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lunes, 27 de septiembre de 2021

LANTONAFAGROSTINOBAKIA

  




1.

 Penton se escudó en la negrura nocturna con la intención de acorralar a la chica. Rodeó los pantanos para sorprenderla unos metros más adelante y sobre todo para que ella tuviera la certeza de que estaba fuera de peligro. La idea de despistarla le pareció maravillosa. Por un momento, consideró la posibilidad de descansar hasta el amanecer para luego seguir el curso del río Nasik. Al momento se arrepintió de ello. Lo mejor sería salir cuanto antes de aquel inhóspito territorio. Buscaría refugio seguro en el primer pueblo que encontrase. Ella recurriría a una solución semejante y sería muy sencillo darle caza. Atemorizada como suponía que se sentiría, sería una presa fácil de capturar. El reloj marcaba las veintitrés y diez. Durante horas corrió sin conocer su situación exacta. Algo antes del amanecer, divisó unas luces a lo lejos. A pesar del cansancio se encaminó presuroso hacia ellas, convencido de que el lugar significaría su salvación.

  Fue preciso escalar un elevado muro y sortear a varios vigilantes antes de considerarse totalmente salvado en el interior de un establo abandonado. Se acostó sobre un montón de paja y se arropó con una mugrienta manta. Enseguida se quedó dormido.

  - Este año únicamente se han cometido quince homicidios - unas voces cercanas procedentes del exterior le despertaron.

 - Desde luego. Hace dos años hubo alrededor de cien. ¿Lo recuerdas?

 - ¡Ya lo creo que me acuerdo! Entre mi hermano y yo, nos despachamos a más de una veintena. Disfrutamos como enanos - la segunda voz, prorrumpió en una sonora risotada.

  Penton se estremeció. Con sigilo, se apartó de la entrada y se desplazó hasta el fondo del establo, pensando que tal vez hubiera saltado la tapia de un psiquiátrico.

  - ¿Quién va? - tronó una voz enérgica, que le cegó con un potente foco -. Levante las manos e identifíquese.

  - Mi nombre es Penton Cefalú. Soy turista, mochilero, viajo a pie. Me robaron el equipaje y mucho me temo que me he perdido.

  - ¿Dónde se dirige? 

  - Voy camino de las Tierras Alavesas - mintió pues ésa era su procedencia.

 - Efectivamente, se ha extraviado y lamentablemente, debo notificarle que no llegará fácilmente a su destino - anunció la voz, cuyo rostro continuaba invisible tras la luz cegadora.

  Penton ignoraba la razón por la que no podría llegar al supuesto destino. Recordando la conversación sobre los crímenes, concluyó que había aterrizado en un manicomio.

  - No comprendo lo que usted quiere decir - acertó a mascullar con un hilo de voz.

 - Está muy claro. Acaba de atravesar la frontera de Lantonafagrostinobakia.

  - ¿Latona... qué?

  - Lantonafagrostinobakia es el nombre de este pequeño país, que para su información, no podrá abandonar jamás.

  - No entiendo que quiere decir con que no podré abandonar el país...

  - Quiero decir exactamente lo que he dicho y creo que usted lo ha entendido perfectamente - argumentó la voz con cierto desdén -. Por decreto ley, una vez pisado suelo lantonafagrostinobakiano, no podrá abandonar estas tierras jamás. 

  - ¿Quién lo ordena? - indagó Penton repentinamente satisfecho, aunque sin dar muestras de ello.

  - El presidente de la república Pevek Podgorica. No sé alarme, éste es un buen lugar para vivir. Ahora se le asignará una habitación en el hotel dedicado a los forasteros. Podrá dormir durante toda la mañana, si lo desea, asearse y comer. Mañana será recibido en audiencia privada por el presidente. Conocerá nuestras leyes y se le dará una residencia y un trabajo.

  - ¿Así de fácil?

 - Así es, señor Cefalú. Lantonafagrostinobakia es un paraíso.

  El forastero se pellizcó varias veces para cerciorarse de que no se trataba de un sueño. Fuera de sus fronteras, apenas se conocían datos de este pequeñísimo país. Tan solo era un minúsculo punto en el mapa.





2.

  "¡Maldito cerdo! ¡Hijo de puta! Removeré cielo y tierra hasta dar contigo y cuando te encuentre, me las pagarás todas juntas", se prometió Karachi. Caminó varios kilómetros sin ver al tipo, que tras violarla, salió en libertad sin cargos, pues la justicia consideró que no había pruebas suficientes en su contra. No contento con haberse librado una vez, lo volvió a intentar la pasada noche. Le salió al encuentro y amenazó con matarla si volvía a denunciarle. La acorraló, insultó y intentó forzarla de nuevo hasta que la muchacha pudo zafarse propinándole un buen rodillazo en los testículos. Ella huyó del lugar y el tipo la persiguió. Cuando amanecía, extenuada y temerosa, divisó unas casitas bajas, separadas del camino por una muralla. Circundó ésta hasta el extremo más sombrío, moviéndose con sigilo y la astucia de una pantera. Trepó por ella y saltó al otro lado. Escuchó agazapada entre los muros de las viviendas. Lejanos, le llegaron ladridos de perros, que parecían enormes. Anduvo unos metros apartándose del lugar y adentrándose en un gran terreno vallado. Bordeó uno de los setos, perfectamente recortado, escondiéndose en un zaguán. Se sentía exhausta. Se acurrucó en las sombras y cerró los ojos. Los rayos solares y los lametones de un enorme bobtail, le sorprendieron horas después. Escudriñó la mansión y el terreno colindante. El perro seguía sus pasos mansamente. Intentó forzar alguna de las ventanas laterales de la planta baja de la casona, sin éxito. De pronto, se vio rodeada por un numeroso grupo de hombres armados muy bien dotados físicamente.

  - Dese la vuelta despacio. No intente ningún truco - tronó uno de ellos con voz poderosa -. Está rodeada. Un solo movimiento en falso y dispararemos.

  Obedeció porque la voz fue lo suficientemente rotunda como para comprender que no iba en broma.

  - No intentaba robar. Ayer sufrí un accidente y trataba de buscar ayuda.

  - ¡Silencio! Hable solo cuando se le pregunte.

  - Pero yo...

  - ¡Silencio! Mantenga las manos en alto y las piernas separadas.

  Acató la orden al instante, sintiéndose humillada.

 - ¡Diyarbakir XXI! - ordenó la voz, que parecía ser el jefe -. ¡Registre a la intrusa!

 Como un autómata el aludido abandonó el grupo y cumplió la orden.

  - ¡Limpia, Diyarbakir primero! - exclamó haciéndose a un lado.

  - ¡Identifíquese! - rugió el Diyarbakir primero.

  - Me llamo Karachi. Anoche sufrí un altercado y...

 - ¡Silencio! ¿No ha entendido que tiene que hablar únicamente cuando se le pregunte?

  Karachi apretó los labios y las lágrimas se deslizaron por su rostro.

  - Le he hecho una pregunta, ¿la ha entendido o  no la ha entendido?

  - Si - musitó.

 - Debe responder alto y claro. Diríjase a mi diciendo Diyarbakir I.

 - Si, Diyarbakir I, lo he entendido - respondió la intrusa, sin poder contener el llanto.

  - ¿Cómo ha llegado hasta el palacio de la república?

 Por primera vez Karachi paseó la mirada detenidamente por el edificio. Observó una bandera blanca con lunares de diferentes tamaños y colores, ondeando en lo alto de la fachada principal.

 - He pasado toda la noche huyendo de un hombre, un agresor. Me perdí. Poco después del amanecer divisé unas casas, salté el muro y dormité durante horas. Cuando ustedes me han descubierto, intentaba buscar ayuda.

 - ¿Paseaba o huía de alguien?

 - Huía, Diyarbakir I. Un tipo me acosó y me agredió. Anoche me persiguió durante horas pero logré esquivarle. 

 - ¡No me diga! - a Karachi le dio la impresión que el grupo de hombres se reían de su explicación, incluido el Diyarbakir primero -. ¿Me quiere hacer creer que huyó hacia lo desconocido hasta propasar la frontera de nuestro país? ¡No me haga reír!

 - ¿Otro país? ¿Qué está diciendo? - sintió desmayarse sin comprender.

 - Si su versión es cierta, aquí estará segura. ¡Diyarbakir VII! Acompañe a la señorita. Que le den comida y agua, que pueda asearse y que se cambie de ropa. Pediremos audiencia para que se reúna con el presidente.





3.

    Penton fue recibido en audiencia privada a la mañana siguiente de su llegada a Lantonafagrostinobakia. Pevek Podgorica le interrogó personalmente y él respondió omitiendo algunos detalles, exagerando otros y mintiendo sobre la mayoría. El presidente de la república era un tipo de unos sesenta años, de corta estatura y vientre prominente. Le dio la impresión de que no estaba en su sano juicio. "¿Qué sabrá del mundo este pobre hombre que gobierna un diminuto país aislado del resto de la humanidad?", pensó Penton. El sujeto le informó que la comunicación con los países vecinos era nula. La mente del nuevo ciudadano caviló con rapidez. "Será fácil sobornar a algún miembro de la policía y salir de este país de locos", se dijo, mientras el dignatario no cesaba de hablar, recostado en un brillante sillón de oro y tapizado en seda, similar a un trono barroco.

  - Nuestro país tiene 139,2 kilómetros cuadrados. Está rodeado de vascos por todas partes. Nos encontramos en Samarinda, la capital. Las otras dos ciudades importantes son Tampere y Osorno - se vanaglorió el presidente -. Usted podrá elegir entre varios trabajos y vivir en la ciudad que más le plazca.   Será muy feliz entre nosotros, se lo aseguro.

  - Veo muchas ventajas en este país... - comenzó a decir Penton, pero fue interrumpido por el presidente.

 - Sin lugar a dudas somos uno de los países más ricos y desarrollados del mundo.

  - Tal vez sea como dice. Sin embargo, al no tener relaciones con otras naciones, es difícil asegurar que...

  - ¿Pone usted en duda mis palabras? - el tono del hombrecillo era placido, sin embargo la mirada gélida, heló las entrañas del forastero.

 - En absoluto, señor presidente - contestó Penton,  tratando de evitar cualquier agravio contra el dignatario.

 - Aquí convivimos amigablemente exactamente cinco mil novecientos seis ciudadanos de todas las razas, credos y condición social y económica - continuó el presidente con orgullo -, y si usted desea quedarse con nosotros tendrá que cumplir algunos requisitos imprescindibles.

 - Entendí a mi llegada que una vez traspasada la frontera de Lantonafagrostinobakia, es imposible salir del país.

  - Así es, señor Penton. Aunque algunos de mis súbditos pienses que soy un dictador, no lo soy, se lo aseguro - el presidente recalcó las últimas palabras -. Pero en el supuesto que usted no quisiera quedarse...

  - No me queda muy claro este punto... Entiendo que si decido quedarme y... Pongamos por ejemplo, que pasados dos o tres meses no me encontrase satisfecho y por lo tanto, decidiese abandonar el país, ¿nadie me lo impediría? - tanteó Penton intrigado.

  - ¡En absoluto! Aunque he de decirle que no saldría del país tal como sería su deseo - añadió Podgorica con un brillo intenso en la mirada y una sonrisa sardónica.

  - No le entiendo.

  - Pues es bien sencillo, mi querido Penton. Supongo que usted está pensando en marcharse cuando le venga en gana. Eso sería... Digamos imposible - hizo una pequeña pausa -. Por decirlo de una manera sencilla, usted ha firmado un contrato conmigo. Desde su llegada a Lantonafagrostinobakia, depende enteramente de mi. Dicho de otra manera: usted está a mi servicio. Yo soy no solo su presidente, sino también el dueño de su vida. Debe saber también, que si su comportamiento no es el esperado, yo mismo ordenaré su salida del país, pero como vulgarmente se suele decir, lo haría con los pies por delante. ¿Le ha quedado claro?

  Penton palideció y se enderezó en el asiento, incapaz de pronunciar palabra. No estaba dispuesto a permanecer mucho tiempo en el territorio. Por el momento no tenía prisa. Lo más probable sería que la fulana que por segunda vez le provocó para hacerse luego la mojigata y aparentar ser la víctima, le hubiera denunciado en Tierras Alavesas. Por más que le buscaran, no darían con él. Lo más sensato sería dejar pasar el tiempo, para escapar pasados los meses, con la misma facilidad con  la que entró en el reducido país. 

  - ¿Le ha impactado algo de la charla que hemos mantenido? - inquirió el presidente divertido.

  - Estoy sorprendido, digámoslo de un modo suave, por la manera que tienen aquí de aumentar la población.

  - ¿Qué tienen aquí dice usted? Soy el único responsable. Soy el Presidente y dicto las normas. Los ciudadanos solo tienen que acatarlas para que la paz reine en el país. Es muy sencillo.

  - Por supuesto, señor presidente.

  - Si no tiene nada más que decir, puede retirarse, señor Penton.





4.

  - Este sujeto ha mentido - aseguró convencido el presidente, dirigiéndose a Horlivka, secretario de la república, una vez que el forastero abandonó el palacio -. Póngame inmediatamente con el Tuzla I.

  - A sus órdenes señor presidente - el Tuzla I se cuadró a pesar de no encontrarse en el gabinete presidencial.

  - Ordene a sus hombres que vigilen día y noche al nuevo ciudadano que acaba de abandonar el palacio. Se le ha asignado una vivienda en el número seis de la calle Rostock, colindante a la de Akron Kayseri, como bien sabes, amigo íntimo personal y muy vinculado a mi familia. Trabajará como mecánico de los vehículos oficiales de los Diyarbakir, pues asegura ser experto en la materia.

  - ¿Le ha asignado un puesto vinculado a su guardia personal? Con el debido respeto, señor presidente, ¿no le parece muy arriesgado?

 - En absoluto. Mi deseo es que sea vigilado por toda la guardia. Esconde algo y quiero descubrirlo cuanto antes -. Busca entre tus hombres alguien de tu entera confianza para que sea apoyo de Akron.

 - ¡Será como ha  ordenado, señor! - el Tuzla I cortó la comunicación telefónica, aprestándose  de inmediato a ejecutar las disposiciones de Pevek Podgorica.






5.

 Desde su llegada al extraño país Karachi amplió el círculo de amistades con bastante rapidez. Le ofrecieron atención, cuidados y sobre todo seguridad, lo que le reportó cierta tranquilidad y fama. Samara fue la primera persona que le proporcionó una habitación en su casa. Congeniaron desde el primer momento. Además restó importancia al hecho de tenerse que presentar ante el presidente de la república. 

  - Es un buen hombre - aseguró su nueva amiga - y si vienes en son de paz, te prestará toda la ayuda que reclames. Solo tendrás que cumplir estos mandamientos.

  Karachi leyó con detenimiento la hoja que le tendió su benefactora.

  1º-. Yo, Pevek Podgorica, seré tu Dios y me obedecerás en todo momento.

  2º-. Trabajarás de lunes a jueves. Descansarás y te divertirás durante viernes y sábado, el domingo acudirás a la plaza del palacio presidencial. Saldré al balcón y me vitorearás, alabarás mi nombre y me llevarás algún pequeño obsequio.

  3º-. No matarás, salvo el día de la fiesta nacional: 29 de junio. En dicha jornada, podrás cobrarte todas las injusticias que se hayan cometido en tu contra y en la de tu familia.

  4º-. Cometerás adulterio siempre que te plazca y con quien desees. Mi deseo es veros felices.

  5º-. Robarás cuanto desees de los demás y en caso de ser robado, no te tomarás la justicia por tu mano.

  - ¿Es broma? - sin esperar respuesta, prosiguió -: Tiene que ser broma.

  - No lo es - respondió su benefactora sin dejar de sonreír -. Aunque te parezca mentira, puedes hacer cualquier cosa de las que estás leyendo.

  - Cualquiera puede robar a su vecino, calumniar, quitarle la mujer o las hijas ¿y me quieres hacer creer que la gente se queda tan ancha?

  - Lo aconsejable es denunciarlo, por supuesto. Nuestra policía es muy resolutiva y encuentra al culpable en un alto porcentaje. Así se asegura su justo castigo. Solo puedes tomarte la justicia por tu cuenta el 29 de junio. Durante las veinticuatro horas de ese día, puedes cargarte a quien te apetezca sin tener que responder ante la justicia ni ante nadie por tus actos, porque únicamente ese día esta permitido matar.

 - ¡No me lo puedo creer! - exclamó Karachi entre estupefacta y divertida.

 - En Lantonafagrostinobakia existe muy poca delincuencia. Muchos de los ciudadanos son policías. Si se comete un acto delictivo y te pescan, cosa altamente probable, no habrá quien te salve.

  - Explícame con detalle ese punto - rogó Karachi interesada.

 - Por encima de todos está el cuerpo de los Diyarbakir. Son alrededor de trescientos tíos, mastodónticos y muy bien entrenados. Forman la guardia republicana. Protegen al presidente y a su familia, así como a todos los trabajadores de palacio. Son los que te encontraron. Tipos altos, fornidos y diestros con toda clase de armas. El segundo grupo está compuesto por la policía llamada de "a pie". Vigilan a los ciudadanos, incluidos a los Diyarbakir. Su misión es hacer cumplir las reglas o mandamientos de la república a rajatabla. Son los llamados Tuzla y lo forman unos mil quinientos miembros. El tercer grupo policial esta constituido por los Harbin y son los guardianes de los presos. Son apenas una veintena. Hay muy pocos presos.

  - ¿Qué ocurre con los ciudadanos que se apartan de la ley?

  - No son muchos los que se atreven a infringirla - continuó Samara mientras servía café en la terraza -. En Lantonafagrostinobakia, solo existe una pequeña prisión llamada "El Hotelito". Los presos cumplen una corta condena pero ninguno sale libre jamás. Tras permanecer unos dos o tres meses recluidos, pasan directamente al Korçë, que no es otra cosa que un río, donde sirven de alimento a un buen número de cocodrilos hambrientos.

  - ¡Me estás tomando el pelo! - interrumpió Karachi divertida, riendo a carcajadas -. ¿Cómo va a servir un ser humano de alimento a cocodrilos?

  - Por supuesto este último punto es ignorado por la mayoría de los ciudadanos - concluyó Samara sin inmutarse por la incredulidad de su nueva amiga -. Los ciudadanos están convencidos de que los prisioneros cumplen largas condenas.

  - Te lo has inventado todo. De lo contrario... ¿Tú por qué lo sabes? - indagó Karachi risueña.

  - Soy hija y hermana de Harbin.

  - ¿Lo dices en serio? ¡Vaya! No dejas de sorprenderme - musitó horrorizada.

  - No olvides que se trata de presos que han cometido algún delito - hizo una breve pausa para comerse una galleta y prosiguió con tranquilidad -. Otra cosa que debes de saber, es que cada ciudadano tiene asignado un día al año para visitar el palacio presidencial. Ese día ha de acudir muy bien engalanado, pues el presidente obsequia con una comida de gala a dicho ciudadano y a cambio, éste le entrega en mano los impuestos anuales, que por decreto ley, corresponden a un sexto de sus ganancias.

  - ¡Inaudito! - A Karachi le costaba asimilar toda aquella extraña información.

  - Cada familia tiene asignada una casa con un huerto en la parte trasera, donde pueden plantar hortalizas o frutales. Lo obtenido pueden venderlo o utilizarlo para sustento familiar. También pueden prescindir del huerto y plantar flores ornamentales. Cada cual es libre de hacer con el terreno lo que desee. No se paga ningún dinero en concepto de alquiler de vivienda. Todas las casas del país son propiedad de Podgorica. Las viviendas tienen el tamaño proporcional a los miembros que forman cada familia. A medida que van naciendo los hijos, el ciudadano lo da a conocer y si el presidente estima que necesita una casa mayor, se le otorga sin más.

 - Siendo todo gratuito, ¿cómo es posible que sea un país tan rico?

-  No es que sea todo gratis. Se paga con los impuestos anuales. 

-  Todo esto resulta muy surrealista. Alguien habrá que se tome la justicia por su cuenta y cometa algún crimen cualquier otro día del año - a Karachi le resultaba inverosímil lo narrado por Samara.

 - Muy rara vez. Ten en cuenta que hay un buen número de policías para salvaguardar el orden, no somos muchos habitantes y el país es minúsculo. 

 - Nunca había oído nada referente a este país y mucho menos a sus costumbres.

 - El presidente de la república nos tiene prohibido salir del país. 

 - Es una férrea dictadura.

 - Nosotros no lo vemos así.

 - Os han lavado el cerebro. Es muy valorable que no haya crímenes y que si los hay fuera del día señalado, no queden impunes pero corta la libertad de movimiento en todos los sentidos.

 - Al existir un único día al año en el que esté permitido cometer un asesinato, el índice de criminalidad es bastante bajo. Cierto es, que algunos años, la cifra de muertes violentas el 29 de junio es muy elevada pero ha habido algún año que no se ha cometido ninguno. ¿Qué dices entonces?

 - Es muy importante y estimable tu argumento, pero sigo pensando que carecéis de libertad - respondió Karachi con timidez.

 - Es una sociedad perfecta - matizó Samara con orgullo.

 - Pero, ¿no es cierto que en algunos ciudadanos se incrementa el odio hacia los demás?

 - La gente es muy lista. Los que deciden tener un comportamiento negativo en contra de algún inocente ciudadano, por lógica deciden realizarlo a partir del 30 de junio y como mucho durante el mes de julio, rara vez a partir de agosto. Esto tiene su lógica y es que la víctima, no podrá tomar la revancha hasta casi un año después y en más de un caso, la supuesta víctima, se queda sin premio porque el asaltante muere antes del 29 de junio del año siguiente, esto en el caso de que una vez hecha la denuncia, no sea apresado. Si lo cogen, le hacen pagar el delito con cárcel, que es lo que cada uno de nosotros desea que se haga con el malhechor.

 - Creo que no me gustará vivir en Lantonafagrostinobakia - confesó Karachi aturdida.





6.

 Karachi fue recibida en audiencia privada unas semanas después de su llegada. El presidente de la república le pareció cercano y muy buen conversador.

 - En Lantonafagrostinobakia las mujeres tienen ciertos privilegios - comenzó el presidente paseando a grandes zancadas a lo largo de la estancia -. Tengo referencias muy gratas sobre su persona y sé que se ha interesado en la tienda de cosmética natural que regenta Samara y que desde su llegada, reside en su casa.

 - Así es. Samara me acogió de muy buen grado y me auxilió en los primeros momentos. Estoy muy agradecida - Karachi no trató de disimular la sorpresa que le causaron las palabras del presidente -. En Tierras Alavesas regentaba un local parecido.

  - Pues si ese es su deseo, se lo concederé.

  - Se lo agradezco señor presidente - hizo intención de incorporarse de la cómoda butaca pero a la señal del mandatario de que tenía algo que añadir, volvió a acomodarse.

 - Solo una pregunta más. Me gustaría saber qué le trajo hasta nuestro país. Según tengo entendido, en su primera declaración argumentó que huía de un... - titubeó unos instantes buscando las palabras exactas - Individuo molesto, por decirlo suavemente.

  - Es cierto - Karachi se sintió mal al recordar el incidente. Resumió el asunto, argumentando que un tipo la asustó y se vio obligada a correr sin saber hacia dónde -. Se trataba de una noche cerrada, hui despavorida y llegué hasta aquí.

  Podgorica escuchó con atención y sonrió plácido al comprender que la llegada de otro sujeto en la noche de la fiesta nacional, podía estar relacionada con la muchacha. Razón de más para tenerlo bien vigilado.

  - Aquí no tiene nada que temer. Nuestro país es tranquilo y la gente vive feliz. En caso de que, por alguna razón poco probable, se cruzase con su enemigo, debe saber que lo puede denunciar si lo desea o incluso, cumplir su venganza - parecía escucharse al hablar y se mostraba orgulloso de su discurso -. Pero para ello ya sabe que tendrá que esperar hasta el próximo 29 de junio.

  La joven abandonó el palacio desalentada. Las últimas palabras del presidente le confirmaron la corazonada de que el fulano también estuviera refugiado en el país. Esto hizo aumentar su temor, ya que el territorio era demasiado pequeño y cabía la posibilidad de que sus destinos volvieran a coincidir en cualquier momento.





7.

  En Lantonafagrostinobakia no existía forma de comunicarse con el exterior. En el caso de Penton este hecho tenía un doble significado, tanto positivo como negativo. Lo bueno era que en Tierras Alavesas, le buscarían sin éxito y la parte negativa, que se sentía vigilado constantemente. Tenía la impresión de que varios ojos estaban puestos en él, seguían sus movimientos y tenía la vaga impresión de ser escuchado en todas sus conversaciones. Lo  que a su llegada le pareció un golpe de suerte, ahora parecía volverse en su contra cada día. Durante las primeras jornadas en aquel país de locos, pensó que podría disfrutar de la compañía de infinidad de mujeres, sin que nadie pudiera rechistar. Las tomaría por la fuerza, sin que ellas pudieran poner resistencia y ante las narices de padres, novios o maridos. Pero a  medida que pasaban los días y con la sensación de tener muchos ojos pegados a su cogote, esta postura se le presentaba casi imposible. Del mismo modo, la supuesta fuga, se le antojó tarea ardua y complicada. Sin embargo no desistía en el empeño, ensayando diferentes métodos para poder llevar a cabo su plan. Pese a todo, se sentía relativamente tranquilo y satisfecho con su suerte.

  Con el salvoconducto de hacer lo que le diera la gana se apropió del fabuloso coche de su vecino Akron, un Ford Fairlane descapotable de 1960, impecablemente cuidado y con un motor que rugía perfectamente. Akron, obedeciendo a los mandamientos de Podgorica se limitó a adquirir otro vehículo de segunda mano. Todas las tardes, cuando Penton regresaba del trabajo, le sorprendía en el patio trasero e intentaba, siempre con buenas palabras y altas dosis de buena educación, que le devolviera el vehículo.

  - Buenas noches, vecino Penton - saludó con su cortesía habitual en el atardecer del trigésimo sexto día tras el robo del vehículo ante sus propias narices.

  - No me fastidie, Akron - refunfuñó el ladrón de malas maneras.

  - Si dispone de un momento...

  - En realidad no tengo tiempo para escuchar sus memeces. Le he dicho mil veces que no tengo intención de devolverle su viejo cacharro.

  - Eso mismo quería puntualizar - agregó el vecino, rozando el brazo de Penton con suavidad pero no falto de carácter -. Es bastante viejo...

  - Le doy toda la razón, es un cascajo. Para su conocimiento, he de decirle, que me ha dejado tirado dos veces esta semana - mintió sintiendo regocijo ante la sorpresa del viejo Akron -. He llegado a pensar que tal vez usted lo haya manipulado adrede y podría incluso denunciarle. ¿Qué le parece la idea?

  - ¿Cómo puede pensar eso de mí? ¡No señor! ¡Ni se me ha pasado por la mente semejante mala idea! Sabe usted que por decreto ley está terminantemente prohibido tomar represalias y...

  - Verá usted, creo que se me ha ocurrido un proyecto genial para solucionar el problema.

  - Usted dirá - se animó Akron visiblemente esperanzado.

  - Si continua empeñándose en darme el coñazo todas las tardes, si vuelve a mencionar tan solo una vez más algo referente a que le devuelva el Fairlane, no me quedará mas remedio que denunciarle ante los Tuzla, alegando extorsión.

  - ¡Penton! - Akron le observó horrorizado -. ¿Sería usted capaz de hacer algo tan despreciable? No tiene motivos para...

  - Motivos me sobran. Solo con asegurar que ha manipulado la tarila, sería encarcelado y me libraría de su cansina presencia para siempre.

  - ¡Caramba! Tal vez no sepa, señor Penton, que la mentira también está penada por la ley. ¿Cree de verdad que si hubiera manipulado mi viejo trasto intentaría cada tarde convencerle por las buenas para que me lo devolviera?

  - ¡Si señor! ¡Lo creo! - respondió Penton que jamás sospechó que el buenazo de Akron almacenara ni una sola idea malévola en la cabeza -. En este país de tarados creo que es posible cualquier cosa.

  Avanzó por el camino de gravilla y dando un portazo se libró del vecino.





8.

  Habían pasado ocho meses desde la llegada de Karachi a la república lantonafagrostinobakiana. El incidente que la llevó hasta el extraño país, permanecía inalterable en su memoria. Intentaba por todos los medios arrinconarlo en lo más profundo de su mente sin éxito. Por otro lado, las ventas en Onitsha, nombre de la tienda que regentaba junto a Samara habían crecido considerablemente y este hecho le  mantenía relajada y había conseguido alcanzar una gratificante tranquilidad. Debido a su carácter alegre y extrovertido, pronto hizo buenos amigos. Rodearse de buena gente, contribuyó a que la sensación de miedo abandonará su cuerpo y su mente. Ferganá, la esposa del presidente, y sus dos hijas, frecuentaban el local y las cinco establecieron fuertes lazos de amistad. 

  Dayton era un joven de la guardia Tuzla, buen amigo de Samara. Con frecuencia visitaba la tienda y desde que Karachi llegó al país, incrementó las visitas. Más tarde llegaron las invitaciones al cine, a un café, meriendas en el campo, a bailar y a su casa. Karachi reconocía las innumerables virtudes del apuesto admirador. Le gustaba mucho, sentía mariposas en el estómago cuando compartía las horas con él pero el resentimiento acumulado en su interior debido a las agresiones sufridas, frenaba las apetencias hacia los requiebros repetidos de Dayton. Así las cosas, una soleada y fría mañana de finales de invierno, recibió una notificación, requiriendo su presencia en audiencia privada ante Podgorica.

  - ¿En qué lío te has metido? - su socia esperó una respuesta tras la lectura de la citación que la asustada Karachi le presentó al llegar a la tienda.

  - Un Tuzla me ha abordado en la puerta del almacén, cuando me disponía a entregar los albaranes de los pedidos a Agadir. Por más vueltas que le doy, no consigo encontrarle sentido.

  - Querida amiga, nadie es citado en presencia de Podgorica, fuera de los días asignados por la ley para cada uno de nosotros, si se han cumplido los deberes ciudadanos como manda la ley.

  - He cumplido a rajatabla las ordenanzas republicanas. Tú me conoces. Vivimos y trabajamos juntas. Pasamos prácticamente todo el día juntas...

  - Sé que no has hecho nada malo - consoló Samara intentando darle ánimos.

  - Tal vez sea una confusión - aventuró Karachi al borde de las lágrimas.

  - ¿Una confusión? ¡Ni te atrevas a pensarlo! Será mejor que no te oiga nadie. Querida mía, nuestro presidente jamás se confunde. Bien podría tratarse de una denuncia - añadió entornando los ojos.

  - ¡No puede ser! Tengo muchos amigos. Me siento querida. Soy feliz. ¿Quién sería capaz de calumniarme?

  - Eres muy buena persona, lo sé. Pero también conozco a muchos envidiosos.

  - ¿No crees que si se tratase de una denuncia, me hubieran detenido en el acto? Dayton suele decir que lo hacen así.

  - En ocasiones, el presidente realiza un llamamiento personal. Esto es en casos de honrados ciudadanos, como es éste tuyo.

  - Como es el mío - susurró Karachi entristecida y nerviosa.

  - Mañana cerraremos la tienda. Te acompañaré. No dejaré que pases este trance tu sola.

  - Será mejor no cerrar. De momento, cuanta menos gente lo sepa, mejor. No puede ser nada importante, estoy convencida de ello.

  - Será como dices  - abrazó a su amiga y la acunó como si fuera un bebé desvalido -. Seguro que en un par de horas, estás de vuelta.

  - Telefonearé a Dayton. Tal vez sepa algo.

  - No, no es buena idea. 

  Karachi lanzó una mirada interrogante.

  - Puede que nos hayan pinchado los teléfonos. Debemos ponernos en lo peor. Mejor le llamas a mediodía desde el café de Thira. Tal vez se trate de algo realmente serio y no te dejen volver a casa.

  - ¡Samara! ¡No he hecho nada malo! - clamó llena de desesperanza -. No me asustes más de lo que estoy. Hablaré con Dayton ahora mismo. No tengo nada que esconder.

  - Debes pensar bien todos tus movimientos a partir de ahora. Si estás completamente segura de que Dayton te puede ayudar, hazlo.

 - Lo estoy - le aseguró poco convencida de la decisión precipitada que acababa de tomar.

   Pero le fue imposible localizar a Dayton a lo largo del día.





9.

  A la mañana siguiente se vistió con sus mejores galas sin pretender mostrar ostentación. Siguiendo el guion, previamente elaborado por Samara, se presentó a la hora acordada en palacio. Avanzó por los interminables pasillos, hundiendo los finos tacones en las mullidas alfombras, siguiendo los pasos de un miembro de la guardia Diyarbakir. Cuando llegaron a la puerta del despacho presidencial, éste la abrió y sin dirigirle la mirada, se hizo a un lado, indicándole que podía acceder al interior. Tras la mesa octogonal, el presidente se veía majestuoso, con el semblante adusto, la prominente barbilla altiva y la mirada recia. Karachi entró en la estancia vacilante y apesadumbrada.

  - Me presento humildemente, señor Pevek Podgorica. Soy Karachi Faial, su humilde servidora - un susurro apenas audible denotaba el aturdimiento de la atemorizada joven, mientras se mantenía en postura reverencial y la mirada clavada en el brillante suelo de mármol.

  - Mi querida ciudadana, levántese - ordenó con tono poderoso Podgorica -. Olvidémonos del tonto protocolo. Acompañadme al jardín. Es un día hermoso para disfrutar al aire libre.

  Karachi, perpleja, rozó levemente el brazo que Podgorica le tendió. 

  - Noto que estás temblorosa. Tu paso no es firme. ¿Qué ocurre? - alzó las cejas en señal de asombro pero continuó con su cháchara sin esperar respuesta -: Tengo entendido que un muchacho de la guardia Tuzla anda enamoriscado de ti. Sin embargo tú le rechazas una y otra vez - hizo una pausa, observando con detenimiento a la joven, que pareció relajarse.

  - ¡Se trata de eso! - se atrevió a interrumpir Karachi aliviada.

- ¡Mi querida chiquilla! ¿Qué habías pensado? - una vez más continuó hablando sin dar opción de respuesta -. Según tengo entendido, tu comportamiento en Samarinda es ejemplar. Mis fuentes de información aseguran que los lantonafagrostinobakianos tienen muy buena opinión de ti.

  Karachi sonrió abiertamente, mostrando alivio.

 - Aunque te he citado principalmente por requerimiento de este joven, hay otra cosa que... - trató de buscar las palabras exactas -. Me ronda por la cabeza un tema que me gustaría que me aclarases, porque he llegado a pensar que tal vez sea precisamente ese otro asunto, la razón por la que una y otra vez rechazas a Dayton, que dicho sea de paso, es como un hijo para mi. Su padre fue mi mano derecha desde el momento de mi nombramiento como presidente de la nación. Comprenderás que todo lo bueno o malo que le suceda a ese muchacho, me repercute directamente.

  - Dayton es... - se bloqueó buscando algo original, aunque solo pudo añadir lo más socorrido -, es... Me parece un hombre encantador. Estoy convencida de que cualquier mujer se sentiría inmensamente feliz de compartir la vida con él.

  - ¡Pura palabrería! - Pevek trasmitió indignación.

  - Mis palabras salen del corazón, créame.

  - ¿Del corazón? No tengo más remedio que poner ciertas objeciones a tu fina verborrea. A estas tonterías recurrís las mujeres cuando pretendéis quitaros de medio a un tipo molesto. Si le hubieras largado: "Eres genial pero no te aguanto", sería menos bonito pero más sincero. ¿No crees? - el presidente sonrió socarronamente.

  - No pretendo quedar bien, ni ante usted ni ante nadie. Dayton es una persona excelente y...

  - Y siempre lo será - entonó Pevek con el semblante crispado -. ¿Cuál es entonces el problema?

  - El problema soy yo.

  - Otra frase hecha para estas ocasiones - Podgorica frunció el ceño e hizo un gesto extraño con los labios, que no llegó a ser una sonrisa.

  - El problema soy yo - repitió Karachi con el aplomo y la seguridad recién despertados de un letargo agónico y contenido.

  - Dayton  está desesperado - argumentó el presidente, acariciando las hortensias sin dejar de pasear -. Opino que el muchacho es un tonto romántico, eso por descontado, pero se me parte el alma viéndole sufrir. Creo además, que el mal de amores repercute negativamente en el trabajo y no me puedo permitir que ni uno solo de los hombres de mi servicio, no rinda al cien por cien. Por otra parte, corren rumores de que te gusta, como lo diría... ¿Juguetear en otras camas?

  - ¿Qué dice usted? ¿No habrá creído que...? - Karachi no pudo evitar que se le arrasaran los ojos -. ¡Es una infamia!

  - Querida, ni creo ni descreo. Siento  verdadero cariño por Dayton y pretendo su felicidad. Nada más.

  - Se me acusa de una vileza tal que ni en la imaginación me permito - se defendió la joven. Intentó serenarse y más tranquila, añadió -: Es otro problema el que me impide demostrar el amor que siento por Dayton.

 - ¡Vaya, vaya! Parece que nos vamos a entender - exclamó Podgorica frenando en seco su andadura -. Adelante, cuéntame ese secretillo.

  - Lo que dicen los rumores no tiene razón de ser. No tengo porque dar más explicaciones - Karachi pareció repentinamente liberada y tranquila.

 - No, querida, en Lantonafagrostinobakia, las cosas no funcionan como los ciudadanos quieren. Vivir en el paraíso, tiene un precio - el presidente sonrió ladinamente.

  - Soy libre para guardar mi vida privada...

  - ¡No! - interrumpió Podgorica enérgicamente -. Los ciudadanos de esta república sois felices... Si yo quiero que lo seáis. Además, me pertenecéis. No lo olvides nunca.

  - No tengo nada que decir.

 - Tienes dos opciones - Pevek adoptó el tono mesurado y volvió a su lento caminar. Sonrió esgrimiendo  confianza -: O me cuentas ese secretillo, que no me cabe la menor duda,  que te trajo hasta este país y solucionamos el asunto con Dayton o serás encarcelada de inmediato.

 - No soy culpable de nada - protestó Karachi, sintiendo que el ánimo y las esperanzas de llevar una vida tranquila, le abandonaban.

 - Has rechazado a uno de mis hombres. Uno de los mejores Tuzla. Le has apartado fríamente de tu vida en repetidas ocasiones. Es más que suficiente para que te pudras en "El  Hotelito". Firmaré la sentencia en cuarenta y ocho horas - a un gesto prácticamente inapreciable, dos Diyarbakir se apresuraron a despedir a Karachi.

 - Creedme cuando digo que necesito quitarme este lastre de encima, pero por el momento me es imposible. Mis sentimientos hacia Dayton son los mismos que los que me profesa él pero hoy por hoy no puedo corresponderle.

 - ¿Tratas de decir que no soy la persona más indicada para desvelar tu secreto, aún siendo el presidente del país? - levantó la mano, evitando ser interrumpido -. Tengo entendido que Ferganá frecuenta tu tienda. Que sois buenas amigas. En definitiva, estoy convencido de que te sincerarás mejor con ella.

 - Me resultaría mucho menos doloroso - concedió Karachi, aliviada por la alternativa que se le ofrecía.





10.

  - Buenos días - saludó fríamente Akron a  su desagradable vecino. Desde que fuera amenazado, rehusaba toparse con él pero seguía espiando todos sus movimientos.

 - Si le parecen buenos... Diría que hasta que usted apareció eran extraordinarios, ahora ya, no lo son tanto - sentenció Penton con retintín.

  - Un día precioso, ¿no cree? - Penton hizo intención de seguir caminando pero Akron continuó con la charla -. Hay un revuelo tremendo en torno al palacio. Dicen que uno de los Tuzla de confianza del presidente  contraerá matrimonio próximamente.

 - ¿Si? ¡No me diga! ¡Qué notición!

 - Todo Lantonafagrostinobakia disfrutará del enlace. El presidente nos beneficiará con una importante diezma en los impuestos. Eso le hará ilusión. Es muy buena noticia, ¿no le parece?

 - ¡Cojonuda! 

 - He oído que la afortunada no es de aquí. Es una chica muy mona que, junto con una amiga, regenta la tienda de cosmética natural. ¿La conoce usted?

 - No, creo que no - contestó al tiempo que intentó alcanzar la verja pero Akron le cortó el paso.

 - Yo la conozco personalmente. Es una chica encantadora. Su socia si es lantonafagrostinobakiana - argumentó con cierto orgullo -. Muy mona también. Honradas ambas y... No sé de qué estaba hablando.

 - Decía algo de  chicas monas. Es usted un viejo verde - acusó Penton, propinando un empujón al vecino, que le hizo tambalearse.

  - No señor. Viejo verde no soy. A mi como a cualquier hombre, me gusta admirar lo bonito de la vida y estas chicas, le aseguro que son muy bonitas. ¿No le gustan a usted las mujeres?

  - ¡Claro que me gustan! ¿Por quién me ha tomado?

  - ¡Ya recuerdo lo que iba a decir sobre las chicas de la tienda! Ellas mismas elaboran los potingues: cremas, colonias, jabones... ¡Una maravilla!, se lo aseguro. Probé en una ocasión una espuma de afeitar que...

  - Me importa un bledo lo que usted pruebe o deje de probar. No es más que un viejo chocho empeñado en hacerme la vida imposible.

  - Su fama crece día a día - prosiguió Akron desoyendo los fatuos comentarios de su agrio vecino -. También venden los productos en Tampere y Osorno.

  - ¡Qué interesante! - añadió Penton mostrando aburrimiento.

  - Muy interesante, ya lo creo - añadió el viejo entusiasmado -. Y todavía hay más: Ferganá, la esposa del presidente es clienta habitual y se han hecho muy amigas. 

  - Es usted un cotilla. Déjeme pasar de una vez - Penton propinó tal empujón que el vecino tuvo que aferrarse fuertemente a la verja para no caer.

  - Algunos Tuzla también frecuentan la tienda. Se dice que la muchacha conoció a su novio por sus visitas frecuentes. ¿No le parece romántico?

  - Me parece una solemne estupidez. Déjeme en paz de una vez. No soporto sus chismorreos.

  - Pues a mi me parece una historia singular - Akron bloqueó el camino del vecino -. Resulta apasionante que un Tuzla, mano derecha del presidente, según  dicen, se haya enamorado de una muchacha que como usted no es lantonafagrostinobakiana.

  - ¡Váyase con sus habladurías de vieja urraca a la mierda!

  - En realidad quería hablarle de otro asunto, Penton - propuso el hombrecillo, entornando los ojillos chispeantes.

  - No me interesa. Sabe perfectamente que no le devolveré el coche -  contestó el otro, una vez de traspasar la verja y encaminarse hacia la entrada de la casa.

  - No es del coche de lo que quiero hablarle.

 - Creo que no lo ha comprendido. Vamos a ver, ponga atención. No me in-te-re-sa. 

 - Yo creo que sí - la voz de Akron sonó cercana a la espalda de Penton, casi sibilina -. Solo le robaré unos minutos, se lo aseguro.

  - El caso es que no tengo ni medio minuto más para dedicárselo a usted - Penton siguió caminando.

  - No sé si sabrá que esa chica, la de la tienda de cosmética natural, llegó a Samarinda la misma noche que usted - Akron se regocijó ante la brusca parada del vecino -. Sé de buena tinta, que huía de un fulano que la agredió sexualmente fuera de nuestras fronteras y llevo tiempo preguntándome quién será ese tipo. Con lo del asunto de la boda, todo esto saldrá a la luz.

  Penton clavó los pies en el umbral de su casa, apretando el pomo de la puerta como si fuera de goma y lo pudiera doblar a su antojo. Se giró y por primera vez en mucho tiempo, clavó su gélida mirada en el pequeño hombrecillo, que a su vez le observaba, esgrimiendo la sonrisa del triunfador.

  - ¿Qué está insinuando usted?

  - He hecho indagaciones, por orden directa del presidente, no vaya a pensar que no tengo otro quehacer y que me dedico a chismorrear por ahí a mi antojo.

  - ¿Qué clase de indagaciones?

  - He llegado a la conclusión de que el fulano que agredió a la muchacha es usted.

  - Usted es un difamador. Pero se arrepentirá de haberse cruzado en mi camino. Le denunciaré y será encarcelado de inmediato. Aunque debería estar encerrado en el psiquiátrico con camisa de fuerza.

  - No se atreva a amenazarme. Le aseguro que no se conduce por buen camino. Le he contado lo de la chica de la tienda porque...

  - ¡Por lo que más quiera, Akron! ¡Olvídeme! - Penton estaba a punto de perder la poca paciencia que le quedaba.

  - He pensado que podíamos llegar a un acuerdo - continuó el viejo sin inmutarse.





11.

  - ¡Samara! - exclamó Karachi con la preocupación reflejada en el semblante - la república no tiene nada en mi contra pero me siento muy desgraciada.

  - ¿Qué dices? Es una maravillosa noticia.

 - Estoy obligada a contar mi secreto, de lo  contrario, seré encarcelada.  Tendré que confesarme ante Ferganá, que aunque me da mucha confianza, no me atrae la idea.

  - Es buena noticia. Conoces a Ferganá. Es una mujer dulce y comprensiva - hizo una pausa antes de interesarse -: Lo que no entiendo es la razón de que tengas que contar algo que mantienes en secreto desde tu llegada.

  - El padre de Dayton era la mano derecha de Pevek y le profesa gran cariño a toda su familia. Hay algo más. Me temo que no conoces las leyes de tu país al completo o no has querido advertirme de ello. Tal vez con tu mejor intención, no hayas querido desilusionarme...

  - ¿A qué te refieres? - interceptó Samara recelosa.

 - El presidente acepta que me case con Dayton, no se opondrá aunque no sea oriunda de Lantonafagrostinobakia...

  - ¡Estupendo! ¿Dónde está el problema?

  - Deja de interrumpirme. Estoy desolada. Todas las mujeres del país tienen que llegar vírgenes al matrimonio. ¿Por qué no me lo dijiste? Según Pevek, así ha sido desde las generaciones más remotas. Si lo hubiera sabido antes, no hubiera hecho caso a los requiebros de  Dayton. Después de toda mi lucha interna, seré encarcelada.

  - No seas tan dura contigo misma. Un cerdo te violó.

  - Será mi palabra contra la de nadie.

 - Buscaremos una buena abogada. Alguien tiene que ayudarte. No puedes ir a la cárcel siendo la víctima. Además hay algo que no me cuadra en esta historia.

  Karachi no comprendió.

  - ¿Crees que Podgorica tiene idea de lo que te pasó?

  - ¿Cómo iba a tenerla?

  - Es la primera vez que oigo lo de la virginidad. Tal vez Dayton sospeche algo raro. Cabe la posibilidad que él mismo o alguna otra persona le haya ido con el cuento a Pevek y éste, para ver tu reacción, te haya largado, digamos, esa pequeña mentira.

  - No entiendo dónde quieres ir a parar. A Dayton no le he mencionado el asunto nunca. Es imposible que sepa algo.

  - Verás, si la historia de la virginidad fuera cierta, Dayton lo sabría. Y sobre todo la conoceríamos las ciudadanas, nos atañe a nosotras más que a nadie. Es cierto que somos un país bastante peculiar pero nadie se atrevería a decir que estamos anclados en siglos atrás. ¿Me sigues?

  - No del todo.

  - Si eso fuera cierto, Dayton, que es un hombre íntegro y que te ama con locura, no hubiera intentado nada más allá de un casto beso, ¿no lo crees?

  - ¡Es cierto! - Karachi sonrió con alivio - ¿Crees que Dayton le sugirió a Podgorica que se inventara algo para hacerme confesar?

  - Estoy completamente segura de ello.

  - Pero no puedo estar segura. Necesito salir.

  - Daremos un paseo hasta el río - ofreció Samara.

  - ¡No lo entiendes! Trato de decir que tengo que salir del país esta misma noche.

 - ¿Estás loca? Sabes de sobra que Samarinda está tapiada. Es imposible atravesar las fronteras por cualquiera de las tres  ciudades hacia el exterior. Los guardias disparan antes de preguntar.

  - Tú podrías despistar a los Tuzla.

  - Es imposible abandonar el país. Te electrocutarías solo con rozar la alambrada de la muralla - Samara le observaba muy asustada -. Olvídalo.

  - No puede ser tan peligroso como dices. Para entrar lo tuve muy fácil. Ni siquiera sufrí una leve descarga.

 - No funciona igual, amiga. La alambrada de salida es electrocutante, te lo aseguro. Muchos lo han intentado.

  - Tienes que ayudarme. Utilizaré el salvoconducto que poseo para moverme por Osorio y Tampere. Tengo que buscar una salida como sea y luego dar con el fulano que me violó.

  - Lo dices como si fuera tan fácil. Vete a saber dónde para ese tipo. ¿Te crees que te está esperando a la vuelta de una esquina? Y en caso de encontrarlo, ¿qué piensas hacer?

  - Matarlo, no me queda otra opción. Ya he comprobado que la justicia le ampara más al delincuente que a mi.

  - ¡No digas tonterías!

  - No puedo con esto, Samara. Voy a volverme loca - se dejo caer junto a su amiga y buscó refugio entre sus brazos.

  - Míralo por el lado bueno. Ese cerdo te trajo hasta aquí. Has podido rehacer tu vida, eres feliz, te has enamorado. Mas pronto que tarde, demostrarás tu inocencia y cuando se sepa lo sucedido, Pevek tomará cartas en el asunto y el fulano, se esconda donde se esconda, será detenido y  pagará por su maldad.

  - No tengo tiempo.

  - Tienes la razón de tu lado. Lo más fácil y honesto será que confíes en Ferganá. Ella será tu baluarte de salvación.





12.

 A menudo Penton solía pasear por los aledaños de  Lantonafagrostinobakia. El país era tan pequeño que se podía recorrer tranquilamente en pocas horas en coche. En estos paseos, buscaba la manera de poder escapar. Para disimular, solía entrar en algunos comercios, con la idea de buscar algún posible compinche. Así descubrió el paradero de la fulana que le denunció y que forzó su entrada en el país. Se llevó una gran alegría, aunque esta pequeña felicidad fue efímera, ya que la muchacha  siempre estaba acompañada de un bobtail de gran tamaño que la seguía a todas partes. Aunque sería difícil pillarla sola, estaba convencido de que en algún momento tendría la oportunidad de volver a poseerla. El animal parecía bastante manso, respondía al nombre de Dingli y era propiedad de la socia de la fulana. Fue la casualidad la que propicio este descubrimiento en uno de sus paseos. A partir de ese momento, merodeó por los alrededores con frecuencia, teniendo la precaución de no ser visto. Así descubrió que uno de los Tuzla, mano derecha del presidente contraería matrimonio con la chica en breve. Esto lo supo unos días antes de que Akron le fuera con el runrún. Se sonrió a sí mismo, pues en la nueva circunstancia vio la posibilidad de que la guardia se relajase y le sería medianamente fácil escapar.

 




13.

  - No he pegado ojo en toda la noche. Me duele la cabeza como si una apisonadora me taladrase el cerebro - anunció Karachi en la mañana del jueves en que tenía que entrevistarse con Ferganá.

  - Deberías haber hablado antes con Dayton. Si realmente te ama, no le importará asumir tu pena.

  - Sabes que me han prohibido verle hasta que no confiese.

- Siempre hay otra alternativa - aseguró Samara.   

- ¿Cómo demostrar mi inocencia? Existe la posibilidad de que piensen que trato de inspirar lástima para conseguir casarme. ¿Cómo demostrar que lo que digo es la verdad?

  - Tranquilízate. Estoy segura que Ferganá te lo hará más fácil de lo que crees.

  - Si lo de Ferganá no funciona, tengo que intentar la huida. Prefiero morir intentándolo que pasar el tiempo en una fría celda y después pasar a ser menú de cocodrilos.

  - ¿Has oído lo que te he dicho? - Samara dio un golpe en la mesa para hacer reaccionar a su amiga -. Todo irá bien. Debes confiar en ti misma.

 - Amo a Dayton pero cada vez que intenta algo más que besarme, se me representa la cara del agresor. Aunque cuente mi historia y sea creída, imagínate que no puedo volver a sentir como mujer, a pesar de que todo esté de mi lado. 

  - ¿Quieres escucharme? - zarandeó a Karachi sujetándola con fuerza por los hombros -. Tu agresor te ha hecho un gran favor, aun sin pretenderlo.

  - ¿No me digas? - preguntó con ironía -. ¿Quieres decir que debería lanzar un bando invitándole a la boda?

 - Hablo en serio. De no haberte topado con él aquella maldita noche, no hubieras conocido a Dayton.

 - Estoy aterrada - confesó Karachi, sorbiendo el café humeante ofrecido por Thira, la dueña de la cafetería más próxima a la tienda.

  - Todo será favorable a ti - aseguró Samara, mientras Thira se unió al abrazo. 

  Apenas pasaban unos minutos de las nueve de la mañana, cuando la campanilla de la puerta les dio aviso de lo que se avecinaba.

 - Karachi Faial, debe acompañarnos al palacio presidencial - anunció un Tuzla, cuando Karachi en persona abrió la puerta -. No tema. Nosotros la escoltaremos hasta el palacio presidencial. Necesita dos testigos de su confianza.

 - Nosotras somos los testigos - anunció Thira con orgullo, señalándose a sí misma y a Samara.

  - La tienda no puede cerrarse. Tenemos muchos pedidos y nuestros clientes... - Karachi habló atropelladamente, sin terminar de pronunciar bien las palabras.

 - No te preocupes ahora de eso, lo importante eres tú. Me he ocupado de todo - tranquilizó su socia.

  - Pero...

 - Nada de peros. Asmara y Yalusa se encargarán del negocio. Lo hacen de maravilla, bien lo sabes. Agadir se ocupará del almacén y los pedidos, como siempre. Todos te adoran y te apoyan.

 - Debemos salir ya - interrumpió el Tuzla.

 - Estamos listas - aclamaron las amigas de Karachi. asiéndola cada una de un brazo.





14.

  - ¡Vaya al grano! No tengo todo el día - Penton se mostró ceñudo ante la insistencia de Akron.

  - Intentaré ser todo lo breve que me sea posible - Akron hizo una pausa para aclararse la voz -. Creo que usted ya sabe que esa chica reside en Samarinda y...

  - No tengo ni idea de quién es esa chica - suspiró el vecino iracundo mostrándose molesto.

  - Ahora se dirige a Palacio para contar la verdad, es decir, la verdadera historia de su llegada a Lantonafagrostinobakia. Le acompañan su socia y una vecina, que la adora como si fuera la hija que nunca tuvo y las escoltan una docena de Tuzla.

  - Al grano, Akron, al grano - interceptó Penton, irritado.

  - Perdóneme. En ocasiones me es difícil concretar los pensamientos y darles la forma correcta. Tiendo a excederme más de lo necesario pero...

  - ¿Quiere decirme de una puñetera vez lo que pretende?

  - Tengo la certeza, de  que usted es el agresor de esa dulce criatura que nos ha encandilado a todos. Si usted no hubiera estado implicado en el asunto, me habría mandado a paseo como hace habitualmente. Sin embargo, ha querido escuchar mis argumentos...

  - ¡No lo soporto más! - vociferó el aludido -. Es usted infumable.

  - Todavía está aquí y pretende averiguar qué es exactamente lo que sé de usted...

 - No se pase de listo o se las verá conmigo - Penton se abalanzó contra Akron y sujetándole por las solapas de la americana, le amenazó, bloqueándole los movimientos.

 - No se impaciente, Penton. Piense que en la cárcel tendrá mucho tiempo para meditar sus actos y en su arrepentimiento. He pensado, que si confiesa antes de que la muchacha hable... Yo pediría clemencia para usted. Cierto es que desde su llegada, ha habido innumerables quejas sobre su persona, pero todo puede controlarse. Tengo cierto poder, no vaya a creer usted que soy un don nadie. Hay donde me ve, fui un alto cargo de los Tuzla, muy vinculado al presidente, aunque ahora ya estoy jubilado, bien podría interceder sobre usted ante el presidente.

 - ¡No me haga reír! ¿Pretende que confiese algo que se imagina usted que en algún momento le he hecho a esa chica? ¡No sé de qué me habla! - Penton tanteó la posibilidad de que el viejo se estuviera echando un farol. Conocía bien a la mosquita muerta, calientapollas e intuía que sería incapaz de ir largando por ahí, lo ocurrido en Tierras Alavesas en el pasado. Siempre se defendería aludiendo que sus encuentros fueron consentidos. Definitivamente, el viejo se estaba echando un farol.

  - Tengo pruebas - las palabras de Akron sonaron como un bombazo -. Esa chica y usted llegaron la misma madrugada a Lantonafagrostinobakia.

  - El hecho de llegar al mismo tiempo no me hace culpable de nada. No es usted más que un viejo charlatán al que le gusta joder a los demás. Si esa fulana y yo llegamos a la vez, aquí y en cualquier otro lugar, se llama casualidad.

  - Le aseguro que si cuento todo lo que de usted he averiguado, nadie podrá salvarle - aventuró Akron.

  - Sugiere que debo confesar algo que no he hecho. Y dígame, ¿ha pensado usted en esa confesión o también tengo que inventarla yo? - Penton creyó percibir una nota de maldad en la mirada de Akron.

  - De nada le valdrá intentar zafarse - hizo una breve pausa y sonrió, antes de seguir con los argumentos -: Soy muy observador, he tenido que serlo en el trabajo. Ahora me complace distraerme observando la vida de los ciudadanos. Samarinda es muy pequeño, señor Penton y a poco interés que ponga uno, se acaba enterando de todo.

  Penton agarró con fuerza al viejo por el brazo. Le condujo casi a rastras hasta el patio trasero. Akron andaba a trompicones, forzado por la violencia del vecino. Éste, seguro de que nadie les observaba, preguntó con voz crispada:

  - ¿Qué es exactamente lo que usted sabe?

 - Que no es más que un simple mamarracho sin escrúpulos, un sinvergüenza de tres al cuarto y un chulo indecente.

 - ¡Vaya, señor Akron! ¿Ha llegado usted solo a esa vaga conclusión? - soltó al anciano y se separó de él como si fuera un repelente bicho -. ¡Váyase a joder a otro!

- También sé que su delito es más que suficiente para ejecutarlo en Lantonafagrostinobakia. Muy pronto la joven pasará a ser un miembro reputado en nuestra comunidad. Sus hijos serán lantonafagrostinobakianos y por esa razón confesará su pequeño secreto. Ya ve, señor Penton, siempre que se suma dos más dos, da cuatro.

 - Jamás podrá probar sus absurdas teorías - Penton alcanzó la pala que Akron utilizaba en las labores de jardinería, en un momento en que el viejo le dio la espalda.

 - Se investigará el asunto y no le quepa duda que tarde o temprano, todo su mundo turbio saldrá a la luz. La verdad siempre triunfa - hizo una pausa mientras se daba la vuelta lentamente para encararse al vecino -. La muchacha se lo relató a su socia en la trastienda del negocio que ambas regentan. Aunque sospeché siempre de usted, al igual que Pevek Podgorica, nunca hubiera conocido la verdad sino fuera por encontrarme en el lugar adecuado y en el momento preciso.

  Penton propinó el primer golpe en un costado de la cabeza del viejo Tuzla. Éste perdió el equilibrio, trastabilló y por fin cayó sobre la hierba húmeda. A continuación le asestó seis golpes más, con saña, cada uno más fuerte que el anterior, hasta que Akron dejo de moverse. El asesino observó exhausto la pala ensangrentada y el cráneo destrozado del vecino. Respirando con dificultad, intentó pensar en la mejor manera de deshacerse del cadáver sin resultar sospechoso, ya que estaba lejano el 29 de junio. Escuchó sirenas de la policía cada vez más cerca. Limpió el mango de la pala para quitar las huellas y la lanzó al fondo del jardín.

  - ¡Socorro! Se trata de mi vecino, creo que está malherido... - vociferó corriendo a lo largo de la calle cuando los coches de los Tuzla, disminuían la velocidad.

  - ¡Arrodíllese! ¡Ponga las manos sobre la nuca! - ordenaron varias voces. Un Tuzla se abalanzó sobre el sospechoso -. ¡Queda detenido por el asesinato de Akron Kayseri!

  - Se están equivocando. Soy inocente. Llegué hace un momento y lo encontré tumbado en el jardín. Al entrar en el patio, descubrí que un hombre saltaba la tapia - se defendió convencido de que se libraría fácilmente de la acusación. En cuanto a lo de la fulana, juraría que no conocía de nada a la chica.

  - De nada le servirá su charlatanería - auguró un miembro de los Diyarbakir, precisamente el que tenía pegado a sus talones desde su llegada.

  - Tienen que creerme. No he tenido nada qué ver en el asunto.

  - Desde su primera entrevista con Pevek Podgorica, se sospechó de usted. No pareciéndole al presidente sincero, le hizo vigilar día y noche. Se eligió su domicilio no al azar, sino porque en la casa contigua vivía Akron, un antiguo Tuzla, muy querido y admirado por el presidente por sus buenas dotes detectivescas. Hace unos meses, Akron escuchó por casualidad una conversación mantenida por las muchachas de la tienda de cosmética natural, una de ellas bien conocida por usted para desgracia de la joven. Como comprenderá, Akron reveló el misterio a Pevek y éste una vez de saberse el delito, hizo que se le instalaran micrófonos y cámaras, tanto en el exterior como en el interior de la vivienda. Por consiguiente todo lo acontecido esta tarde aquí esta grabado - el Diyarbakir se sintió orgulloso de la perorata.

  El criminal fue esposado y conducido a pie hasta el palacio de la república para que todo el pueblo lo viera y sirviera de escarmiento. Podgorica les esperaba al pie de la escalinata principal.





15.

  Ferganá acompañada de sus hijas Cabinda y Nagoya, que actuaban como testigos de la otra parte, escucharon en completo silencio el estremecedor relato que Karachi expuso sobre los acontecimientos acaecidos en la noche del último 29 de junio en Tierras Alavesas y de su agónica llegada a Lantonafagrostinobakia. Las cinco mujeres le escucharon cohibidas sin dejar de consolarla.

  - Todo se solucionará favorablemente para ti a partir de ahora, querida - Ferganá consolaba a la muchacha con leves palmaditas y la mecía con ternura entre los brazos -. Pronto te casarás con el hombre que has elegido y seréis muy felices.

  Varios Tuzla y Diyarbakir se divisaron a lo lejos. Avanzaban a buen paso hacia el palacio presidencial de la república con el detenido. Sus rostros denotaban tristeza. Karachi gritó histérica y se abalanzó sobre el prisionero, abofeteándolo y propinando diversos y fuertes golpes en el cuerpo. Penton intentó esquivarlos, sin lograrlo. Nadie hizo ademán de parar la agresión, a pesar de que el prisionero pedía auxilio con insistencia. 

  Dayton, que por orden del presidente estuvo ausente durante algunos días, se abrió paso entre la multitud que poco a poco se fue congregando en los jardines de palacio y los alrededores.

  - ¿Qué ha ocurrido? - preguntó asustado por la reacción violenta de su amada.

  - Este cabrón me violó hace un tiempo. Apenas  permaneció detenido. Fue puesto en libertad y no paró hasta encontrarme. El desgraciado intentó hacerlo de nuevo. Estoy convencida de que seguía mis pasos y en el momento que tuvo oportunidad, escudándose en la noche de luna nueva, me intimidó. Fue en la noche del 29 de junio pasado. Hui acobardada, sin saber dónde. No hallando refugio alguno y siendo la noche excesivamente cerrada, me perdí en los campos. Así fue como llegué a estas acogedoras tierras - exhausta hizo una pausa, sin dejar de abrazar a Dayton y sintiéndose protegida por todo el pueblo lantonafagrostinobakiano que escuchaba en completo silencio el abrumador relato, prosiguió -: Ni un solo minuto he podido olvidarme de sus manos ni de su agresividad emponzoñadas. Me es imposible borrar su horrendo rostro, incluso sueño con él cada noche y revivo una y otra vez lo sucedido. Me despierto asustada y constantemente vivo atemorizada, pensando que volverá a aparecer ante mi en cualquier momento. 

  - Ahora comprendo todos tus miedos y horrores.

  - Serás ejecutado al amanecer - sentenció Pevek Podgorica.

  - Mañana no es 29 de junio - Penton intentó eludir el anuncio de muerte, pensando en que si era conducido a la cárcel, tarde o temprano, encontraría la manera de escapar y matar a la mujer que le acusaba -. Las leyes hay que cumplirlas.

  - ¿Olvidas que soy el presidente de la república? Por decreto ley queda permitido cometer crímenes a lo largo de un segundo día al año - vociferó el mandatario ante los numerosos lantonafagrostinobakianos que se congregaron en las inmediaciones del palacio.

  El pueblo vitoreó y aplaudió dando muestras de agradecimiento.

  - No es justo - se defendió el acusado -. Esta mujer miente, no la he visto en mi vida. ¡Soy inocente!

  - Acabas de matar a un buen hombre, muy querido por todo mi pueblo - extendió los brazos, como queriendo abarcar a todos los que allí se congregaban -. A partir de hoy, el 9 de marzo será fecha importante en vuestra vida. Por segunda vez en el año, los lantonafagrostinobakianos podréis tomaros la justicia por vuestra cuenta, sin que seáis penalizados por ello.

  Salvas, timbales, vítores y aplausos resonaron, apagando las protestas, súplicas y sollozos del cobarde, que solo fue capaz de moverse arrastrado por los Diyarbakir. Fue conducido al calabozo de aislamiento.

  Poco después del amanecer del día siguiente, 10 de marzo, cuando apenas una lluvia fina ennegrecía el asfalto y mientras la niebla se disipaba, el preso fue conducido a la plaza Szombathely, donde fue fusilado por un pelotón Tuzla, ante la atenta mirada de todo el país. 

  El pueblo vitoreó al presidente.

  A continuación los mercados, las fiestas en las calles principales, la música, los bailes y la algarabía del país, enorgullecieron a Pevek Podgorica.

  Karachi y Dayton estrenaban con plenitud y sin resquemores su amor a la orilla del río Agarak.

  


    

   


 

  

martes, 17 de agosto de 2021

DE TODAS LAS COSAS IMPORTANTES...

 


  

  De todas las cosas importantes que quiero atesorar...

  Me quedo con tu sonrisa fresca, sincera, enamorada del viento, que apasiona a la tarde fresca de un día de verano.

  Me quedo con tu ternura, el alivio y la calma entretenida, que mudan la calidez de los inviernos.

  Me quedo con tu fuerza y la apetencia de morar entre la profundidad de la amistad eterna.

  De todas las cosas importantes que deseo se me solapen a la piel primera...

  Me quedo con tu generosidad arrolladora, calidoscópica, profunda y verdadera que me otorga gozo placentero.

  Me quedo con tu energía que arranca prematura y arrasa con la vehemencia del deseo encendido, abarcador de lo imposible.

  Me quedo con tu generosidad innata, que abre todas las puertas,  sobre todo las del abrazo sincero al corazón.

 De todas las cosas importantes con las anhelo embriagarme...

 Me quedo con tu pasión elucubradora, matiz de mezcolanzas sin proporciones.

 Me quedo con tus rasgos caligráficos que aderezan tu persona.

  Me quedo con tus metas, tus aspiraciones, tus letargos, tus logros y tus pesares.

  De todas las cosas importantes que me obligo a reenviarme a la memoria...

  Me quedo con tu persona, con tu bondad, con tu optimismo y tu alegría...

  Me quedo con los cauces ensortijados de todo lo que de ti he recibido...

  Y me quedo contigo.

lunes, 19 de julio de 2021

ESTO ES UN CUENTO CHINO

   






VITORIA-GASTEIZ, 4 DE JULIO DE 2142

  La abuela Carlota, que nos dejó hace poco menos de un año, a la temprana edad de 120 años, me decía con frecuencia que tenía nombre de vino de Rioja Alavesa, del bueno, de Crianza. Del que tenía denominación de origen y se elaboraba con uvas tempranillo. Soy Muriel.

  Por alguna razón poco razonable, como casi todas las razones, me llegó el recuerdo de la abuela en aquella fría noche. Transcurría el noveno mes que nevaba sin cesar. El hielo hacía casi inviable circular por las calles. No había ciudadano que no saliera a la calle pertrechado con palas y picos eléctricos, de batería o de pilas.

 Desvié la mirada con cierto recelo hacia el sujeto estático que permanecía inerte sobre la capa helada del asfalto. Su cabeza descansaba a mis pies. El me devolvió una mirada fija, fría, inalterable. Me estremecí.  El hielo del pavimento, se teñía paulatinamente de rojo. El tono iba desde el rojo intenso hasta el marrón oscuro, pasando por el granate. Faltaban escasamente dos horas para amanecer.

  - Estás temblando - la voz de Fonalso sonó a mi espalda como un jadeo confuso.

  - No es nada. Estoy bien - deseé convencerle con un susurro. 

  - Estás temblando - repitió y la voz me llegó como un eco.

  Observé el termómetro digital más cercano.

  - ¿Cómo quieres que esté? ¡Tenemos 19º bajo cero! - aullé como si fuera el responsable de la baja temperatura.

  - Estás temblando - volvió a repetir, posicionándose a mi lado pero sin mirarme. Parecía que fueran las únicas palabras que comprendía.

  - Ya te he oído - intenté no resultar muy tajante.

 - La baja temperatura no es razón suficiente - añadió clavándome sus ojos fríos y azules en los míos, cálidos y de miel -. hace meses que la temperatura se mantiene igual y no tiemblas de este modo.

 - Es por él - susurré, observando el cuerpo quedo del hombretón que yacía en el hielo.

 - ¿Qué hacemos?

- ¿Cómo que qué hacemos? ¡Nos lo llevamos, por supuesto! - ordené fríamente.

- Pesa demasiado. Este tío rondará los cien kilos o igual me quedó corto.

- Así es. Y supone una buena provisión de carne para una larga temporada - me escuché impasible e inalterable -. ¡Trae el coche! Te espero aquí.

- Habrá que cubrirlo con hielo.

Me acuclillé y me afané en acumular grandes placas de hielo sobre el enorme corpachón.

- Y... ¿Si alguien te pregunta o se acerca con malas intenciones?

- Déjate de chorradas y trae el coche de una vez - vociferé aterida de frío y visiblemente cansada.

- Me sabe mal dejarte sola.

- Por favor, Fonalso, ¡vete ya!

 Dudó un momento. Movió los labios con intención de replicar, pero se mantuvo callado y sin moverse.

- Cuanto antes te marches, antes volverás.

- Quédatelo. Te servirá de defensa - me tendió el pico que utilizamos para romper el hielo al caminar.

 Avanzó calle Francia adelante, moviéndose con dificultad. Me pegué a la pared, evitando cualquier ataque por sorpresa. Sujeté el pico con fuerza. Camuflé la vieja navaja de la abuela, de la que no me separaba jamás, en la manga del forro polar. Un ojo del hombretón quedó a la intemperie, mientras continuaba fijo en mí con malsana insistencia. Desistí abandonar el precario refugio para cubrirlo por completo de hielo. No había un alma en la calle. Tampoco circulaban coches. Ni un sonido humano. Ni una palabra. Solo se escuchaba el soplo profundo, devastador y recio del viento gélido. En esas estaba, cuando me sobresaltó el sonido de la llamada del relojteleminimóvil. Tuve que liberarme del guante de piel de foca para hurgarme en la ajustada manga del neopreno, mientras sujetaba el pico entre las piernas. En la pantalla apareció una playa paradisíaca. Tumbado a pleno sol permanecía el bronceado cuerpo de Lúa, mi hermana. Comencé a llorar de rabia, maldiciendo mi mala estrella.

  - ¡Hola, querida! - la voz de Lúa sonó cantarina -. Hace un tiempo maravilloso -. ¿Qué haces en la calle? ¿Todavía no ha amanecido? ¡No sé qué hora es allí! ¡Es tan fácil olvidarse de esas tonterías!

 - Es una larga historia - respondí sin ganas de darle más explicaciones.

  - Esto es precioso. ¡Lo mejor que han visto mis ojos! - continuó sin mostrar más interés por mí.

 Sonreí. Para Lúa, el último lugar de vacaciones, siempre y por sistema, resultaba ser lo mejor que habían visto sus ojos. Lo mismo aseguró de la Luna el verano anterior y del Ártico, dos veranos atrás.

  - ¿Qué hora es en Groenlandia? - pregunté por hablar de algo. No tenía ningún interés en conocer la hora de aquellas latitudes.

  - Hora de disfrutar en la playa, corazón. No sabes que nenes más monos hay por aquí. Claro, que la mayoría no son nativos - movió el relojteleminimóvil, que descansaba sobre la mesa contigua, al lado de una copa enorme con un jugoso licor dorado y hielos de colores, para que pudiese comprobar lo monos que eran los nenes -. ¿Ves?

  - Veo - musité.

  - ¡Qué sosa eres, Muriel! - guardó silencio unos instantes. Luego, más por curiosidad, que por mero interés, preguntó -: ¿Ocurre algo?

  - Continua nevando y helando.

  - ¡Vaya novedad! Me refiero... ¿Ha pasado algo nuevo?

  - Nada destacable.

  - ¿Nada? Está oscuro como la boca del lobo. Estás sola en la calle, parada como un pasmarote, con un careto que te lo pisas y... ¿Qué es el bulto del suelo?

  - Un tío.

  - ¿Un tío de quién?

  - Un tipo, Lúa. ¡Yo qué sé quién es!

  - Ese tipo se llamará de algún modo, digo yo.

  - No tengo ni idea.

  - ¿No tienes ni idea? ¿Cómo que no lo sabes? ¿Qué hace tumbado en el suelo cubierto de hielo? ¿Es una especie de apuesta o algo así?

  - Algo así.

  - ¿Algo así? ¿Qué quiere decir algo así?

  - Está muerto, Lúa - confesé, sintiéndome más tranquila.

  - ¿Muerto?

  - Por favor, Lúa deja de repetir cada cosa que digo.

  - No trates de cambiar de tema. Explícame ahora mismo qué haces en plena calle, de noche y con un muerto.

  - Nos lo tropezamos Fonalso y yo al volver del cine.

  - ¿Del cine? ¿Habéis ido al cine con el frío que hace?

  - ¿Eres boba o el calor te ha nublado el entendimiento? - estallé -. Estamos a 4 de julio. No ha parado de nevar y helar desde mediados de noviembre del año pasado. La vida continua, querida Lúa. No todos tenemos la oportunidad de viajar a tierras cálidas.

  - Perdona Muriel. Es que en cuanto salgo de casa, pierdo la noción de algunas cosas. Desconecto rápidamente. Para tres meses que tengo de vacaciones, no me voy a preocupar de la nieve, precisamente - hizo una pequeña pausa y añadió en tono nervioso -: Quizá te parezca un comentario tonto pero no entiendo qué haces a estas horas en la calle, con un tipo al que no conoces de nada y que por añadidura está tieso. ¿Dónde está Fonalso?

  - Ha ido a por el coche.

  - ¿A por el coche? ¿No estaréis pensando en comeros el cadáver?

  - Lo hace todo el mundo, Lúa. Estoy harta de gatos famélicos y ratas, portadoras de enfermedades, la mayoría de las veces. La carne humana es muy nutritiva. Lo dicen en todos los medios. Los expertos que estudian estas cosas, no paran de recomendarla.

  - ¡Cuatro locos, hermana! ¿No te das cuenta? De seguir divulgando semejantes tonterías, llegará un día en que nos matemos entre nosotros, con el pretexto de que es más sano comerse al vecino que una pata de gato.

 - Los felinos empiezan a escasear - me disculpé sintiendo remordimientos.

  - Todavía se vende comida normal, de la de toda la vida, en las tiendas.

  - Sabes de sobra que a precio de oro. No nos lo podemos permitir.

  - No sabéis nada de él. Tal vez esté enfermo. ¡A saber de qué se ha muerto ese pájaro! ¡Podéis morir! ¡No lo hagas! Prométemelo, por favor, Muriel.

  - No está enfermo.

  - ¿Cómo lo sabes? ¿Se lo has preguntado? - se mostró sarcástica.

  - Míralo - retiré un poco de hielo y le mostré el rostro blanquecino del Fulano a través del relojteleminimóvil.

  - ¿Debería conocerlo? - Lúa entornó los ojos, tratando de descubrir algún rasgo particular del cadáver -. ¿No me irás a decir que os vais a merendar a alguien de la cuadrilla?

  - Te he dicho que no lo conocemos de nada. Jamás me comería a alguien conocido.

  - ¡Al paso que vamos, no lo diría muy alto!

  - Dime la verdad, con la mano en el corazón. ¿Crees que tiene mala pinta?

  - Mala pinta no tiene pero de ahí a asegurar que esté sano al cien por cien...

  - Es un tío enorme, bien vestido, bronceado, de unos treinta y pocos años. Mira la cartera - se la mostré -. Es de piel auténtica y lleva 5300 euros, además de un montón de tarjetas.

 - ¿Más de cinco mil euracos como dinero de bolsillo? Muriel, cariño, es un  pez gordo. Lo estarán buscando y no tardarán en dar con vosotros. Moriréis en la cárcel.

 - Nadie sabe que ha muerto. No lo buscarán, ¿por qué iban a hacerlo?

 - ¿Por qué esos tipos tienen chips de seguimiento y en algún sitio saben hasta cuando mean, por ejemplo?

  - Éste no tiene implantado ningún chip.

  - ¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha confesado después de muerto? Tal vez te estén vigilando. ¿No tarda mucho Fonalso? Puede que ya esté detenido. Lo estarán torturando, cantará y en poco tiempo caerán sobre ti. ¡No tendrán piedad con vosotros!

  - No me pongas más nerviosa de lo que estoy. Fonalso tarda porque el coche es viejo y le cuesta arrancar. Respecto a lo de la vigilancia, te aseguro que nadie está tras de mí. Este tipo caminaba por nuestra misma acera, en dirección contraria. Le ha caído un carámbano de punta en la cabeza. Ha ocurrido hace media hora, tal vez un poco más.

  Escuché el sonido inconfundible  del motor de nuestro cascajo. Las luces del viejo utilitario, me enfocaron. Por tomar precauciones, me agazapé tras el cadáver, cerrando los ojos con fuerza, como si el gesto infantil me librara de ser descubierta por algún intruso. El coche se detuvo.

  - ¡Muriel! - exclamó mi compañero sacando la cabeza por la ventanilla.

  - ¡Aquí! - me incorporé -. ¿Quieres saludar a Lúa?

 - ¿Qué hay guapa? ¿Lo pasas  bien? - preguntó con aparente tranquilidad, una vez posicionado junto a mi y sonriendo, como solo los hombres son capaces de sonreír a una mujer que no sea la propia. Con esa tierna dulzura, casi babeando, sin poder apartar los ojos desorbitados de los prominentes pechos descubiertos de la rubia que se bronceaba, ajena a nuestras cuitas, en la hamaca contigua a la de Lúa.

  - Sé todo, cuñado. No hace falta que disimules.

 - Lo sabe - certifiqué ante la mirada fulminante de Fonalso -. He tenido que contárselo, ya sabes cómo es.

 - ¿Ya sabes cómo es? ¿Y cómo soy? - preguntó con su característica cara de grulla.

  - ¡Cotilla! -  me atreví  a responder.

  - Las cosas están mal por aquí - terció Fonalso, a tiempo de evitar una pelea a larga distancia.

  - ¿Problemas para conseguir las pilas para los coches?

  - Todavía podemos hacer frente a ese tipo de gastos, pero de no mejorar el tiempo... No sé qué va a ser de la humanidad - me miró sonriendo, como si su semblante tranquilo fuera garantía absoluta de que aguantaríamos y sobreviviríamos pasara lo que pasara.

  Le devolví la sonrisa. Para mi era la mejor garantía.

  - Tenemos que dejarte Lúa. No es conveniente que permanezcamos aquí más tiempo.

 - Si, es lo más sensato. Escúchame bien, Muriel. Tened mucho cuidado. Y tú - increpó a Fonalso -, no la dejes tanto tiempo sola. Andan sueltos muchos desaprensivos, capaces de cualquier cosa por llevarse carne fresca a casa.

  Me estremecí. Se habían dado unos cuantos casos de desapariciones misteriosas en los últimos meses. Cada vez eran más frecuentes.

 - Extremaremos los cuidados, no temas - prometió Fonalso, antes de cortar la conversación.

 Entre los dos cargamos en el maletero el enorme cuerpo del desconocido. Durante el recorrido hasta casa no dijimos palabra alguna. Pensaba en la abuela Carlota y en lo que diría acerca de los acontecimientos vividos en los últimos meses. Me daría ánimos para seguir luchando. No era que Fonalso no lo hiciera. A su manera, estaba pendiente de mí y me protegía. Pero la abuela era un ser especial, no solo porque nos crio a Lúa y a mí desde temprana edad, debido al fallecimiento de nuestros padres, sino porque era una mujer de su tiempo: moderna, futurista, vital y sobre todo, sabia. Tenía soluciones para todo y hubiera dado la salida perfecta sobre qué hacer en este caso concreto. Para la abuela no había lugar para la equivocación. Siempre hacía lo correcto.

  Una vez en casa, lo más difícil fue introducir el cadáver en el ascensor. No nos quedó más remedio que colocarlo atravesado en diagonal. Fonalso se adaptó en cuclillas bajo la cabeza inmóvil, mientras yo me senté sobre la piernas totalmente rígidas. De inmediato pasamos otro calvario para introducirlo en la pequeña cocina. Fue preciso desmontar la puerta, ya que alcanzó gran rigidez. Sudábamos como cerdos. Lo dejamos caer sobre la mesa, aunque las piernas y la cabeza quedaron fuera de la superficie, a ambos lados, como si se tratara de un truco de magia. Sin más dilación, Fonalso se hizo con el machete y comenzó a desmembrar el cuerpo, una vez que quedó desnudo por completo. Entonces tuvimos la absoluta certeza de que se trataba de un hombre sano. Ninguna cicatriz ni rastro de intervención quirúrgica. Guardé el dinero bajo las tablillas del linóleo del salón. Ya no existían las entidades bancarias. Todo el mundo guardaba el dinero en casa. Revisé con detenimiento los documentos del Fulano. Se llamaba Lesmo Corcuera Albéniz, estaba a punto de cumplir 38 años y era natural de Bilbao. En la cartera encontré el permiso de conducir, varias tarjetas de empresas y particulares, el carné de socio del Atlétic y otros papeles sin importancia para mí. No encontré ningún resguardo sobre la implantación de chips. Decidí meterlo todo en  un sobre, incluida la cartera y escribí la dirección para enviarlo por correo. Era lo menos que podíamos hacer por el pobre Lesmo. Una vez de que el cuerpo se transformó en filetes, chuletas, pechugas, muslos y huesos que harían buenos caldos, comenzó mi verdadera labor. Utilicé todos los táper y bolsas destinadas a la congelación de alimentos. Incluso congelé las vísceras, que para salsas resultaban suculentas, las manos y los pies para sopa y las costillas, por si el tiempo mejoraba en algún momento y era posible hacer una barbacoa en el patio trasero. 

  La ardua tarea me dejo exhausta y por primera vez en muchos meses, en cuanto me tendí en la cama, me subyugó Morfeo entre sus brazos pero inmediatamente Fonalso le dio un manotazo y lo desplazó durante un tiempo. Más tarde reapareció Morfeo y pude dormir como un bebé.




  Al día siguiente, desperté descansada y con bastante ánimo. Me sentía llena de energía y para las cinco de la mañana,  a pesar de los siete grados bajo cero que marcaba el termómetro de la cocina, estaba en pie, dispuesta a retomar la escritura del ensayo que tenía entre manos desde hacia casi un año. El día a día me resultada tedioso. Las ideas no llegaban a la mente y la imaginación desertó un lejano amanecer. En principio el tema central del ensayo eran las diferencias entre hombres y mujeres a lo largo de la historia. Me atasqué desde el comienzo e iba renqueante. Si conseguía escribir la mitad de una dina4, me daba por satisfecha, pero la mayoría de los días resultaba impensable llegar a tanto. Éste sería el quinto libro que publicaría, si conseguía dar con la clave y avanzar con rapidez.


  Normalmente escribía de noche, a partir de las veintitrés horas. Fonalso trabajaba desde casa, como casi todo el mundo en los últimos meses. A los hombres, por regla general, no les cuesta conciliar el sueño. Tal vez porque son menos retorcidos que nosotras. Los agudos ronquidos de mi chico me impedían concentrarme. El cerebro se negaba a elaborar alguna idea clara. Casi todas las noches sucedía lo mismo. Como si fuera un ritual maléfico. Unos treinta minutos después de comenzar la serenata de ronquidos, apagaba el portátil y me escondía con sigilo bajo las sábanas frías de la cama. A Fonalso es difícil que le despierte una guerra que se generé en nuestro dormitorio, pero en cuanto mi cuerpo rozaba la almohada e intentaba coger postura, me rodeaba con sus serpentinos brazos y me besaba despacio, muy delicadamente, de abajo hacia arriba, todo mi cuerpo. Algunas noches hubiera dado dinero por no seguirle el rollo. Mi ánimo, rara vez estaba por la labor de permitirme echar una cabezadita, pese a lo agotada que me sentía cada noche pero tampoco estaba para fantasías amatorias. Ahí tenía una diferencia básica entre géneros: Ellos siempre están dispuestos a hacerlo, pase lo que pase en el mundo. A nosotras, nos hacen falta algunos estímulos más, como por ejemplo, que el día nos haya motivado lo suficiente. Mi chico nunca se "atreve" a preguntar, si me apetece o no. Lo da por hecho. Gira mi cuerpo con la destreza de un experto amante y en segundos, con la pericia del mejor gimnasta, se me pone encima. No es que a mí me haga falta mucho preámbulo ni palabras románticas, pero a veces las echo de menos. No sé si les pasara a muchos hombres, pero mi Fonalso es mucho más tierno fuera de la cama que en ella. Lo hacemos. Cada noche, con variación de posturas, eso si. Con poco prólogo, también. Por mi parte de muy buen ánimo, también hay que decirlo. Metidos en harina, nunca me he negado. Según acabamos los dos, él se preocupa mucho de que yo alcance el orgasmo en primer lugar, se da la media vuelta y vuelve a sus ronquidos de rigor.

  - Ya verás que bien duermes luego - dice mi experimentado casanova cada noche antes de empezar.

  Pero no duermo, ni antes ni después.




  - ¿No tienes nada más que presentarme? - interrogó Cloe mirándome fijamente -. Esto es muy poco. No me vale.

  - Lo intento diariamente pero me es difícil. Llevo fatal lo del frío y la nieve - me disculpé.

  - Es difícil para todos - aseguró la editora con voz firme -. Te comprometiste en unas fechas y tienes que cumplirlas.

 Me asaltó la imagen del cuerpo troceado de Lesmo sobre la encimera de la cocina. Cerré los ojos y me recosté sobre el respaldo de la silla del despacho de Cloe.

  - ¿Estás bien? - se interesó y sin esperar respuesta, continuó -: Te veo muy pálida. ¿Quieres un vaso de agua?

  - No es nada. He pasado mala noche - pensé que un vaso de agua no iba a poder aniquilar mi desesperanza pero que tal vez un vermú, sería mi salvación. Nadie te ofrece algo de licor cuando estás en ese trance, entre el desmayo y el soponcio.

  - ¿Comes bien? Si tenéis dificultades para conseguir comida, puedo ayudaros.

- No tenemos problemas para conseguir comida - precisamente tuvo que hablar de comida en este momento -. Tengo el congelador a tope.

 - Muriel - su tono me pareció angustioso y suplicante -, tienes que trabajar con más intensidad. Puedes hacerlo. Sé que puedes.

 - Puedo hacerlo - me ordené, poco convencida.

 - Si tenéis problemas de dinero... No sé... Cualquier cosa que te preocupe... Ya sabes que puedes contar conmigo - ofreció con sincera amabilidad.

  - Todo está bien pero gracias de todas formas.

  - ¿Con Fonalso también?

  - Perfecto - sonreí recordando su pericia en la cama -. Sabes que es el alma de mi vida.

  - ¡Qué cursi eres a veces! - exclamó riendo de buena gana -. Si todo en tu vida está en orden, vuelve a casa, enciérrate en ese pequeño cubil que tenéis y ponte manos a la obra de inmediato. Se nos echan los días encima. No te apremiaría tanto, si tuviéramos más tiempo.

  - Haré lo que pueda - prometí con desgana.

  - Harás lo imposible - me corrigió severa -. En veinte o veinticinco días, todo lo más, el Pen Drive tiene que estar en la imprenta.

  Abandoné el despacho cabizbaja, con las ideas muertas y sin ánimo de poder resucitarlas. Pero en ocasiones, lo divino nos manda un mensaje para que tengamos la certeza de que Dios existe. Al doblar la esquina llegó el siguiente capítulo del libro, en forma de grupo turístico.



  Me aparté del centro y enfilé el camino viejo que conducía a Olarizu. Me topé con un café tranquilo, en el cual no había estado nunca. Solicité en la máquina de cafés, un capuchino y busqué con la mirada una mesa tranquila. Hacía unos veinte años que los bares funcionaban sin camareros. Las máquinas expendedoras se extendían en círculo en los recintos. Las había de cafés, de bebidas no alcohólicas, bebidas con alcohol e incluso de comida. El cliente abonaba la cantidad de dinero requerida y te devolvían el cambio. Al rato llegaba el pedido, que era preparado por la misma máquina. De la misma manera funcionaban las tiendas. Solo había un encargado, por si la máquina presentaba algún fallo, nada más. De esta manera uno podía realizar sus compras a cualquier hora del día o de la noche. 

 Una vez instalada, abrí el portátil, me concentré en el trabajo y comencé a transcribir el diálogo que poco antes había mantenido a la salida de la editorial con los turistas.

  - Perdona... ¿Serías tan amable de indicarnos si estamos lejos del Museo del Traje y el Diseño? - me abordó un grupo de jóvenes.

  - Tenéis que continuar hasta el final de la calle - respondí solícita -,  Mirad al fondo, ¿veis el letrero verde que sobresale? Seguís todo recto, Tenéis que pasar una cafetería muy grande y una librería de varios pisos. Luego torcéis a la derecha...

 - Torcemos a la derecha - repitió el que parecía ser el guía grupal, dirigiéndose a los demás para que pusieran atención.

 - Justo después de doblar la esquina hay un restaurante marciano - fruncí el ceño, intentando recordar cada edificio, paso por allí con mucha frecuencia pero cuesta recordarlo todo con precisión -. Debéis seguir todo recto hasta encontraros con una bifurcación. Tenéis que tomar la izquierda. Hay una gran floristería y el museo está en la acera de enfrente.

 Sonreí con la esperanza de no tener que repetirlo. El grupo aceptó de buen grado la explicación y una vez me lo agradecieron, una voz frenó mi camino.

 - ¿A cuántos metros está el museo? ¿No crees  que puede haber un camino más corto? 

 La voz procedía de un hombre, ¡cómo no! Como respuesta me provocaba darle un sopapo a mano abierta, sin embargo, escruté su rostro ambiguo y respondí:

 - Puede ser pero lo ignoro y no tengo ni idea de cuantos metros nos separan del museo pero siempre puedes consultar la información de Google, esa nunca falla.

  Retomé la escritura con ávida impaciencia.

  Existe una clara diferencia a la hora de expresar distancias, según la explicación dada por hombres o mujeres. Para los hombres es fácil expresarse en metros, sin embargo, las mujeres nos expresamos mejor refiriéndonos a distancias cortas, tomamos muchas más referencias, nos fijamos en otros detalles, quizá más sencillos pero igual de significativos. Creo que pocas mujeres conocemos de verdad, lo que significa una distancia, pongamos por ejemplo, de cien o doscientos metros. Para explicar la teoría, me remonté a la prehistoria. Es fácil suponer, que desde que el Hombre habita la Tierra, hombres y mujeres presentan diferencias en el modo de actuar. Tengo la certeza de que esto se debía a las diferentes obligaciones de unos y otras. Ellos dominan las distancias, porque los primeros pobladores salían lejos a cazar, debían alejarse mucho de las cuevas y volver con grandes piezas para alimentar a la familia. Animales, que como es lógico pensar, no merodeaban cerca de los poblados. Sin embargo ellas, se consagraban por entero al cuidado de la prole y apenas podían alejarse unos pasos de la cueva, lo justo para aprovisionarse de algunos vegetales y frutos para preparar el sustento. Por esta razón, nosotras, tal como nos enseñan estas primeras referencias, nos detenemos más en los detalles.

  Me sorprendí a mi misma. En poco tiempo aumenté considerablemente unos cuantos capítulos más del libro. Una idea abrió camino a otra y otra desencadenó en una tercera y para cuando me quise dar cuenta, tenía alrededor de cincuenta páginas escritas. El tiempo también avanzó. Decidí dejarlo de momento y volver a casa. 



  - ¿No recordabas que había partido? - preguntó Fonalso sin apartar la vista de la pantalla digital que ocupaba toda la pared frontal del salón.

  - Lo olvidé completamente - contesté malhumorada, me daba rabia perderme el partido. Mientras me quitaba el forro polar, los guantes y el gorro, pregunté -: ¿Cómo van?

  - Ganamos 0 - 5 y eso que jugamos con diez por doble amarilla a Soliguren.

  Desde que la nieve no cesaba de caer se modificó el calendario y horario de los partidos de fútbol. Al principio se suspendieron pero pasado el primer mes, volvió a reanudarse el campeonato, con algunas variaciones.

  - Este año volvemos a ser campeones de Liga y de Copa - aseguró Fonalso con el entusiasmo propio de todo forofo que se precie.

  Si viviera la abuela Carlota se sentiría muy orgullosa del Alavés. De ella heredé la afición y el amor incondicional por el equipo. El Alavés había pasado por muchos vericuetos pero llevaba más de ciento veinte años en Primera, por el contrario, el Barça, que durante siglos se mantuvo consolidado en Primera División, hacia más de cincuenta que no conseguía salir de regional.

  ¡¡¡GOOOOOOOOOL!!! - gritamos, saltamos,  aplaudimos y después pataleamos a dúo. Llegó el sexto del Alavés, manteniendo la portería a cero.  El Real Madrid, su adversario esta semana, estaba descompuesto, sin juego, sin iniciativa, sin aspiraciones. No en vano, era el último de la liga con tan solo cuatro puntos. En la repetición del gol, se cortó la retransmisión. Fonalso lanzó un juramento.

  - Sentimos la interrupción de la retransmisión del partido entre el Real Madrid y el Alavés, pero acabamos de recibir un teletipo desde la estación meteorológica de Tokio. Según fuentes oficiales, el temporal de frío y nieve que nos azota desde el mes de noviembre, está cercano a remitir y en pocos jornadas, volveremos a disfrutar de las altas temperaturas, propias de la estación estival en la que nos encontramos. Del mismo modo, el sol dejará de brillar en Groenlandia y los polos, donde habrá un descenso brusco de las temperaturas. Sin duda es la noticia más esperanzadora y positiva de todo el año. Perdonen las molestias y vuelvan a disfrutar del encuentro. Buenos días - el presentador más guaperas de la cadena MTF nos obsequió con una seductora sonrisa, antes de devolver la retransmisión al estadio madridista.

  - ¡Magnífico! - intenté abrazarme a Fonalso, que se deshizo de mi como quien ahuyenta a un molesto moscardón.

  - ¡Mierda! ¡Ha marcado el Real Madrid de una falta y no nos hemos enterado! - exclamó iracundo Fonalso -. Voy a rebobinar para ver el gol. 

 Desde hacia alrededor de setenta años, cada espectador podía rebobinar, parar o incluso meterse en el programa y interactuar, todo ello sin moverse del sofá.

  - No puede ser posible lo que estoy oyendo. ¿Eres consciente de lo que haces? - exclamé enfurecida sin dejar de mirarle.

  - ¿Qué hago? - preguntó a regañadientes sin apartar la vista de la pantalla.

  - Acaban de dar una noticia que nos devolverá la vida normal y tú solo te preocupas de que el Madrid ha marcado un gol. ¡Un mísero gol!

  - ¡Eso es fuera de juego! ¿En qué estará pensando el carachorra del árbitro?

  - ¿Te estás escuchando? - no daba crédito a sus palabras.

 - ¿No puedes esperar un poco? ¡Mira! Siempre intentan favorecer al Madrid. ¡Ya ves! No ha pitado la falta y han marcado en fuera de juego... Ha añadido cinco minutos. ¿Qué son cinco minutos de silencio? Luego hablas lo que quieras.

  Lo dejé repanchingado en el sofá y me refugié en el sancta sanctorum de toda mujer, por mil años que pasen: la cocina. Encendí un cigarrillo. Las lágrimas resbalaron por mis mejillas.

  - ¿Qué te pasa ahora? ¿No te quedas a ver el final?

  De tener el valor suficiente, le hubiera estrangulado.

  - Ha sido un partido genial - terció una vez en la cocina, mientras ponía la mesa.

  - ¿Otra vez estás con la regla? - hasta el postre no se atrevió a lanzar la pregunta a la que recurre todo macho alfa que se precie, ante el silencio sepulcral de cualquier fémina en casos semejantes. Ante mi mutismo, ya en el café, se atrevió a lanzar -: ¿Qué tal en la editorial? 

  Estuvieron a punto de atragantárseme las chuletas asadas  de Lesmo que nos habíamos comido casi como cartujos, en completo silencio. Le lancé una mirada asesina, que tardó en comprender, ya que todavía volvió a la carga:

  - ¿Se puede saber que coño te pasa?

  - Qué eres el mayor gilipollas que se ha cruzado en mi camino. ¡Eso me pasa!

  - ¡Vaya! ¡Ya estás mosqueada! Pero... ¿Qué he hecho? - se mostró incrédulo, como si fuera un mártir maltratado.

  - Qué te has retirado cuando te he querido besar.

 - ¿Qué me he retirado? - me observó con los ojos muy abiertos, expectante, como si fuera una desquiciada -. Jamás hago esas cosas cuando te acercas a mí.

 - Hoy lo has hecho.

 - ¿Cuándo? - extendió los brazos, ofendido.

 - Después de la gran noticia, que dicho sea de paso, te ha dejado frío.

 - Bueno, chica, es que faltaba poco para acabar el partido y encima nos hemos perdido el gol del Madrid, que no ha sido nada claro. De un penalti que solo ha visto el hijo puta del árbitro.

 - ¡Ni qué hubiera sido el gol del empate! 

 - ¿Ahora eres del Madrid, que tanto le defiendes? - frunció los labios.

  - Y otra cosa, ¿hace falta acordarse tanto de la madre de ese señor?

 - ¡Oye, guapa! ¡No me toques los cojones! Que la primero que te pones como un basilisco en Mendizorroza contra los árbitros eres tú. Y encima, dice "ese señor", ¿desde cuando el árbitro es un "señor"? Qué tú eres la primera que los pones a parir y de repente es "ese señor". ¡Hay que joderse!

  No tuve más remedio que morderme la lengua. No le faltaba razón.

  - Dame ahora ese beso - sugirió dando por zanjada la discusión.

  - Ya no viene a cuento - me mostré resentida.

  - ¡Cómo no va a venir a cuento! Un beso nunca está de más.

  - ¡Tú lo has dicho! ¡Nunca está de más! Pero antes ha estado porque era más importante el partido que mis sentimientos.

  - Mira que eres dramática, además de rencorosa - sonrió divertido, se cruzó de brazos y se apoyó en la encimera de la cocina. Ladeó un poco la cabeza y a continuación, se concentró buscando algo en el relojteleminimóvil.

  Nunca se lo confesaría, pero esa postura de chulito, me volvía loca. Me contuve y continué mostrándome enfadada.

  - Es la noticia más esperada desde hace meses.

  - ¡Y dale leña al mono! ¡Qué si, chica! Pero podían haber esperado hasta el final del partido, que no quedaba tanto, digo yo - se movió rápido y me rodeó con los  brazos fuertes -. Anda, tonta, dame ese besito rico.

  - Ahora no me apetece - insistí.

  - Mira que sois rencorosas las mujeres - añadió con paciencia.

  - Y vosotros unos brutos.

  - Y nosotros unos brutos - repitió alzando los brazos y la mirada al techo -. ¿Me das un  beso o no?





    Tal como anunciaron, las temperaturas aumentaron paulatinamente en los días sucesivos. La  nieve dio paso a un ligero sirimiri que se prolongó durante un mes. En algunas ciudades, las inundaciones hicieron tantos estragos como anteriormente lo hicieron la nieve y el hielo. Poco a poco, la vida retornó a la cotidianidad. A Lúa no le quedó más remedio que suspender sus vacaciones de un día para otro. Volvió a mediados de julio con un fuerte constipado, que le mantuvo en cama varios días. Según dijo, se acostó una noche con 24 grados y a la mañana siguiente, amaneció con 29º bajo cero. Pese a los daños colaterales, regresó radiante de felicidad, debido a que por enésima vez ligó. Lúa siempre liga. Es algo que no me explicó pues es más bien feúcha, más bajita y llenita que yo. Fonalso asegura (y creo que es la opinión de muchos hombres), que no se trata del físico, sino que es algo metafísico. Según mi chico, es un conjunto de cosas: una mezcla de niña aparentemente buena, con carita de "yo no fui" y frívola bruja; algo entre tierna ursulina y golfa, en el buen sentido de la palabra, claro está. Lo intermedio entre la risa fácil y las lágrimas en su momento, la carcajada oportuna y el brillo perverso en la mirada, las palabras adecuadas y precisas, ese no morderse la lengua nunca y soltar lo primero que le venga a la mente. En definitiva, ese andar por la vida con desaire, con el orgullo de ser mujer y sobre todo con ese maravilloso don de gentes, que le hace tener amigos en todas partes.

  - No te lo vas a creer, Muriel. ¡He conocido a mi media naranja! - confesó entre estornudos.

  Sonreí. Lúa llevaba toda la vida conociendo a su media naranja, desde Alim, en párvulos hasta ahora. Incontables amores. Con demasiada frecuencia, la dulce naranja terminaba convirtiéndose en amargo limón. 

  - Como te lo cuento - prosiguió con la mirada rebosante de amor -, el primero apareció una noche en una fiesta en la playa. Chica, es un nene de lo más mono. ¡Todo ternura y corazón! Un poco joven, eso si. Pero es tan dulce.

  - ¿Cuántos años?

  - Veinte - rió con malicia.

  - ¡Lúa! Casi es infanticio.

  - Pero que antigua eres, hermana. Es mayor de edad y un tigre en la cama.

  - Ahórrate los detalles - ordené con rabia. No se trataba de envidia, Fonalso era un fiera, pero todos los amantes de Lúa empezaban siendo héroes en la cama y terminaban siendo maltratadores potenciales -. Te durará poco, es demasiado niño.

  - ¡Muriel! ¡Tú siempre dando ánimos! Si no fuera porque eres mi hermana y sé que eres más buena que el pan de pueblo, pensaría que te corroe la envidia.

  - Háblame del otro - invité sabiendo que no podría enturbiarle el momento.

  - Sagunto es otra cosa, te gustaría.

  - ¿Le conoceré?

  - Es poco probable. Es perro viejo y no creo que se deje cazar. Se trata de un solterón empedernido, forrado de euros hasta los cataplines. 

  - ¿Tan viejo es? - pregunté temiéndome lo peor.

 - Los setenta no cumple...

 - ¡Madre mía! ¡Tú no tienes término medio! ¿Éste también da la la talla? 

  - La da, la da. ¡Y no sabes de qué manera!

  - Eso es viagra, guapa. Déjalo que cualquier día, en plena faena, le da un jamacuco y se queda seco.

  - Pues mira, ¡muerte más feliz...!

  - ¿Te quedas a cenar?

 - No. De momento no me seduce la idea de catar a vuestro benefactor. No he traído coche y hasta casa tengo que hacer cuatro trasbordos de tranvía.

  - ¡Tú te lo pierdes, cuñada! Nuestro hombre congelado está de toma pan y moja - aseguró Fonalso, mientras yo hacia un mutis.

  - ¡Es broma, tonta! - se apresuró a aclarar Lúa -. El domingo vengo a comer y os cuento si alguno de mis ligues me ha llamado.

  Se marchó algo antes de las ocho, acompañada de su carismática frivolidad y los continuos estornudos. Vivía al final de la calle Uralanda, en lo que años atrás fue el pueblo de Landa. Desde hace algo más de un siglo, era el barrio más próspero de Vitoria.

 Unos minutos después de marcharse Lúa, escuché que Fonalso trasteaba en la cocina. Dirigí los pasos hacia allí. Para mi sorpresa, había despejado completamente la mesa, casi con esmero. Nada qué ver con la famosa escena de aquella antiquísima película, "El cartero siempre llama dos veces", que no sé porqué me vino a la mente.

  - ¿Y esto? - pregunté sorprendida.

 - Tu hermana y tú me habéis puesto cachondo - tenía un  brillo feroz en la mirada.

  Me lancé hacia él, buscando sus labios carnosos y jugosos.




 - De aquí a tres o cuatro meses estarás firmando ejemplares por todo el país. Será un éxito - vaticinó Cloe tras leer el contenido del Pen Drive del ensayo.

 - He llegado a la misma conclusión - sugerí entusiasmada -. Me costó un poco arrancar, pero luego fue todo rodado. A Lúa le ha encantado y aunque Fonalso, asegura que los hombres aparecen retratados como hace siglos, me ha felicitado.

  - ¡Pobrecitos! - exclamó sin piedad.





  Me despierto mareada, confusa. Con la extraña sensación de no haber dormido lo suficiente. Tengo frío. Son las 8:30. Alfonso se ha marchado ya. La casa rezuma silencio pero del patio llegan las voces de las vecindonas. Salto de la cama. Me observo en el espejo del baño. Me hago un mohín de desagrado. ¡Tengo ojeras! ¡Precisamente hoy! En dos horas tengo que estar firmando ejemplares de mi libro en el Bulevar. Menos mal que previamente paso por maquillaje y obran milagros. Vuelvo a la habitación. Levantó la persiana. El sol me obliga a entrecerrar los ojos. Abro la ventana de par en par. El día se augura precioso. El termómetro marca 17º. ¡Lástima que tenga que pasar el día firmando libros! Mañana bajan considerablemente las temperaturas y se prevén lluvias. En Vitoria pasan estas cosas. El libro ha sido un éxito rotundo y las críticas formidables. Con el anterior fue diferente. Según Alfonso, fue un éxito de ventas por las malas críticas recibidas. Afirma que tener críticas es como tener culo, que todo el mundo tiene uno, más o menos bueno. Las críticas nos ayudan porque lo importante es que hablen de uno, aunque sea bien.

  En la ducha se me agolpan algunos recuerdos sobre lo soñado la noche pasada. Durante el desayuno, lo voy hilvanando todo. ¡Dios! ¡Qué barbaridad! Muriel, ahí tienes el argumento para el próximo libro, me digo a mi misma. Me apresuro a coger algunas notas, según me vienen las ideas desordenadas. 

 Estamos a 4 de julio de 2010. Este invierno ha nevado bastante, pero no para asustarnos. Por descontado que no nos zampamos a seres humanos encontrados en la calle. ¡Qué repelús! Solo de pensarlo, me dan escalofríos. Incluso algunos nombres de personas, aparecen en el sueño como un galimatías. ¡Fonalso! ¡Qué curioso! Mi pareja es Alfonso. No conozco a ningún Lesmo. Cloe y Lúa son reales. La abuela Carlota, murió el año pasado a punto de cumplir los cien, en plena forma y con la memoria intacta, eso si. Soy Muriel, tengo nombre de vino de Rioja Alavesa pero no remoto en el tiempo. Por descontado, Lúa jamás a pisado la Luna y mucho menos Groenlandia. Acaba de llegar de Mallorca, donde ha pasado dos semanas. Las vacaciones duran lo que han durado siempre, dependiendo de los calendarios y las profesiones. ¡Qué más quisiéramos que poder vaguear durante meses en playas paradisiacas! Los coches siguen funcionando con gasolina, aunque lo de las pilas merece más de un estudio detallado. La cadena de televisión MTF no existe todavía, aunque todo se andará. De momento, uno no puede pasar hacia adelante ni hacia atrás los programas de la tele ni meterse en el interior, a su antojo. Tampoco disfrutamos del Museo del Traje y el Diseño, aunque no sería mala idea. Landa sigue siendo un pueblecito precioso y medianamente alejado o cercano a Vitoria, según se mire y la calle de Uralanda es posible que no se construya nunca en ese enclave concreto. Para fortuna y regocijo de muchos el Barça sigue triunfando en primera división y para nuestra desgracia, el Glorioso continua cubierto de fango en segunda B. Confío en que salgan del pozo antes de 2142... Daremos tiempo para que algunas de estas cosas se cumplan y rogaremos a los dioses para que jamás lleguen las nieves perpetuas a estas latitudes...






  

  

domingo, 20 de junio de 2021

PURA CASUALIDAD

     Eneko consultó una vez más el reloj. Marcaba las 17:55. Ocupó una mesa al fondo del bar de la estación de RENFE. Disponía de aproximadamente una hora. Cuando llegase Gorka, tomarían unas copas para celebrarlo y desaparecerían durante varios meses. Desde su posición, interpeló al camarero para que le sirviera una caña. Golpeó la mesa con la palma de la mano, repetidas veces. Una vez que la bebida fue servida, se acercó a la máquina de tabaco. La golpeó repetidas veces con  violencia. El camarero le recriminó la acción y varias personas le dirigieron miradas airadas.

  - La puta máquina se ha tragado mi dinero - vociferó dirigiéndose al encargado de la barra.

  Éste abandonó momentáneamente su puesto y diligente, abrió la máquina, sacó un paquete de Lucky y le devolvió el cambio al muchacho. Eneko, más calmado, solicitó una baraja de cartas y comenzó a hacer solitarios.

  - Has puesto el siete de copas debajo del caballo y falta la sota - le advirtió una meliflua voz a su espalda.

  Se giró. Se trataba de un pequeño sabelotodo de unos seis o siete años.

  - Tienes razón chaval. Estoy un poco nervioso y no consigo concentrarme.

  - ¿Por eso miras todo el rato al reloj?

  - Espero a un amigo.

  - ¿A qué hora viene tu amigo? - se interesó una cría más pequeña.

  - Es mi hermana - anunció el sabelotodo con una nota de orgullo.

  - ¿Tu amigo es tardón? - curioseó la chiquilla.

  - No, no es tardón.

  - ¿Cómo te  llamas? - interrogó la niña -. Yo soy Carla y mi hermano se llama Martín.

  Eneko no contestó.

  - ¿Te ha comido la lengua el gato? - a la nena le hizo gracia su pregunta y se carcajeó. Su hermano le imitó.

  - Carla tiene razón. Te ha comido la lengua el gato - se burló Sabelotodo ante el regocijo de Carla, que palmoteó con entusiasmo.

  A Eneko nunca le gustaron demasiado los niños y la conversación se le empezó a hacer pesada.

  - No mires tanto al reloj, me pones nervioso - ordenó  repentinamente serio Sabelotodo -. Has vuelto a meter la pata. No puedes poner cartas del mismo palo en la misma fila. Yo sé hacer ese juego mejor que tú. Me lo enseñó mi abuelo.

  - No molestéis - se escuchó   una voz salvadora desde alguna mesa cercana. Los niños se resistían y continuaron junto a Eneko, mirándole fijamente.

 - Si no os vais de aquí ahora mismo os encerraré en el cuarto de las ratas y tiraré la llave - señaló una puerta al fondo del local en cuyo cartel se podía leer "privado". Ensayó una sonrisa pero lo único que fue capaz de ofrecerles fue una mueca terrorífica -. Todos los días me como algún niño crudo.

  Los chavales se alejaron y él volvió al solitario. La llantina de la nena le llegó de inmediato. Apuró la caña y salió al exterior, ante la atenta mirada de la madre, cargada de rencor.

  Las 18:10. Trató de encender un cigarrillo sin conseguirlo. Le temblaba el pulso. Una mano amiga le ofreció la llama de un encendedor.

  - Fumar no es bueno, chaval.

  - Déjeme en paz y métase sus putos comentarios por donde le quepan - increpó al desconocido.

  - Llevo rato observándote. Has estado recorriendo la calle de arriba hacia abajo, consultando el reloj a cada poco. Estás muy nervioso - añadió sin prestar atención a la respuesta del muchacho -. En poco más de treinta minutos has consumido siete cigarrillos.

  - ¿A usted que le importa?

  - Estaba sentado en esta mesa - señaló la primera junto a la ventana -. También te he observado en el interior del bar. Estás demasiado nervioso para cosa buena.

  - Pues siga sentado, abuelo. Lea el periódico o haga lo que le salga de la polla pero déjeme en paz - rugió Eneko. Le exasperaba la tranquilidad del anciano.

  - Ya no hay respeto por nada - terció otro peatón - ¡Menuda boca gastan los jóvenes de hoy en día!

  18:30 y Gorka sin dar señales de vida. Se alejó de los ancianos, que se olvidaron de él y entablaron conversación sobre el tiempo. Encendió otro cigarrillo. Cruzó de acera. Alguien le rozó el hombro. Dio media vuelta con tal ímpetu, que el camarero estuvo a punto de perder el equilibrio y ser derribado.

  - Perdone, pero no me ha pagado la caña.

 - Lo siento - farfulló, mientras que con mano temblorosa rebuscó en los bolsillos. Le tendió diez euros -. Quédese con el cambio.

  - ¡Muchas gracias, majo! - respondió el barman eufórico.

  Anduvo una manzana y dobló la esquina. El coche continuaba estacionado en el lugar que lo había dejado pero tenía un papel sujeto en el parabrisas. Aceleró el paso.

 - ¡Me cago en la puta! - masculló, percatándose de que había aparcado en un vado. Hizo una pelotita con la multa y la arrojó con fuerza a la papelera más cercana, con tan mala suerte que le atizó en el ojo a una señora. El acompañante le sermoneó y le llamó maleducado. Eneko respondió con un gesto obsceno. En realidad no debía cabrearse por la sanción de un coche robado y acto seguido olvidó el incidente.

 A las 18:45 no tenía noticias de Gorka. Ni siquiera había contestado a las dos llamadas que le hizo. Se autoconvenció de que esta vez le respondería. Pero el teléfono estuvo sonando hasta que se cortó. Encendió otro cigarrillo. Dio la vuelta a la manzana con paso rápido, sin reparar en nada. A las 18:55 volvió al bar de la estación. Se asomó pero no había ni rastro de Gorka. Reconoció al vejestorio que se inmiscuyó en sus asuntos y que le ahora le dedicaba una sonrisa plácida. Según lo previsto entró en la estación. Rebuscó el billete en los bolsillos y subió al tren cuando estaba a punto de arrancar.

  - ¡Cállate, maldita bruja! - tronó a alguien, que le interrumpió el paso en el centro del pasillo y que le golpeó en la rodilla con la maleta - ¿vas de carnaval? 

  Encontró el asiento y se recostó. Cerró los ojos con la esperanza de que el viaje le relajara. Trató de no pensar en nada. Se palpó el bolsillo donde llevaba las joyas y los cuatrocientos euros que había sacado del último piso desvalijado. ¿Qué había fallado? ¿Dónde coño estaba Gorka? Por lo menos podía escapar. Ya ajustaría cuentas más tarde con su socio. Tarde o temprano daría señales de vida. El sonido de whatsapp le sobresaltó. Las 19:10. Mientras leía un incipiente dolor punzante se le asentó en la cabeza. "Todo se ha ido al carajo. La vieja muy puta. Nos vemos  en Burgos". Respiró más calmado, cerró los ojos y se durmió.

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  La policía no tuvo dificultades para detener al ladrón. La octogenaria a la que pretendía robar no resultó tan frágil como aparentaba y se deshizo fácilmente del supuesto empleado del gas, que le pareció sospechoso desde que se presentó sin previo aviso. Salió al jardín y telefoneó a la compañía, así supo que no habían enviado a nadie para revisar la instalación. El joven huyó a los pocos minutos con una fea herida en la cabeza, de la que manaba abundante sangre.  La frágil anciana le propinó un fuerte golpe con una pesada sartén, que le abrió una brecha de varios centímetros en un costado de la cabeza, cuando le pilló fisgoneando en los armarios. A continuación se puso en contacto con la ertzaina, dio una descripción detallada del joven.  Gorka fue detenido en las inmediaciones de la estación de RENFE. Los agentes no tuvieron más que seguir el rastro de sangre.

  Al principio se mantuvo firme, asegurando que no tenía ningún cómplice, pero cuando las fuerzas flaquearon y la pérdida de sangre, le nubló el entendimiento y la vista, terminó confesándolo todo. Era su primer robo. Tan solo tenía diecisiete años.

  Eneko fue detenido al apearse en la estación de Burgos, gracias a un buen número de testigos que declararon haberse topado con un joven maleducado y nervioso que les hizo levantar sospechas.

  - Me dejó una cuantiosa propina - señaló un camarero.

  - Asustó a mis hijos, ya sabe como son los niños, a veces incordian un poco, pero son criaturas inocentes y sin malicia - aseguró una abnegada madre.

  - Nos asustó mucho, dijo que nos encerraría en el cuarto de las ratas y que comía niños crudos. Yo no me asusté porque soy un chico grande pero mi hermana se lo creyó todo - declaró un ufano Martín.

  - Me robaron el coche en la avenida del Zadorra.

  - Golpeó con violencia la máquina de tabaco y fumaba como un poseso - terció un anciano que se pasaba las horas muertas en el bar de RENFE, observando a cuantos merodeaban por allí.   

  Al conocer la noticia, una señora se personó en la comisaría con el ojo bastante enrojecido, debido al impacto sufrido por una bolita de papel, lanzada con fuerza por el sujeto. Muchos viandantes declararon haberse topado con un joven que les agredió a su paso, propinando embestidas y mamporros. El tipo marchaba ensimismado mirando el móvil sin parar.

  - Tropecé sin querer en el pasillo del vagón. Se burló del hábito - alegó una monja de clausura -. A pesar de la mala educación que demostró el muchacho, le pedí perdón y comprendiendo que era un pobre diablillo, le ofrecí una estampita de San Judas Tadeo, pero se deshizo de ella rompiéndola en mil pedazos - la hermana se santiguó.

  Sin llegar a comprender la razón exacta de que fuera detenido, Eneko se encontró dando cuenta de sus fechorías y del golpe frustrado de su compinche. Él fue el cerebro, era el mayor, contaba ya veinte años y llevaba tiempo delinquiendo.

  Confesó tener tantas ideas que no daba a basto para perpetrar todos los atracos que pretendía. Por ello sintió la necesidad de asociarse con alguien que le inspirase confianza. Aunque Gorka le pareció demasiado joven e inexperto, éste le aseguró ser un lince engañando a señoras de avanzada edad. Su aspecto aniñado les daba confianza. Las personas mayores son ingenuas por naturaleza. Le franquean la puerta a cualquier desconocido. Por eso le confió un trabajo tan importante.

 Por el mismo sistema, Eneko, desvalijó catorce pisos a lo largo del verano. No comprendía cómo el plan falló cuando mejor dominaba la situación.

  - Trata de no llamar la atención - le aconsejó  Eneko al socio -. Siempre lo hago y hasta ahora me ha ido de de puta madre. Si te pillan, será pura casualidad.

  

  

lunes, 10 de mayo de 2021

MAIUS

  Eres un rato breve en el calendario con sabor a madre,

me hueles a inocencia blanca, a pureza infantil.

  Histórico y fusilero, francés, revolucionario y estudiantil,

trabajador incansable, reivindicativo, orgulloso y fiestero.

  Trasgresor indomable, poeta y poesía,

rumor de viento, goteas mil fragancias de color y frescura.

  Posees las huellas romanas de la diosa Maya, la de la floración, 

las aguas inoportunas turban tus días, mientras la luz se recoge tardía.

  Eres masculino, vigoroso, fuerte, soleado y caluroso, amigo de rebecas al atardecer.

  Quinto en el orden, jamás hubo un quinto malo.

  Tus ojos esmeralda, se escudan en tempranos lirios,

rozas los sueños vulnerables de pasiones recién paridas.

  Transitas entre poemas y te engalanas verso a verso,

eres la mágica magia del regusto del preludio veraniego

y en ti mismo encierras, entre soberbias luces, 

la esencia de tu nombre: ¡MAYO!


miércoles, 14 de abril de 2021

ULTRAMARINOS...

 Regresa el recuerdo archivado en cajas como el latido impetuoso y desbordante que me abrasa...

  Cierro la bolsa del dolor, desdeñando el impulso de acibaradas lágrimas de incomprensión...

   Amortajo el tonel infame del insolente trance que me despojó del bullicio alborozado...

  Sentencio al vasto desamparo que clausura la energía en sacos de abigarradas emociones... 

  Retorna la frescura de la tarde abrigando delirios en cuartillos de lánguidas lozanías...
 
 A tu penúltimo anochecer de abril le susurro con una lata de nostalgia...
 
  A la esperanza de un resultado óptimo, le agrego una pizca de ilusión...

 A la inesperada partida, cuarto y mitad de inquietud devanada en tardes de rezumada primavera...

 Al cortejo de un adiós, dos o tres gramos de zozobra dinamitada...

 A la premura de una lágrima, un kilo de saciante remembranza...
  
  A la tarde empobrecida, cien gramos de desvelos inquietantes...

  A la premura de una añoranza exhumada, una loncha de tus mejores sonrisas...

 A la ensoñación de un momento, kilo y medio de tu bondadosa trayectoria...

 A la ingrata e infame despedida, un gramo de poderoso desasosiego...

  A la mansedumbre de tus pasos, un bidón de evocaciones Gran Reserva...
  
  Al adiós indecoroso, una garrafa de impunidad latente y estremecimiento...
  
  A la memoria de tu tiempo un sorbo de fragancia a fruta fresca y un caminata por aquel vetusto ultramarinos...