistiré que siempre me hace llorar.
Mi ventana me trae sosiego con el "Sobreviviré" de Mónica Naranjo y me consuela saber que tú tienes también miedo igual que yo, me desborda la "puta realidad", el reclamo de ese sobreviviré me sacia de seguridad.
Mi ventana me arrastra al jolgorio general. Somos un país con un poder especial para sacar chistes hasta de las situaciones más caóticas. Es un orgullo patrio que me apasiona.
Nuestras ventanas han resurgido expectantes, han abierto nuestros corazones, nos agasajan con un montón de delirios nuevos, nos acerca al día X en que volvamos a reencontrarnos, los del barrio, en el bar de la esquina. Ese lugar emblemático que todos veneramos como nuestra segunda casa. En el que nos saludan con nuestro nombre, en el que nos reunimos los de siempre y nos echamos de menos y nos sentimos como estupendamente porque huele a hogar. En ese lugar nos envuelven las miradas, nos acarician con sonrisas y nos adherimos a muchos corazones.
Mi ventana mágica me da la vida.
martes, 10 de marzo de 2020
DE MUJER A MUJER
Seas Muestra de perfume, de ganchillo o de afecto,
Maestra de ciencia infusa, Madera de pino, arce, roble o contrachapada, Mueble guardarropa o secreter, Misterio por descubrir o isla Misteriosa, Madeja para tejer un destino, Mano de pintura, de santo, de obra o de las que se buscan para estrechar sin descanso, Moderna o antigua reliquia... también eres Madrugada, Madurez, Magia, Madre, Mirada, Motor... Y sobre todo eres M.
Tanto si eres Única e irrepetible, Unión de la que hace la fuerza, Universo, galaxia, estrella o planeta oscuro, Ungüento balsámico capaz de cerrar cualquier herida, Ubicación actual y exacta... También eres Una, Urna, Uña, Umbral, Urgencia, Unísona... Y sobre todo eres U.
Tal vez te sientes como Jinete sin cabeza, pálido o del apocalipsis, Jefa de tu camino o de un mundo integral, Jacal guarecedor, humilde o resignada, Jacaranda frondosa y tropical, Jarcia listar para zarpar, Jadeo incontenido, pasional o emocional, Jueves de pintxo-pote, de lardero o santo, Jarabe de palo o para la tos... también serás Jaleo, Jirón, Justicia, Juramento, Jardin... Y también eres J.
Te verán como Esperanza de la que nunca se pierde, Edificio sólido, en maqueta o en construcción, Educación física, secundaria obligatoria o esmerada, Empalizada cercadora, efectiva y amorosa, Embrión, origen y principio... y también serás Emblema, Escudo, Efecto, Ejército, Ecuación, Economía... Y también E.
Seas Raíz profunda, cuadrada o morfema, Racimo de uvas, conjunto o Ristra de ajos, Recogedor de abrazos y lágrimas, Receta de jugoso bizcocho o de botica... Además serás Recorrido, Recurso, Remedio, Remiendo, Refugio, Risa... Y serás R.
También sé que eres Astucia, Batalla, Caminata, Chocolate, Duende, Éxito, Fantasía, Generosidad, Huella, Imagen, Jabugo, Karma, Logro, Llamada, Manantial, Nectar, eÑe, Obsequio, Paciencia, Quilate, Rincón, Seguridad, Tesoro, Urdidora, Valiente, Xilófono, Yudoka, Zaguán... Y por encima de todo eres MUJER.
Maestra de ciencia infusa, Madera de pino, arce, roble o contrachapada, Mueble guardarropa o secreter, Misterio por descubrir o isla Misteriosa, Madeja para tejer un destino, Mano de pintura, de santo, de obra o de las que se buscan para estrechar sin descanso, Moderna o antigua reliquia... también eres Madrugada, Madurez, Magia, Madre, Mirada, Motor... Y sobre todo eres M.
Tanto si eres Única e irrepetible, Unión de la que hace la fuerza, Universo, galaxia, estrella o planeta oscuro, Ungüento balsámico capaz de cerrar cualquier herida, Ubicación actual y exacta... También eres Una, Urna, Uña, Umbral, Urgencia, Unísona... Y sobre todo eres U.
Tal vez te sientes como Jinete sin cabeza, pálido o del apocalipsis, Jefa de tu camino o de un mundo integral, Jacal guarecedor, humilde o resignada, Jacaranda frondosa y tropical, Jarcia listar para zarpar, Jadeo incontenido, pasional o emocional, Jueves de pintxo-pote, de lardero o santo, Jarabe de palo o para la tos... también serás Jaleo, Jirón, Justicia, Juramento, Jardin... Y también eres J.
Te verán como Esperanza de la que nunca se pierde, Edificio sólido, en maqueta o en construcción, Educación física, secundaria obligatoria o esmerada, Empalizada cercadora, efectiva y amorosa, Embrión, origen y principio... y también serás Emblema, Escudo, Efecto, Ejército, Ecuación, Economía... Y también E.
Seas Raíz profunda, cuadrada o morfema, Racimo de uvas, conjunto o Ristra de ajos, Recogedor de abrazos y lágrimas, Receta de jugoso bizcocho o de botica... Además serás Recorrido, Recurso, Remedio, Remiendo, Refugio, Risa... Y serás R.
También sé que eres Astucia, Batalla, Caminata, Chocolate, Duende, Éxito, Fantasía, Generosidad, Huella, Imagen, Jabugo, Karma, Logro, Llamada, Manantial, Nectar, eÑe, Obsequio, Paciencia, Quilate, Rincón, Seguridad, Tesoro, Urdidora, Valiente, Xilófono, Yudoka, Zaguán... Y por encima de todo eres MUJER.
lunes, 16 de diciembre de 2019
LA IDEA MUERTA (CUARTA PARTE)
Pasados los minutos de incertidumbre, largos, intensos, espeluznantes e incluso eróticos, el filo helado del cuchillo abandonó el acomodo de la mejilla de la muchacha y chocó contra el suelo, produciendo un chasquido esperanzador de incipiente libertad. No fue un descenso violento. Valverde, realizó un lento ritual pasando la hoja por el hombro, por el brazo, la cintura, la cadera y la pierna, pretendiendo que ella lo sintiera cercano, sabiendo que estaba asustada, escuchando el latido acelerado del corazón de la muchacha. Ella también se percató de la seguridad en el obrar, de la respiración apresurada, del trémulo aliento e incluso del lacerante dominio del macho alfa.
- Tengo algunas extrañas fantasías - confesó el hombre con naturalidad, mientras rodeaba los agitados hombros de Julia, obsequiándole con caricias suaves, blandas y enamoradas.
Ella se sintió extrañamente protegida y correspondió febrilmente a tan inusitada llamada sensual, abriendo los jugosos labios y explorando de forma salvaje el cuerpo hambriento del hombre. Ambos se prodigaron en una suerte amatoria difícil de comprender. Escudriñaron cada rincón secreto de sus cuerpos, amándose y sintiéndose ardientes, vivos, unidos e invencibles.
Luego llegó la cena, el vino, las confidencias, los secretos de ambos, los miedos, los fracasos, las ilusiones y de nuevo... las pasiones. Posteriormente se intensificó el cansancio de Julia, el sueño pesado, las convulsas pesadillas, la agitación, el sosiego entrecortado y... el dolor de muela.
Si durante el tiempo que permaneció despierta Julia en casa de Valverde, hubiera tenido cerca el móvil, que éste con ligereza le extrajo del bolso en cuanto abandonaron el HANDIKO, hubiera descubierto diecisiete llamadas pérdidas y otros tantos whatsApp de Rita, previniéndole sobre el degenerado conserje.
Valverde telefoneó a Leo Marty una vez que Julia estuvo profundamente dormida, gracias a los dos comprimidos de DIAZEPAM, que se tomó con un vaso de leche. Le relató todo lo acontecido durante la tarde, tal como se lo había narrado ella, con desesperación y ansiedad. Al relato estremecedor añadió lo que el mismo sacó en claro, lo que sus ojos vieron, lo que su mente sospechó y lo que su sexto sentido de ex presidiario le dictó.
El señor Marty recibió una llamada más.
.....................................
SEIS MESES ANTES
Bartolomé salió de la cárcel de Zaballa un frío día de enero. Caminaba erguido y con paso certero, disimulando el recelo que le provocaba la libertad, amarrado a la incertidumbre que le induciría a luchar antes de comenzar de nuevo, atenazado por el estigma que le imprimió la prisión, escamado ante la infernal duda de si su chica
seguiría junto a él en todos los sentidos pero con la absoluta convicción de que jamás volvería a poner los pies en aquella "casa".
El viento del norte bufaba intenso, haciendo parecer mucho más baja la temperatura. Se subió hasta arriba la cremallera de la vieja chamarra y se ajustó el cuello con el velcro.
Cuando divisó a Bert apoyada en el cochambroso CITROËN BERLINGO estacionado en la carretera, echó a correr, ilusionado como un crío una mañana de Navidad. Arrojó la bolsa al maletero, que esperaba abierto como si fuera un animal hambriento y se abrazó con fuerza a ella. Se besaron arrebatados. Se disiparon las dudas de Bartolomé. Se alejaron sin volver la vista atrás.
- ¿Recuerdas aquel tipo raro que visitaba "la casa" con la vaga esperanza de redimiros y que siempre pensamos que era el líder de una secta? - preguntó Bert cuando entraban en Vitoria.
- ¿El millonario? - sin esperar respuesta, continuó espectante -: ¿Qué pasa con él?
- Es el propietario del HANDIKO. Te hablé del edificio hace tiempo en alguna de las visitas.
- No me interesan los edificios ni nada de la vida de este tipejo - respondió observando receloso a su esposa.
- Pues debería interesarte. Ahora trabajo para él - en su voz había orgullo.
- ¿Qué haces qué? - vociferó, dando un fuerte golpe en la guantera.
- En la cafetería que lleva el mismo nombre del edificio. Hoy se supone que tengo consulta médica - aclaró sin reparar en el enfado de su acompañante -. Nadie sabe que estoy casada y mucho menos que sales hoy del trullo. Para tu conocimiento, te diré, que soy una respetable periodista, llamada Rita, que harta de no encontrar nada de lo mío, curro hasta que salte mi oportunidad.
- ¿Tú estás chinada o qué cojones te pasa?
- Gano un sueldito que no está mal si eres un pringadillo - aclaró Bert exhibiendo una pícara sonrisa.
- ¿Qué tramas?
- El fulano posee un pastizal en colecciones de todo tipo. Una sobre todo destaca entre las demás - hizo una breve pausa esperando algún comentario y observando la reacción de su compañero -. Se trata de treinta y seis relojes antiguos de oro y platino, valorados en una pasta gansa. La guarda en una caja fuerte, en uno de los pisos del edificio. Lo sé de buena tinta porque inocentemente, me lo ha contado la "keli", ya me entiendes, la que limpia, que es una pobre tontaina de la que me he hecho super colega.
- Veo que no has perdido el tiempo - a medida que Bert iba dando más detalles, Bartolomé se mostraba más interesado -. Pero, aunque he de decir que me ha excitado tu idea, no tengo ninguna intención de volver a la cárcel.
- ¿Estás de broma? Lo tengo muy bien organizado. Solo faltan algunos detalles, de los que tendrás que encargarte tú.
- No te saltes pormenores. Esto promete - invitó emocionado, frotándose las manos.
- Tienes una mujercita que sabe aprovechar las ocasiones. Además de la canuta de la limpiadora, tengo otros informadores. Ya sabes que en los bares te enteras de todo lo que deseas saber, la gente larga fácilmente, sobre todo con un trago de más. Si les ofreces una copa a cuenta de la casa... ¡En fin, qué te voy a decir! Los tengo comiendo de mi mano.
- Alberta - solo cuando hablaban en serio utilizaba el nombre completo -, ¿son ciertos tus informes?
- ¡Ya me conoces! Soy muy minuciosa en cuanto olfateo algo suculento. Por aquí pasa mucha gente que conoce muy bien al fulano ése. La mayoría son pobres infelices a los que ha ayudado al salir de la cárcel. Están muy agradecidos y le sirven doblando el espinazo, ya me entiendes, de los que se conforman con un sueldo pequeño, a cambio de un trabajo de mierda - hizo una pequeña pausa - gente sin ambiciones y sin imaginación.
- ¿Quedan todavía de esos desgraciados?
- Unos cuantos. Son tipos que van a trabajar y trabajan, meten horas. Se van a sus miserables casuchas a descansar, para volver al día siguiente tan contentos a seguir haciendo lo mismo, como la pánfila del mocho.
- ¿Qué tiene que ver esa infeliz con nosotros?
- Al millonario le ha caído en gracia. Ésta no ha estado presa, es intachable. Se ve a la legua que es honrada a carta cabal. Por eso limpia también el pedazo piso que el tío tiene en el HANDIKO, aunque la mayoría del tiempo vive en Madrid porque tiene muchos negocios. La pobre desgraciada no había visto tanta riqueza junta más que en el HOLA y me lo puso en bandeja. Se dedicó a fotografiar todo lo que veía. Anteriormente, ya había escuchado por aquí algunos chismes sobres las colecciones y a la pardilla de la limpieza le faltó tiempo para contarme las maravillas que posee el chorbo. A la pobre incauta se le diluía el cerebro.
- ¡Eres fantástica! - a Bartolomé se le habían olvidado los buenos propósitos de avance por el camino honrado con los que salió de Zaballa -. ¡Presiento que la suerte estará de nuestro lado esta vez!
- Sin embargo, se nos presenta un marrón - Bert recobró la seriedad antes de seguir hablando -, no creo que sea demasiado importante pero esa parte te tocará limarla a ti.
- ¿De qué se trata?
- En el HANDIKO trabaja de conserje un tipo extraño. Un tal Valverde, también ha pasado por chirona, no en Zaballa. Sé que se tiró unos veinte años dentro por cargarse a un fulano. He tratado de ganarme su confianza, pero hasta el momento, no lo he conseguido. El tío va a su rollo, la gente del edificio le tiene estima, le tratan bien, no sé porqué, la verdad. Es siniestro.
- No quiero volver al trullo - aseguró Bartolomé, tras meditar algunos segundos sobre las posibles reacciones del Valverde.
- ¿Quién habla de volver? Necesitamos a alguien que sepa de armas, que no tenga reparos en despacharse a quien meta las narices donde no le hayan llamado - Bert elevó el tono de voz.
- Tal vez el figuras esté entusiasmado con su nueva vida. No creo que debas insistir. Buscaré otra persona.
- ¡No me jodas, Bart! Esta vez lo he planeado yo solita. He aprendido de ti y creo que lo tengo todo muy bien atado. ¡Confía en mi! Si logras convencer al tipo, lograremos que la culpa recaiga sobre él, en caso de problemas. Al fin y al cabo, ha estado en la cárcel.
- También yo. Por refrescarte la memoria, acabó de salir y no estoy dispuesto a volver. En cuanto a lo de olvidarte del menda, solo es un consejo. Céntrate en la torda de la limpiadora y deja al conserje al margen y por si las moscas, no te fíes de él.
- Descuida, si no le molestas, tampoco molesta. Vive en otro mundo.
Alberta puso en conocimiento de su marido los detalles referentes al golpe. Bart se sintió muy orgulloso del trabajo realizado por la joven y se lo agradeció vivamente, aunque después de estudiar el plan, hizo pequeñas correcciones.
- Es cierto que necesitamos a una tercera persona pero no a un matón, sino a un experto en cajas fuertes y su apertura. Según las fotos, concretamente ésta, es de alta seguridad. Combina el sistema de cerradura electrónica y también emplea llaves para accionarla. No es una chorrada su apertura, te lo aseguro. Esto hay que tenerlo muy bien atado. No quiero a cualquier aficionado.
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Con el paso de los días los planes se desvanecieron un poco, Bartolomé trató de tomar contacto con algunos conocidos que habían pasado por la cárcel, pero entre ellos no se prodigaban los expertos en cajas fuertes. Al igual que el propio Bart, la mayoría eran ladrones de poca monta y a comienzos de la primavera, Bert tuvo la feliz idea de publicar un anuncio en la sección de CLASIFICADOS de EL CORREO: "Se precisa cerrajero especializado. Trabajo meticuloso".
Las respuestas no se hicieron esperar. Hubo un aluvión de candidatos. El matrimonio entrevistó por separado a todos los aspirantes. Bert no terminaba de decidirse pero Bart se decantó enseguida por uno de ellos. Se trataba de un tipo peculiar, grande como un oso, sin antecedentes, que había trabajado en banca y que estaba anticipadamente jubilado por exceso de peso.
- Me parece inteligente pero poco meticuloso - recalcó la joven poco convencida con la elección -. Además su físico llama poderosamente la atención. Cualquiera lo reconocerá con facilidad.
- Sabe todo lo que hay que saber sobre el tema. Es tozudo, persistente y tiene ideas cojonudas, cualidades todas ellas muy valorables en caso de que las cosas se pongas feas.
- Te equivocas con él, Bart. Lo que nos hace falta es un tonto que sepa manipular cerraduras...
- Ponte en contacto con CANUTO - interrumpió Bart divertido.
- Alguien que cargue con el muerto si las cosas pintan mal - terminó la frase airada, sintiéndose manipulada y desprestigiada por su pareja.
- La responsabilidad es nuestra. Hará lo que le ordenemos. Ten en cuenta que no ha nacido el tipo que sepa abrir esa clase de cajas de seguridad y que a la vez sea tonto, cariño - sentenció Bart con tranquilidad.
- Tiene ideas propias. Quiere hacer las cosas a su modo. No me gusta. "En caso de no poder abrir la caja, la volaré" - Bert imitó la voz del fulano, al que apodaron Burt -. ¿Tú crees que es una respuesta?
- Es una forma de hablar, nena. Ten confianza. Ha prometido estudiar la cerradura y comentar con nosotros todos y cada uno de los imprevistos que encuentre - Bart se mostró tranquilo -. Sabe que lo de volarla no nos sirve. Le aseguré que queremos que la abra limpiamente, la desvalije y la deje como si nadie la hubiera tocado. Es la única manera de despistar, sobre todo a la policía y al millonetis. Para cuando se de cuenta, los relojes y nosotros estaremos muy lejos de aquí.
- Pero, ¿tú crees que es una respuesta? - insistió Alberta -. No nos tiene respeto.
- Insistí mucho en eso. Estabas delante cuando soltó la idea. Le aseguré que era una idea muerta.
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UNOS DÍAS DESPUÉS...
- He tanteado con Burt sobre la idea de dejar frita a la limpiadora en caso de que sea necesario - anunció Bart a la camarera, mientras comían -. Me aseguró que no tenía problema con ello, que no era la primera vez que lo hacía.
- ¿Está de acuerdo en liquidarla, así sin más? - Bert se mostró sorprendida.
- Dijo que ya lo había hecho antes.
- ¿Qué se ha cargado antes a alguien? - Bramó encolerizada la joven -. Y ¿tú le creíste?
- ¿Por qué no iba a creerle?
- Resulta complicado que se haya cargado a alguien y ni siquiera esté fichado, ¿no te parece?
- El crimen perfecto existe, cariño.
- ¡Y una mierda!
- Si se es minucioso, no tiene porque haber problema. Tienes que confiar en su palabra - tranquilizó Bart.
- No me gusta el fulano.
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EN LA ACTUALIDAD
Eran las 5,10 de la madrugada, cuando el sigiloso y confortable SUBARU FORESTER del señor Leo Marty, conducido por el uniformado chófer Maxim hizo su aparición por Portal del Rey. Se detuvo en la confluencia con Nueva Fuera. A escasos metros, les seguían un CITROËN C3 y un DACIA SANDERO, ambos propiedad del millonario.
- Parece que todo está en calma, señor - manifestó Maxim, observando a su jefe por el retrovisor interior.
- Es pronto todavía. Según aseguró mi contacto, el golpe está previsto para las 6 de la mañana, aunque la prodigiosa entrada de Valverde en escena, puede hacer girar los acontecimientos - Leo Marty escupió las palabras tranquilo, con su característico tono modulado y cadencioso
- ¿Al garaje, señor Marty? - interpeló el chófer.
El aludido hizo un gesto afirmativo y el coche se deslizó mansamente. Los otros dos le siguieron de cerca. Como secundando un ritual, estacionaron y los ocupantes abandonaron los vehículos. Cada uno tomó un camino. En la calle, se apostaron en lugares estratégicos, mientras algunas sombras se perfilaban encubiertas. Un borracho se tambaleaba, sujetándose a duras penas en la persiana de la cafetería HANDIKO, canturreando con sonidos roncos: "Muchachos, esta noche me emborracho, bien me emborracho, bien borracho pa olvidarme de su amor". Pasaron junto a él sin prestarle atención y sin que el tipo se percatara de su presencia.
Marty pensó en la limpiadora. No podía comprender la razón que pretendían los granujas en eliminarla. Sin lugar a dudas, respondía a un comportamiento cruel, siniestro, oscuro y maquiavélico. Aquel plan encerraba un cariz maléfico, que iba más allá de un simple atraco. Tampoco dudaba sobre la honradez de la camarera y le extrañó que Valverde le alertara sobre ella. Estimaba al conserje, rescatado de las profundidades abisales y devastadoras de los muchos años en presidio y la vida sin futuro. Al igual que Maxim, aunque éste respondía al cien por cien a la figura típica del matón y por esa razón le contrató de guardaespaldas y chófer. A los hombres como Leo Marty les persiguen los enemigos. Valverde, sin embargo, era un buen hombre y en ese momento, hubiera puesto la mano en el fuego por defender su honestidad. En esas lucubraciones se mantenía, cuando recibió un sonido aspero en el oído. Alguien susurraba a través del auricular que llevaba camuflado.
- Empieza el baile - anunció la voz.
Lo siguiente transcurrió en una fracción corta de tiempo. El señor Marty se alejó unos metros calle abajo y Maxim dobló la esquina, El hall del HANDIKO se iluminó como por arte de ensalmo. Las figuras acurrucadas en los portales, ocuparon puestos estratégicos en los aledaños del imponente edificio. Solo se escuchaban las certeras pisadas de la ertzaintza que retumbaban en el asfalto como si se tratara de un ejercito deseoso de entrar en combate. Tres figuras, vestidas completamente de negro, se vieron sorprendidas en el interior del vestíbulo. El borracho se tensó como por resorte y se acercó a la puerta con paso vacilante.
- ¡No se muevan! ¡Les habla la policía! - vociferó sin voz de borracho, sujetando un megáfono.
La figura más grande, portaba un maletín de terciopelo azul oscuro bajo el brazo. No pareció sorprenderse tanto como los otros dos individuos. El gigante se deshizo de la capucha. Bert dirigió una mirada rápida a la brillante pistola con la que Burt le encañonaba.
- ¡Quedan detenidos! -rugió el supuesto compinche.
Bert dejo caer los brazos con desaliento a lo largo del cuerpo. Bart tardó un poco más en comprender lo que estaba sucediendo pero ambos se dejaron esposar dócilmente.
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UNA SEMANA DESPUÉS
- Muchas gracias - exclamó jubiloso Leo Marty estrechando la mano del hombre -. Sin usted hubiera sido imposible llevar a cabo esta operación.
- Ha sido un placer trabajar codo a codo con usted - respondió el robusto hombre, esgrimiendo una sonrisa franca -. Tipos como usted hacen mucha falta en este pobre y miserable mundo ¿Qué sabe de la joven limpiadora?
- Según me informa Valverde, va mejorando, aunque se mantiene vivamente impresionada ¡Fíjese! Suponía que la falsa Rita era buena amiga y el conserje, que siempre pensó que era un mal hombre... En fin, ¡sorpresas te da la vida!
- Cuando me puse en contacto con ellos, respondiendo al estúpido anuncio del periódico, indagué sobre todos sus empleados. Enseguida comprendí que la camarera no era trigo limpio.
- ¿Han confesado por qué razón querían cargarse a la pobre muchacha?
- Alberta es una mujer fría y calculadora - el interpelado meditó la respuesta durante breves instantes -. Repite una y otra vez que le movió la envidia pero a ciencia cierta, creo que jamás conoceremos la causa verdadera. El tipo es pusilánime. En todo momento se ha movido siguiendo la directriz de su mujer. Creemos que dice la verdad cuando asegura que no tenían nada contra la limpiadora. Los psiquiatras responden que tal vez ella supo interpretar las miradas de Valverde hacia la muchacha, así como la solapada ayuda beneficiosa, que recibía sin percatarse de ello. Todo esto unido a que el conserje no quiso unirse al dúo, desencadenó una serie de hechos, que dieron como fruto un odio desmedido. Este tipo de personas no admiten un no por respuesta. El amor desinteresado ha salvado a esa chica.
- Lo cierto es que Valverde y Julia seguirán trabajando en el HANDIKO, les he cogido mucho cariño a ambos. Creo que se merecen una nueva oportunidad. Me refiero a mejores puestos, mas beneficios... Les ayudaré cuanto pueda.
- Muchas gracias por su colaboración, señor Marty - se estrecharon las manos. Leo lo vio alejarse, se movía con dificultad y se acariciaba el vientre, "la úlcera no me da respiro", le pareció escuchar.
Maxim esperaba plantado fuera como un coloso, resguardando el tesoro. Hablaba por el móvil.
- Valverde está un poco asustado, señor. A la señorita Julia le duele la muela cada vez más y está sufriendo una hemorragia - anunció el chófer - ¿Vamos al rescate de la pareja?
Leo Marty le dirigió una mirada paternal. Emprendieron el camino andando juntos, conversando animadamente.
- Los chicos se merecen un nuevo nido, ¿qué te parece uno de los apartamentos del HANDIKO? - indagó cuando encararon Mateo Moraza.
- Que se lo merecen, señor - respondió Maxim con orgullo.
- Eso creo yo también.
- Tengo algunas extrañas fantasías - confesó el hombre con naturalidad, mientras rodeaba los agitados hombros de Julia, obsequiándole con caricias suaves, blandas y enamoradas.
Ella se sintió extrañamente protegida y correspondió febrilmente a tan inusitada llamada sensual, abriendo los jugosos labios y explorando de forma salvaje el cuerpo hambriento del hombre. Ambos se prodigaron en una suerte amatoria difícil de comprender. Escudriñaron cada rincón secreto de sus cuerpos, amándose y sintiéndose ardientes, vivos, unidos e invencibles.
Luego llegó la cena, el vino, las confidencias, los secretos de ambos, los miedos, los fracasos, las ilusiones y de nuevo... las pasiones. Posteriormente se intensificó el cansancio de Julia, el sueño pesado, las convulsas pesadillas, la agitación, el sosiego entrecortado y... el dolor de muela.
Si durante el tiempo que permaneció despierta Julia en casa de Valverde, hubiera tenido cerca el móvil, que éste con ligereza le extrajo del bolso en cuanto abandonaron el HANDIKO, hubiera descubierto diecisiete llamadas pérdidas y otros tantos whatsApp de Rita, previniéndole sobre el degenerado conserje.
Valverde telefoneó a Leo Marty una vez que Julia estuvo profundamente dormida, gracias a los dos comprimidos de DIAZEPAM, que se tomó con un vaso de leche. Le relató todo lo acontecido durante la tarde, tal como se lo había narrado ella, con desesperación y ansiedad. Al relato estremecedor añadió lo que el mismo sacó en claro, lo que sus ojos vieron, lo que su mente sospechó y lo que su sexto sentido de ex presidiario le dictó.
El señor Marty recibió una llamada más.
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SEIS MESES ANTES
Bartolomé salió de la cárcel de Zaballa un frío día de enero. Caminaba erguido y con paso certero, disimulando el recelo que le provocaba la libertad, amarrado a la incertidumbre que le induciría a luchar antes de comenzar de nuevo, atenazado por el estigma que le imprimió la prisión, escamado ante la infernal duda de si su chica
seguiría junto a él en todos los sentidos pero con la absoluta convicción de que jamás volvería a poner los pies en aquella "casa".
El viento del norte bufaba intenso, haciendo parecer mucho más baja la temperatura. Se subió hasta arriba la cremallera de la vieja chamarra y se ajustó el cuello con el velcro.
Cuando divisó a Bert apoyada en el cochambroso CITROËN BERLINGO estacionado en la carretera, echó a correr, ilusionado como un crío una mañana de Navidad. Arrojó la bolsa al maletero, que esperaba abierto como si fuera un animal hambriento y se abrazó con fuerza a ella. Se besaron arrebatados. Se disiparon las dudas de Bartolomé. Se alejaron sin volver la vista atrás.
- ¿Recuerdas aquel tipo raro que visitaba "la casa" con la vaga esperanza de redimiros y que siempre pensamos que era el líder de una secta? - preguntó Bert cuando entraban en Vitoria.
- ¿El millonario? - sin esperar respuesta, continuó espectante -: ¿Qué pasa con él?
- Es el propietario del HANDIKO. Te hablé del edificio hace tiempo en alguna de las visitas.
- No me interesan los edificios ni nada de la vida de este tipejo - respondió observando receloso a su esposa.
- Pues debería interesarte. Ahora trabajo para él - en su voz había orgullo.
- ¿Qué haces qué? - vociferó, dando un fuerte golpe en la guantera.
- En la cafetería que lleva el mismo nombre del edificio. Hoy se supone que tengo consulta médica - aclaró sin reparar en el enfado de su acompañante -. Nadie sabe que estoy casada y mucho menos que sales hoy del trullo. Para tu conocimiento, te diré, que soy una respetable periodista, llamada Rita, que harta de no encontrar nada de lo mío, curro hasta que salte mi oportunidad.
- ¿Tú estás chinada o qué cojones te pasa?
- Gano un sueldito que no está mal si eres un pringadillo - aclaró Bert exhibiendo una pícara sonrisa.
- ¿Qué tramas?
- El fulano posee un pastizal en colecciones de todo tipo. Una sobre todo destaca entre las demás - hizo una breve pausa esperando algún comentario y observando la reacción de su compañero -. Se trata de treinta y seis relojes antiguos de oro y platino, valorados en una pasta gansa. La guarda en una caja fuerte, en uno de los pisos del edificio. Lo sé de buena tinta porque inocentemente, me lo ha contado la "keli", ya me entiendes, la que limpia, que es una pobre tontaina de la que me he hecho super colega.
- Veo que no has perdido el tiempo - a medida que Bert iba dando más detalles, Bartolomé se mostraba más interesado -. Pero, aunque he de decir que me ha excitado tu idea, no tengo ninguna intención de volver a la cárcel.
- ¿Estás de broma? Lo tengo muy bien organizado. Solo faltan algunos detalles, de los que tendrás que encargarte tú.
- No te saltes pormenores. Esto promete - invitó emocionado, frotándose las manos.
- Tienes una mujercita que sabe aprovechar las ocasiones. Además de la canuta de la limpiadora, tengo otros informadores. Ya sabes que en los bares te enteras de todo lo que deseas saber, la gente larga fácilmente, sobre todo con un trago de más. Si les ofreces una copa a cuenta de la casa... ¡En fin, qué te voy a decir! Los tengo comiendo de mi mano.
- Alberta - solo cuando hablaban en serio utilizaba el nombre completo -, ¿son ciertos tus informes?
- ¡Ya me conoces! Soy muy minuciosa en cuanto olfateo algo suculento. Por aquí pasa mucha gente que conoce muy bien al fulano ése. La mayoría son pobres infelices a los que ha ayudado al salir de la cárcel. Están muy agradecidos y le sirven doblando el espinazo, ya me entiendes, de los que se conforman con un sueldo pequeño, a cambio de un trabajo de mierda - hizo una pequeña pausa - gente sin ambiciones y sin imaginación.
- ¿Quedan todavía de esos desgraciados?
- Unos cuantos. Son tipos que van a trabajar y trabajan, meten horas. Se van a sus miserables casuchas a descansar, para volver al día siguiente tan contentos a seguir haciendo lo mismo, como la pánfila del mocho.
- ¿Qué tiene que ver esa infeliz con nosotros?
- Al millonario le ha caído en gracia. Ésta no ha estado presa, es intachable. Se ve a la legua que es honrada a carta cabal. Por eso limpia también el pedazo piso que el tío tiene en el HANDIKO, aunque la mayoría del tiempo vive en Madrid porque tiene muchos negocios. La pobre desgraciada no había visto tanta riqueza junta más que en el HOLA y me lo puso en bandeja. Se dedicó a fotografiar todo lo que veía. Anteriormente, ya había escuchado por aquí algunos chismes sobres las colecciones y a la pardilla de la limpieza le faltó tiempo para contarme las maravillas que posee el chorbo. A la pobre incauta se le diluía el cerebro.
- ¡Eres fantástica! - a Bartolomé se le habían olvidado los buenos propósitos de avance por el camino honrado con los que salió de Zaballa -. ¡Presiento que la suerte estará de nuestro lado esta vez!
- Sin embargo, se nos presenta un marrón - Bert recobró la seriedad antes de seguir hablando -, no creo que sea demasiado importante pero esa parte te tocará limarla a ti.
- ¿De qué se trata?
- En el HANDIKO trabaja de conserje un tipo extraño. Un tal Valverde, también ha pasado por chirona, no en Zaballa. Sé que se tiró unos veinte años dentro por cargarse a un fulano. He tratado de ganarme su confianza, pero hasta el momento, no lo he conseguido. El tío va a su rollo, la gente del edificio le tiene estima, le tratan bien, no sé porqué, la verdad. Es siniestro.
- No quiero volver al trullo - aseguró Bartolomé, tras meditar algunos segundos sobre las posibles reacciones del Valverde.
- ¿Quién habla de volver? Necesitamos a alguien que sepa de armas, que no tenga reparos en despacharse a quien meta las narices donde no le hayan llamado - Bert elevó el tono de voz.
- Tal vez el figuras esté entusiasmado con su nueva vida. No creo que debas insistir. Buscaré otra persona.
- ¡No me jodas, Bart! Esta vez lo he planeado yo solita. He aprendido de ti y creo que lo tengo todo muy bien atado. ¡Confía en mi! Si logras convencer al tipo, lograremos que la culpa recaiga sobre él, en caso de problemas. Al fin y al cabo, ha estado en la cárcel.
- También yo. Por refrescarte la memoria, acabó de salir y no estoy dispuesto a volver. En cuanto a lo de olvidarte del menda, solo es un consejo. Céntrate en la torda de la limpiadora y deja al conserje al margen y por si las moscas, no te fíes de él.
- Descuida, si no le molestas, tampoco molesta. Vive en otro mundo.
Alberta puso en conocimiento de su marido los detalles referentes al golpe. Bart se sintió muy orgulloso del trabajo realizado por la joven y se lo agradeció vivamente, aunque después de estudiar el plan, hizo pequeñas correcciones.
- Es cierto que necesitamos a una tercera persona pero no a un matón, sino a un experto en cajas fuertes y su apertura. Según las fotos, concretamente ésta, es de alta seguridad. Combina el sistema de cerradura electrónica y también emplea llaves para accionarla. No es una chorrada su apertura, te lo aseguro. Esto hay que tenerlo muy bien atado. No quiero a cualquier aficionado.
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Con el paso de los días los planes se desvanecieron un poco, Bartolomé trató de tomar contacto con algunos conocidos que habían pasado por la cárcel, pero entre ellos no se prodigaban los expertos en cajas fuertes. Al igual que el propio Bart, la mayoría eran ladrones de poca monta y a comienzos de la primavera, Bert tuvo la feliz idea de publicar un anuncio en la sección de CLASIFICADOS de EL CORREO: "Se precisa cerrajero especializado. Trabajo meticuloso".
Las respuestas no se hicieron esperar. Hubo un aluvión de candidatos. El matrimonio entrevistó por separado a todos los aspirantes. Bert no terminaba de decidirse pero Bart se decantó enseguida por uno de ellos. Se trataba de un tipo peculiar, grande como un oso, sin antecedentes, que había trabajado en banca y que estaba anticipadamente jubilado por exceso de peso.
- Me parece inteligente pero poco meticuloso - recalcó la joven poco convencida con la elección -. Además su físico llama poderosamente la atención. Cualquiera lo reconocerá con facilidad.
- Sabe todo lo que hay que saber sobre el tema. Es tozudo, persistente y tiene ideas cojonudas, cualidades todas ellas muy valorables en caso de que las cosas se pongas feas.
- Te equivocas con él, Bart. Lo que nos hace falta es un tonto que sepa manipular cerraduras...
- Ponte en contacto con CANUTO - interrumpió Bart divertido.
- Alguien que cargue con el muerto si las cosas pintan mal - terminó la frase airada, sintiéndose manipulada y desprestigiada por su pareja.
- La responsabilidad es nuestra. Hará lo que le ordenemos. Ten en cuenta que no ha nacido el tipo que sepa abrir esa clase de cajas de seguridad y que a la vez sea tonto, cariño - sentenció Bart con tranquilidad.
- Tiene ideas propias. Quiere hacer las cosas a su modo. No me gusta. "En caso de no poder abrir la caja, la volaré" - Bert imitó la voz del fulano, al que apodaron Burt -. ¿Tú crees que es una respuesta?
- Es una forma de hablar, nena. Ten confianza. Ha prometido estudiar la cerradura y comentar con nosotros todos y cada uno de los imprevistos que encuentre - Bart se mostró tranquilo -. Sabe que lo de volarla no nos sirve. Le aseguré que queremos que la abra limpiamente, la desvalije y la deje como si nadie la hubiera tocado. Es la única manera de despistar, sobre todo a la policía y al millonetis. Para cuando se de cuenta, los relojes y nosotros estaremos muy lejos de aquí.
- Pero, ¿tú crees que es una respuesta? - insistió Alberta -. No nos tiene respeto.
- Insistí mucho en eso. Estabas delante cuando soltó la idea. Le aseguré que era una idea muerta.
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UNOS DÍAS DESPUÉS...
- He tanteado con Burt sobre la idea de dejar frita a la limpiadora en caso de que sea necesario - anunció Bart a la camarera, mientras comían -. Me aseguró que no tenía problema con ello, que no era la primera vez que lo hacía.
- ¿Está de acuerdo en liquidarla, así sin más? - Bert se mostró sorprendida.
- Dijo que ya lo había hecho antes.
- ¿Qué se ha cargado antes a alguien? - Bramó encolerizada la joven -. Y ¿tú le creíste?
- ¿Por qué no iba a creerle?
- Resulta complicado que se haya cargado a alguien y ni siquiera esté fichado, ¿no te parece?
- El crimen perfecto existe, cariño.
- ¡Y una mierda!
- Si se es minucioso, no tiene porque haber problema. Tienes que confiar en su palabra - tranquilizó Bart.
- No me gusta el fulano.
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EN LA ACTUALIDAD
Eran las 5,10 de la madrugada, cuando el sigiloso y confortable SUBARU FORESTER del señor Leo Marty, conducido por el uniformado chófer Maxim hizo su aparición por Portal del Rey. Se detuvo en la confluencia con Nueva Fuera. A escasos metros, les seguían un CITROËN C3 y un DACIA SANDERO, ambos propiedad del millonario.
- Parece que todo está en calma, señor - manifestó Maxim, observando a su jefe por el retrovisor interior.
- Es pronto todavía. Según aseguró mi contacto, el golpe está previsto para las 6 de la mañana, aunque la prodigiosa entrada de Valverde en escena, puede hacer girar los acontecimientos - Leo Marty escupió las palabras tranquilo, con su característico tono modulado y cadencioso
- ¿Al garaje, señor Marty? - interpeló el chófer.
El aludido hizo un gesto afirmativo y el coche se deslizó mansamente. Los otros dos le siguieron de cerca. Como secundando un ritual, estacionaron y los ocupantes abandonaron los vehículos. Cada uno tomó un camino. En la calle, se apostaron en lugares estratégicos, mientras algunas sombras se perfilaban encubiertas. Un borracho se tambaleaba, sujetándose a duras penas en la persiana de la cafetería HANDIKO, canturreando con sonidos roncos: "Muchachos, esta noche me emborracho, bien me emborracho, bien borracho pa olvidarme de su amor". Pasaron junto a él sin prestarle atención y sin que el tipo se percatara de su presencia.
Marty pensó en la limpiadora. No podía comprender la razón que pretendían los granujas en eliminarla. Sin lugar a dudas, respondía a un comportamiento cruel, siniestro, oscuro y maquiavélico. Aquel plan encerraba un cariz maléfico, que iba más allá de un simple atraco. Tampoco dudaba sobre la honradez de la camarera y le extrañó que Valverde le alertara sobre ella. Estimaba al conserje, rescatado de las profundidades abisales y devastadoras de los muchos años en presidio y la vida sin futuro. Al igual que Maxim, aunque éste respondía al cien por cien a la figura típica del matón y por esa razón le contrató de guardaespaldas y chófer. A los hombres como Leo Marty les persiguen los enemigos. Valverde, sin embargo, era un buen hombre y en ese momento, hubiera puesto la mano en el fuego por defender su honestidad. En esas lucubraciones se mantenía, cuando recibió un sonido aspero en el oído. Alguien susurraba a través del auricular que llevaba camuflado.
- Empieza el baile - anunció la voz.
Lo siguiente transcurrió en una fracción corta de tiempo. El señor Marty se alejó unos metros calle abajo y Maxim dobló la esquina, El hall del HANDIKO se iluminó como por arte de ensalmo. Las figuras acurrucadas en los portales, ocuparon puestos estratégicos en los aledaños del imponente edificio. Solo se escuchaban las certeras pisadas de la ertzaintza que retumbaban en el asfalto como si se tratara de un ejercito deseoso de entrar en combate. Tres figuras, vestidas completamente de negro, se vieron sorprendidas en el interior del vestíbulo. El borracho se tensó como por resorte y se acercó a la puerta con paso vacilante.
- ¡No se muevan! ¡Les habla la policía! - vociferó sin voz de borracho, sujetando un megáfono.
La figura más grande, portaba un maletín de terciopelo azul oscuro bajo el brazo. No pareció sorprenderse tanto como los otros dos individuos. El gigante se deshizo de la capucha. Bert dirigió una mirada rápida a la brillante pistola con la que Burt le encañonaba.
- ¡Quedan detenidos! -rugió el supuesto compinche.
Bert dejo caer los brazos con desaliento a lo largo del cuerpo. Bart tardó un poco más en comprender lo que estaba sucediendo pero ambos se dejaron esposar dócilmente.
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UNA SEMANA DESPUÉS
- Muchas gracias - exclamó jubiloso Leo Marty estrechando la mano del hombre -. Sin usted hubiera sido imposible llevar a cabo esta operación.
- Ha sido un placer trabajar codo a codo con usted - respondió el robusto hombre, esgrimiendo una sonrisa franca -. Tipos como usted hacen mucha falta en este pobre y miserable mundo ¿Qué sabe de la joven limpiadora?
- Según me informa Valverde, va mejorando, aunque se mantiene vivamente impresionada ¡Fíjese! Suponía que la falsa Rita era buena amiga y el conserje, que siempre pensó que era un mal hombre... En fin, ¡sorpresas te da la vida!
- Cuando me puse en contacto con ellos, respondiendo al estúpido anuncio del periódico, indagué sobre todos sus empleados. Enseguida comprendí que la camarera no era trigo limpio.
- ¿Han confesado por qué razón querían cargarse a la pobre muchacha?
- Alberta es una mujer fría y calculadora - el interpelado meditó la respuesta durante breves instantes -. Repite una y otra vez que le movió la envidia pero a ciencia cierta, creo que jamás conoceremos la causa verdadera. El tipo es pusilánime. En todo momento se ha movido siguiendo la directriz de su mujer. Creemos que dice la verdad cuando asegura que no tenían nada contra la limpiadora. Los psiquiatras responden que tal vez ella supo interpretar las miradas de Valverde hacia la muchacha, así como la solapada ayuda beneficiosa, que recibía sin percatarse de ello. Todo esto unido a que el conserje no quiso unirse al dúo, desencadenó una serie de hechos, que dieron como fruto un odio desmedido. Este tipo de personas no admiten un no por respuesta. El amor desinteresado ha salvado a esa chica.
- Lo cierto es que Valverde y Julia seguirán trabajando en el HANDIKO, les he cogido mucho cariño a ambos. Creo que se merecen una nueva oportunidad. Me refiero a mejores puestos, mas beneficios... Les ayudaré cuanto pueda.
- Muchas gracias por su colaboración, señor Marty - se estrecharon las manos. Leo lo vio alejarse, se movía con dificultad y se acariciaba el vientre, "la úlcera no me da respiro", le pareció escuchar.
Maxim esperaba plantado fuera como un coloso, resguardando el tesoro. Hablaba por el móvil.
- Valverde está un poco asustado, señor. A la señorita Julia le duele la muela cada vez más y está sufriendo una hemorragia - anunció el chófer - ¿Vamos al rescate de la pareja?
Leo Marty le dirigió una mirada paternal. Emprendieron el camino andando juntos, conversando animadamente.
- Los chicos se merecen un nuevo nido, ¿qué te parece uno de los apartamentos del HANDIKO? - indagó cuando encararon Mateo Moraza.
- Que se lo merecen, señor - respondió Maxim con orgullo.
- Eso creo yo también.
jueves, 14 de noviembre de 2019
LA IDEA MUERTA (TERCERA PARTE)
Lo primero que contempló Julia al abrir los ojos fue la cara de otana de Valverde. Le sonreía con preocupación, mientras le sostenía la cabeza con ternura. Por primera vez observó el reflejo de su mirada sincera, viva, equilibrada e intranquila. Sobre el ensortijado cabello del conserje divisó el azul pálido y los dibujos geométricos de la moldura del techo del vestíbulo del HANDIKO. La decoración no dejaba de moverse. Cerró los ojos con fuerza. Sintió la mano cálida de Valverde, propinándole palmaditas suaves en el rostro lívido.
- ¿Qué ha pasado? - parpadeó un par de veces, sonriendo al hombre con gratitud.
- ¡Menudo golpe, Julita! - terció el aludido todavía agachado y sujetándole la cabeza -. Nos has dado un susto de muerte.
- ¿Qué ha pasado? - repitió la limpiadora con un tembloroso hilo de voz.
Valverde apoyó los labios en la frente de Julia. Ésta, perpleja se dejó besar y si las fuerzas y el ánimo hubieran estado de su lado, le
hubiera correspondido con un morreo intenso. No se hubiera tratado solo de agradecimiento. A pesar de no encontrarse muy bien, intuyó un cambio radical en la actitud del conserje. Una luz especial emanaba de sus ojos. O algo así intuyó ella.
- ¿Qué tal te encuentras, cariño?
Desvió la mirada para toparse con la dulce sonrisa y la acariciadora voz de Rita.
Unos pasos presurosos irrumpieron en el hall. Los compañeros de Julia se incorporaron y dos sanitarios de la DYA ocuparon su lugar.
- ¿Cómo te llamas? - preguntó uno de ellos.
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Parcialmente restablecida, tomaba una manzanilla en la cafetería HANDIKO. Rita le acariciaba la espalda con suavidad, mientras Valverde, frente a ambas, le cogía de la mano.
Aunque la tormenta había pasado, continuaba lloviendo con intensidad. Julia descubrió que le dolía la muela que no tenía. Recordó que el dentista había insistido en que se tomará un analgésico en cuanto notara la menor molestia. Rebuscó en el bolso la caja de Nolotil que había comprado en la farmacia de camino al trabajo.
Se sintió mejor en cuanto la tragó con un sorbo de líquido caliente. Un segundo después, tosió con fuerza, debido a un involuntario atragantamiento por lo que vio de soslayo y la palidez se dibujó en su rostro. De reojo divisó al robusto hombre que había provocado su caída. Entraba en la cafetería con paso decidido. Trató de gritar pero el sonido se le paralizó en la garganta.
- ¿Vas a cerrar? - preguntó apoyado en el quicio de la entrada.
- No señor - Rita abandonó la mesa y volvió a su trabajo.
- Pretende deshacerse de mi - ante la perplejidad del portero, añadió en un arrebato de desesperación -: ¡Ayúdame!
- ¿Qué tontería es esa? - interrogó Valverde mostrando su mejor sonrisa. Ni en sus mejores fantasías hubiera imaginado el repentino interés de Julia -. Rita es tu mejor amiga.
- No me refiero a Rita. Ese tipo, el que ha entrado es el que quiere matarme.
- ¡Cariño! La caída te ha trastornado un poco - tras una breve pausa y después de observar al fulano, agregó -: ¿Le conoces? Yo no le he visto en la vida.
- Tampoco yo hasta esta tarde - Julia le relató los acontecimientos vividos desde que llegó al trabajo y hasta la caída por las escaleras.
Valverde examinó a su amiga sin comprender. De vez en cuando desviaba la mirada hacia el tipo con aspecto de jugador de rugby. Julia temblaba como una hoja. Sintió un escalofrío y se encogió rodeándose el cuerpo con los brazos. El conserje abandonó la silla, para ocupar la que dejó libre Rita. Reconfortó a la muchacha con un abrazo cálido.
- Tiene pinta de gorila pero parece inofensivo- le susurró al oído.
- Quiere liquidarme, esa fue la expresión que utilizó - Julia trató de ser convincente.
- ¡Qué cosas se te ocurren!
- ¡Tienes que creerme! - rogó con desesperación -. Te lo he contado tal como sucedió.
Valverde volvió a observar al hombrón, que sin prestar atención a otra cosa que al bocadillo de bonito y a la chopera, parecía ajeno a ellos dos. Entre bocado y bocado, manipulaba el móvil con torpeza. Desde el otro extremo de la barra, Rita se inclinaba sobre el suyo, manejándolo con mayor soltura. Valverde frunció el ceño, contempló el hecho desde otra perspectiva. Se le antojaba extraño y curioso que Rita no hubiera vuelto a la mesa para consolar a su amiga. Tal vez sospechaba las intenciones del conserje, aunque él tenía la certeza de haber obrado siempre con la máxima discreción. ¿Qué le gustó Julia desde el primer momento que la vio? Rotundamente si. ¿Qué la amaba en silencio? También era afirmativa la respuesta. ¿Qué estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella? ¡Si! ¿Qué nadie conocía sus verdaderos sentimientos? Apostaría el cuello a que así era.
- Los contratiempos me dan hambre. ¿Qué haremos ahora? - escribió Burt apostado en la banqueta.
- Todo sigue según lo previsto - respondió Bert, con su acostumbrada frialdad.
- Que me viera el conserje no estaba en nuestros planes y la mosquita muerta nos puede traer problemas.
- ¿Te das cuenta que hace poco tiempo te daba lástima quitarla de en medio? ¡No sé cómo Bart pudo confiar en ti!
- Me necesitáis para llevar a cabo el plan - terció Burt enfadado y harto de la frialdad de su compinche.
Hubo un silencio incómodo, aunque ambos se mantuvieron en línea.
- No te preocupes por el conserje, es un pobre imbécil. Se ha pasado media vida en el trullo. Te aseguro que no quiere problemas. Además, si algo sale mal, le cargaremos el muerto y quién crees qué iba a creer a un ex convicto.
- Creo que no le quitará ojo a la limpiadora. Nos lo tendremos que cargar también a él.
- ¡Lástima que no se golpeó con una esquina al rodar por las escaleras! Nos hubiera resuelto parte del trabajo.
- Creo que deberíamos dejarlo de momento. Tal vez de aquí a dos semanas se olvide el incidente.
- ¿Te estás acojonando? ¡Tío, eres un puto muermo!
- No hay quién se acerque a ella, por lo menos en unos días el maldito portero estará al acecho.
- Dejámelo a mi. ¡No vales para nada! ¡Maldita sea la hora que Bart confió en ti!
- ¿Te vas a encargar de los dos?
- Haré tu trabajo, ya que te muestras tan remilgado y también me encargaré del conserje. Esta noche quedan los dos fuera de combate, te lo garantizo.
Valverde tuvo un pálpito. Fue en una milésima de segundo. Comprendió de pronto que algo no marchaba bien. Una lucecita roja de alarma se le encendió en el cerebro.
- ¡Vamos! - sujetó a Julia por el brazo y le obligó a levantarse. Fue una orden más que una invitación.
- Esperaré a Rita - Julia se sentía cansada, pero le apetecía charlar un poco con su amiga, olvidarse del tema, reírse a carcajadas y analizar el significado del beso que Valverde le dio en la frente.
- ¡No! - protestó el hombre seriamente. Utilizó toda su fuerza bruta y la arrancó de la mesa a trompicones.
- ¡No me iré contigo! - Julia levantó la voz.
- Hace un momento implorabas mi ayuda. ¿Te has olvidado de ello, me quieres volver loco o estás de atar?
- ¡Me quedo! - trató de sonar convincente.
- O vienes por las buenas o te llevo a rastras, pero nos vamos los dos ahora mismo - el semblante del portero asustó a la chica. Le apretaba con tanta fuerza el antebrazo que Julia sintió un profundo dolor.
- ¿Ya os vais? - Rita flanqueaba la puerta ante la pareja, impidiéndoles la salida.
Julia observó con detenimiento a la camarera.
- Te llamo luego - aseguró antes de abandonar el local, acompañada por el conserje, que continuaba torturándole el brazo.
Enfilaron la calle San Francisco, sorteando a los jóvenes viandantes que vociferaban en las puertas de los bares. Julia se fijó que el termómetro de la farmacia de Puente marcaba 23º. De vez en cuando su acompañante volvía la vista atrás.
- ¡Suéltame! - imploró la muchacha -. Me haces daño.
- Nos sigue tu amigo el energúmeno. Me ha parecido entenderte que pretende borrarte del mapa - su respuesta estaba cargada de sarcasmo y se detuvo repentinamente -. ¿Te apetece seguir sola?
Incrédula, volvió la vista. La cabeza del hombre sobresalía entre la gente a poca distancia.
- ¡Vamos! - ordenó agobiada.
Avanzaron velozmente por los Arquillos, pegados a la barandilla. Desde arriba, Valverde divisó al gigante, que había encontrado parapeto en el gentío aglomerado en la puerta del Toloño.
- ¡Corre! - instó Valverde.
Minutos después entraban en un portal del principio de la Correría sin rastro de su perseguidor.
La vivienda del conserje era un cuchitril viejo con olor a humedad y tabaco. Destartalado y con un solo ventanuco que daba a un patio estrecho.
- Como es un bajo, es muy oscuro pero de aquí a unos meses, mejorará mi situación - sonrió guiñando un ojo.
Julia paseó la mirada alrededor. Se componía de una sola estancia que hacía las veces de dormitorio, sala y cocina. Una puerta abierta dejaba ver un aseo minúsculo con un plato de ducha y una taza de váter.
- Tengo que hacer pis - dijo nerviosa -. ¿Por qué no tienes lavabo?
- El dueño me dio a elegir entre lavabo o ducha.
- ¿Pagas mucho por esto?
- No pago nada. Es de un amigo, el señor Marty. Le voy a telefonear. Él podrá ayudarte - dijo sonriendo convencido de lo que decía.
- ¿El señor Marty no es el millonario dueño del HANDIKO? - preguntó sorprendida.
- El mismo.
- Y..., ¿es amigo tuyo?
- Es mi único amigo y lo conocí en el trullo - respondió orgulloso con un cuchillo en la mano -. ¿Te apetece tortilla de patata para cenar? Me salen cojonudas.
Julia siguió con la vista la mano en la que el cuchillo se movía lentamente hacia ella. Valverde acarició la mejilla de la muchacha con la hoja fría del filo.
- ¡Co-jo-nu-das! - musitó y le mordisqueó la oreja. Seguidamente, sin apartar la hoja cortante, entreabrió los labios e introdujo la lengua en la boca de la limpiadora.
Julia notó una punzada de dolor en el hueco de la muela y pese a que acababa de usar el aseo, notó como se mojaban sus pantalones.
- ¿Qué ha pasado? - parpadeó un par de veces, sonriendo al hombre con gratitud.
- ¡Menudo golpe, Julita! - terció el aludido todavía agachado y sujetándole la cabeza -. Nos has dado un susto de muerte.
- ¿Qué ha pasado? - repitió la limpiadora con un tembloroso hilo de voz.
Valverde apoyó los labios en la frente de Julia. Ésta, perpleja se dejó besar y si las fuerzas y el ánimo hubieran estado de su lado, le
hubiera correspondido con un morreo intenso. No se hubiera tratado solo de agradecimiento. A pesar de no encontrarse muy bien, intuyó un cambio radical en la actitud del conserje. Una luz especial emanaba de sus ojos. O algo así intuyó ella.
- ¿Qué tal te encuentras, cariño?
Desvió la mirada para toparse con la dulce sonrisa y la acariciadora voz de Rita.
Unos pasos presurosos irrumpieron en el hall. Los compañeros de Julia se incorporaron y dos sanitarios de la DYA ocuparon su lugar.
- ¿Cómo te llamas? - preguntó uno de ellos.
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Parcialmente restablecida, tomaba una manzanilla en la cafetería HANDIKO. Rita le acariciaba la espalda con suavidad, mientras Valverde, frente a ambas, le cogía de la mano.
Aunque la tormenta había pasado, continuaba lloviendo con intensidad. Julia descubrió que le dolía la muela que no tenía. Recordó que el dentista había insistido en que se tomará un analgésico en cuanto notara la menor molestia. Rebuscó en el bolso la caja de Nolotil que había comprado en la farmacia de camino al trabajo.
Se sintió mejor en cuanto la tragó con un sorbo de líquido caliente. Un segundo después, tosió con fuerza, debido a un involuntario atragantamiento por lo que vio de soslayo y la palidez se dibujó en su rostro. De reojo divisó al robusto hombre que había provocado su caída. Entraba en la cafetería con paso decidido. Trató de gritar pero el sonido se le paralizó en la garganta.
- ¿Vas a cerrar? - preguntó apoyado en el quicio de la entrada.
- No señor - Rita abandonó la mesa y volvió a su trabajo.
- Pretende deshacerse de mi - ante la perplejidad del portero, añadió en un arrebato de desesperación -: ¡Ayúdame!
- ¿Qué tontería es esa? - interrogó Valverde mostrando su mejor sonrisa. Ni en sus mejores fantasías hubiera imaginado el repentino interés de Julia -. Rita es tu mejor amiga.
- No me refiero a Rita. Ese tipo, el que ha entrado es el que quiere matarme.
- ¡Cariño! La caída te ha trastornado un poco - tras una breve pausa y después de observar al fulano, agregó -: ¿Le conoces? Yo no le he visto en la vida.
- Tampoco yo hasta esta tarde - Julia le relató los acontecimientos vividos desde que llegó al trabajo y hasta la caída por las escaleras.
Valverde examinó a su amiga sin comprender. De vez en cuando desviaba la mirada hacia el tipo con aspecto de jugador de rugby. Julia temblaba como una hoja. Sintió un escalofrío y se encogió rodeándose el cuerpo con los brazos. El conserje abandonó la silla, para ocupar la que dejó libre Rita. Reconfortó a la muchacha con un abrazo cálido.
- Tiene pinta de gorila pero parece inofensivo- le susurró al oído.
- Quiere liquidarme, esa fue la expresión que utilizó - Julia trató de ser convincente.
- ¡Qué cosas se te ocurren!
- ¡Tienes que creerme! - rogó con desesperación -. Te lo he contado tal como sucedió.
Valverde volvió a observar al hombrón, que sin prestar atención a otra cosa que al bocadillo de bonito y a la chopera, parecía ajeno a ellos dos. Entre bocado y bocado, manipulaba el móvil con torpeza. Desde el otro extremo de la barra, Rita se inclinaba sobre el suyo, manejándolo con mayor soltura. Valverde frunció el ceño, contempló el hecho desde otra perspectiva. Se le antojaba extraño y curioso que Rita no hubiera vuelto a la mesa para consolar a su amiga. Tal vez sospechaba las intenciones del conserje, aunque él tenía la certeza de haber obrado siempre con la máxima discreción. ¿Qué le gustó Julia desde el primer momento que la vio? Rotundamente si. ¿Qué la amaba en silencio? También era afirmativa la respuesta. ¿Qué estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella? ¡Si! ¿Qué nadie conocía sus verdaderos sentimientos? Apostaría el cuello a que así era.
- Los contratiempos me dan hambre. ¿Qué haremos ahora? - escribió Burt apostado en la banqueta.
- Todo sigue según lo previsto - respondió Bert, con su acostumbrada frialdad.
- Que me viera el conserje no estaba en nuestros planes y la mosquita muerta nos puede traer problemas.
- ¿Te das cuenta que hace poco tiempo te daba lástima quitarla de en medio? ¡No sé cómo Bart pudo confiar en ti!
- Me necesitáis para llevar a cabo el plan - terció Burt enfadado y harto de la frialdad de su compinche.
Hubo un silencio incómodo, aunque ambos se mantuvieron en línea.
- No te preocupes por el conserje, es un pobre imbécil. Se ha pasado media vida en el trullo. Te aseguro que no quiere problemas. Además, si algo sale mal, le cargaremos el muerto y quién crees qué iba a creer a un ex convicto.
- Creo que no le quitará ojo a la limpiadora. Nos lo tendremos que cargar también a él.
- ¡Lástima que no se golpeó con una esquina al rodar por las escaleras! Nos hubiera resuelto parte del trabajo.
- Creo que deberíamos dejarlo de momento. Tal vez de aquí a dos semanas se olvide el incidente.
- ¿Te estás acojonando? ¡Tío, eres un puto muermo!
- No hay quién se acerque a ella, por lo menos en unos días el maldito portero estará al acecho.
- Dejámelo a mi. ¡No vales para nada! ¡Maldita sea la hora que Bart confió en ti!
- ¿Te vas a encargar de los dos?
- Haré tu trabajo, ya que te muestras tan remilgado y también me encargaré del conserje. Esta noche quedan los dos fuera de combate, te lo garantizo.
Valverde tuvo un pálpito. Fue en una milésima de segundo. Comprendió de pronto que algo no marchaba bien. Una lucecita roja de alarma se le encendió en el cerebro.
- ¡Vamos! - sujetó a Julia por el brazo y le obligó a levantarse. Fue una orden más que una invitación.
- Esperaré a Rita - Julia se sentía cansada, pero le apetecía charlar un poco con su amiga, olvidarse del tema, reírse a carcajadas y analizar el significado del beso que Valverde le dio en la frente.
- ¡No! - protestó el hombre seriamente. Utilizó toda su fuerza bruta y la arrancó de la mesa a trompicones.
- ¡No me iré contigo! - Julia levantó la voz.
- Hace un momento implorabas mi ayuda. ¿Te has olvidado de ello, me quieres volver loco o estás de atar?
- ¡Me quedo! - trató de sonar convincente.
- O vienes por las buenas o te llevo a rastras, pero nos vamos los dos ahora mismo - el semblante del portero asustó a la chica. Le apretaba con tanta fuerza el antebrazo que Julia sintió un profundo dolor.
- ¿Ya os vais? - Rita flanqueaba la puerta ante la pareja, impidiéndoles la salida.
Julia observó con detenimiento a la camarera.
- Te llamo luego - aseguró antes de abandonar el local, acompañada por el conserje, que continuaba torturándole el brazo.
Enfilaron la calle San Francisco, sorteando a los jóvenes viandantes que vociferaban en las puertas de los bares. Julia se fijó que el termómetro de la farmacia de Puente marcaba 23º. De vez en cuando su acompañante volvía la vista atrás.
- ¡Suéltame! - imploró la muchacha -. Me haces daño.
- Nos sigue tu amigo el energúmeno. Me ha parecido entenderte que pretende borrarte del mapa - su respuesta estaba cargada de sarcasmo y se detuvo repentinamente -. ¿Te apetece seguir sola?
Incrédula, volvió la vista. La cabeza del hombre sobresalía entre la gente a poca distancia.
- ¡Vamos! - ordenó agobiada.
Avanzaron velozmente por los Arquillos, pegados a la barandilla. Desde arriba, Valverde divisó al gigante, que había encontrado parapeto en el gentío aglomerado en la puerta del Toloño.
- ¡Corre! - instó Valverde.
Minutos después entraban en un portal del principio de la Correría sin rastro de su perseguidor.
La vivienda del conserje era un cuchitril viejo con olor a humedad y tabaco. Destartalado y con un solo ventanuco que daba a un patio estrecho.
- Como es un bajo, es muy oscuro pero de aquí a unos meses, mejorará mi situación - sonrió guiñando un ojo.
Julia paseó la mirada alrededor. Se componía de una sola estancia que hacía las veces de dormitorio, sala y cocina. Una puerta abierta dejaba ver un aseo minúsculo con un plato de ducha y una taza de váter.
- Tengo que hacer pis - dijo nerviosa -. ¿Por qué no tienes lavabo?
- El dueño me dio a elegir entre lavabo o ducha.
- ¿Pagas mucho por esto?
- No pago nada. Es de un amigo, el señor Marty. Le voy a telefonear. Él podrá ayudarte - dijo sonriendo convencido de lo que decía.
- ¿El señor Marty no es el millonario dueño del HANDIKO? - preguntó sorprendida.
- El mismo.
- Y..., ¿es amigo tuyo?
- Es mi único amigo y lo conocí en el trullo - respondió orgulloso con un cuchillo en la mano -. ¿Te apetece tortilla de patata para cenar? Me salen cojonudas.
Julia siguió con la vista la mano en la que el cuchillo se movía lentamente hacia ella. Valverde acarició la mejilla de la muchacha con la hoja fría del filo.
- ¡Co-jo-nu-das! - musitó y le mordisqueó la oreja. Seguidamente, sin apartar la hoja cortante, entreabrió los labios e introdujo la lengua en la boca de la limpiadora.
Julia notó una punzada de dolor en el hueco de la muela y pese a que acababa de usar el aseo, notó como se mojaban sus pantalones.
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