Sigo perdiéndome en tus sueños,
viajando dentro de ti
buscando encontrar los parajes
más recónditos de tu mente...
Sigo mostrando tu sonrisa,
baluarte de ingravidez,
en el interior de tu piel,
vago, con tormento
por alguna promesa
que no pudiste cumplir...
Me aferro a tus principios,
bastión de amor sincero y leal...
Guardo tu ideario de vida,
que ya es parte de mi,
me fundo a tus sonrisas,
cordiales, llanas, amigas,
siempre amigas...
Largo, se me torna el tiempo
abrazándome a tus recuerdos,
presumiendo sigo,
de tu intangible belleza...
Presiento que tú, etéreo
y armado de sutileza
guías mi andadura y
tu ser, ahora volátil me arropa...
... Y yo, heredera de tu fortaleza,
perpetuamente seguiré,
seguiré a tu lado.
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lunes, 17 de abril de 2017
lunes, 13 de marzo de 2017
LA MEMORIA DESMEMORIADA
Se arrincona el recuerdo en las sombras oscuras de la mente, arribando suspiros, matando remembranzas sin compasión...
Se marchita la memoria anclando las promesas, dejando atrás las palabras, mareando las ideas, despistando las sonrisas, abandonando las alegrías...
¿Qué es aquello que deja huecos los deseos, que barre las esperanzas, que arremete contra los reconocimientos e invita a apoderarse a la tristeza y al desaliento de la vida viva?
A la retentiva le brotan telarañas, se empolvan las evocaciones, se extravían los nombres, se mudan los rostros y se pierden las personas...
Las miradas se atribulan, el pensamiento se torna mohíno, se exilian las sonrisas que se tornan perezosas y refluyen cohibidas, inseguras, avejentadas...
Es la enfermedad que aniquila la esperanza, destroza las almas y carcome los espíritus...
Es la lacra que borra a los seres queridos y nos separa de nuestro mundo...
jueves, 9 de febrero de 2017
¡AÚPA GLORIOSO!
Ser del Alavés es nacer con la víscera del corazón a rayas albiazules, aprender a disfrutar con lo pequeño y avanzar a pasitos lentos, pero firmes, es rozar la gloria y quedarse con las ganas, pero seguir sin descanso.
Es bajar a los infiernos, viendo como otros persiguen y logran sus grandes sueños, saber lo que cuesta una victoria, arañada a base de masticar el corazón que te golpea los dientes. Es un sentimiento que se hereda, la grandeza de lo pequeño, el esfuerzo de una ciudad y el no bajar la cabeza de una afición impecable.
Es el grito unánime desde la grada, no rendirse nunca esté donde esté y aunque tenga que arrastrarse por campos de lodazal. Es una afición única, con perdón, que jamás la podrán soñar ninguno de esos tres que no saben qué es jugársela en la Segunda División y mucho menos en Segunda B.
Es el afecto hecho, unas veces donosura o llantina espesa, según las épocas. Es el amor incondicional que sienten los padres por ese hijo, que aún siendo el torpón de la clase, son sabedores, no sólo de que va a alcanzar el suficiente, sino que con su aliento y su fuerza, llegará a ser brillante.
Es la pasión de un amor quinceañero, de un flechazo que uno siento al reconocer a su alma gemela.El runrún de mariposas en la boca del estómago de un tartamudo y tímido enamorado. Es el amargor de los jugos gástricos, asentándose en las gargantas, provocando una ácida arcada, de un tragó de vino, aunque sea Crianza de Rioja Alavesa y la indigestión del bocata cuando el contrario marca un tanto, tras el descanso.
Es el grito fervoroso de una palabra mágica, que a miles de gargantas de diferente cultura, economía, edades, sexo, religión e ideas políticas, nos une con un fervor casi enfermizo y que nos nace de las entrañas:
¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOL!!!!! Y que el mismo Dios sabe que ese golazo lo ha metido el GLORIOSO, porque somos muchos los que miramos hacia el cielo y lo dedicamos a quienes nos enseñaron a amar incondicionalmente a nuestro equipo.
Es la esperanza de saber que creceremos, la juventud de un chaval de 96 años, el pasado no tan lejano, jugándonos la honrilla con equipos como el Lemona o la entrada a Europa por la Puerta Grande. Es la efervescencia de una afición sin límite, sin descanso. Sudar tinta china, aunque el termómetro en Mendi marque bajo cero.
¡Cuántas alegrías nos has dado, Alavés de mis amores! ¡Cuántas malas carreteras hemos circulado! ¡Cuántos cabrones te han vapuleado! ¡Cuántas historias conoces! ¡Cuánta huella estás marcando!
¡Cuánto te quiero, ALAVÉS, cuánto te admiro!
Es bajar a los infiernos, viendo como otros persiguen y logran sus grandes sueños, saber lo que cuesta una victoria, arañada a base de masticar el corazón que te golpea los dientes. Es un sentimiento que se hereda, la grandeza de lo pequeño, el esfuerzo de una ciudad y el no bajar la cabeza de una afición impecable.
Es el grito unánime desde la grada, no rendirse nunca esté donde esté y aunque tenga que arrastrarse por campos de lodazal. Es una afición única, con perdón, que jamás la podrán soñar ninguno de esos tres que no saben qué es jugársela en la Segunda División y mucho menos en Segunda B.
Es el afecto hecho, unas veces donosura o llantina espesa, según las épocas. Es el amor incondicional que sienten los padres por ese hijo, que aún siendo el torpón de la clase, son sabedores, no sólo de que va a alcanzar el suficiente, sino que con su aliento y su fuerza, llegará a ser brillante.
Es la pasión de un amor quinceañero, de un flechazo que uno siento al reconocer a su alma gemela.El runrún de mariposas en la boca del estómago de un tartamudo y tímido enamorado. Es el amargor de los jugos gástricos, asentándose en las gargantas, provocando una ácida arcada, de un tragó de vino, aunque sea Crianza de Rioja Alavesa y la indigestión del bocata cuando el contrario marca un tanto, tras el descanso.
Es el grito fervoroso de una palabra mágica, que a miles de gargantas de diferente cultura, economía, edades, sexo, religión e ideas políticas, nos une con un fervor casi enfermizo y que nos nace de las entrañas:
¡¡¡¡¡GOOOOOOOOOL!!!!! Y que el mismo Dios sabe que ese golazo lo ha metido el GLORIOSO, porque somos muchos los que miramos hacia el cielo y lo dedicamos a quienes nos enseñaron a amar incondicionalmente a nuestro equipo.
Es la esperanza de saber que creceremos, la juventud de un chaval de 96 años, el pasado no tan lejano, jugándonos la honrilla con equipos como el Lemona o la entrada a Europa por la Puerta Grande. Es la efervescencia de una afición sin límite, sin descanso. Sudar tinta china, aunque el termómetro en Mendi marque bajo cero.
¡Cuántas alegrías nos has dado, Alavés de mis amores! ¡Cuántas malas carreteras hemos circulado! ¡Cuántos cabrones te han vapuleado! ¡Cuántas historias conoces! ¡Cuánta huella estás marcando!
¡Cuánto te quiero, ALAVÉS, cuánto te admiro!
lunes, 9 de enero de 2017
9 DE ENERO
Tengo un vecino, de esos que tenemos casi todos, que cuando me lo cruzo en la escalera, suelta un inapreciable gruñido a modo de saludo (digo yo que será), que si me mira lo hace con el mismo asco que si mirase a una rata muerta y que jamás le he escuchado el sonido de la voz, porque es como si el pobre no tuviera palabras.
Pues hete aquí que el gruñidor de marras ha coincidido esta mañana conmigo en el descansillo, esperando al ascensor. Yo, que hace lustros, me cansé de desearle los buenos días a su persona y al aroma del café mañanero y recién hecho de los demás moradores del edificio, le he mirado de abajo hacia arriba y le he clavado la mirada para que leyese el mensaje que mis ojos le lanzaban: "¡Imbecil!". Él, pasando por alto la lectura, como si aquello no fuera con su persona, me ha vomitado en plena cara un "Feliz Año Nuevo", que me ha dejado petrificada, con el dedo pegado al botón de llamada del ascensor, que como siempre que hace falta, ha tardado una eternidad en llegar.
Seguidamente, como impulsada por un miedo atroz a ser perseguida por la voz del feroz vecino, he aporreado la puerta con ambas manos y he gritado poseída por una sensación extraña de incomodidad: "¡Ascensor!". Y el Imbécil ha esbozado una media sonrisa y más estirado que nunca, ha vuelto a vomitar cuatro palabras: "¡Tranquila, mujer. Ya llegará". De mis ojos han salido sapos, culebras y cuchillos afilados que se han clavado en los suyos, me he atrevido a levantar una ceja, a modo de interrogación y he pensado que no podía ser buen presagio, toparme con el Imbécil parlanchín, el lunes 9 de enero a las 9 de la mañana, antes de enfrentarme a la aburrido rutina tras las vacaciones: "¿Qué tramas, Gruñidor de la escalera?", hubiera querido preguntar.
Por fin, el añorado ascensor ha llegado y ambos nos hemos introducido en la caja. Me he arrinconado en una esquina y sólo al llegar al portal, animada por la claridad de la mañana, me he atrevido, con un hilillo de voz, a decir: "¡Adiós, buenos días!". Me he avalanzado al aire fresco de la calle, acelerando el paso. Él caminaba más despacio, tras de mi. Un poco más adelante me he cruzado con su antónima: una mujer todo dulzura que desborda cariño y simpatía: su santa esposa, que hay que ser muy santa, para aguantar a semejante cardo, sin que se se le caiga la sonrisa que exhibe a perpetuidad. Siempre he pensado que esta buena mujer se ha ganado un puesto en los altares. "¡Hola! ¡Buenos días!", nos hemos saludado al unísono y la santa, a la cual tampoco había visto desde el año pasado, se ha detenido, acariciándome en brazo y me ha deseado un "¡Feliz Año!" caluroso y como por arte de birlibirloque, se han esfumado los malos presagios. A mi me ha salido la risa floja y envalentonándome le he soltado: "Mira, Eugenia, me rio porque he ido a toparme con uno de esos que te hablan una vez al año, porque creen que deben hacerlo. que hasta he pensado que me traería mala suerte. Pero mira, con lo maja que tú eres, se ha esfumado el mal fario". Ella se ha reído a carcajadas: "¡Qué cosas tienes! Pero no te falta razón, que esa gente te jode el día. Hay cada borde por ahí pululando, que ya, ya".
El marido caminaba por delante. Nos ha adelantado, sumido en el silencio de su imbecilidad. Iba encogido y cabizbajo y he sonreído triunfante a la mañana del 9 de enero
Pues hete aquí que el gruñidor de marras ha coincidido esta mañana conmigo en el descansillo, esperando al ascensor. Yo, que hace lustros, me cansé de desearle los buenos días a su persona y al aroma del café mañanero y recién hecho de los demás moradores del edificio, le he mirado de abajo hacia arriba y le he clavado la mirada para que leyese el mensaje que mis ojos le lanzaban: "¡Imbecil!". Él, pasando por alto la lectura, como si aquello no fuera con su persona, me ha vomitado en plena cara un "Feliz Año Nuevo", que me ha dejado petrificada, con el dedo pegado al botón de llamada del ascensor, que como siempre que hace falta, ha tardado una eternidad en llegar.
Seguidamente, como impulsada por un miedo atroz a ser perseguida por la voz del feroz vecino, he aporreado la puerta con ambas manos y he gritado poseída por una sensación extraña de incomodidad: "¡Ascensor!". Y el Imbécil ha esbozado una media sonrisa y más estirado que nunca, ha vuelto a vomitar cuatro palabras: "¡Tranquila, mujer. Ya llegará". De mis ojos han salido sapos, culebras y cuchillos afilados que se han clavado en los suyos, me he atrevido a levantar una ceja, a modo de interrogación y he pensado que no podía ser buen presagio, toparme con el Imbécil parlanchín, el lunes 9 de enero a las 9 de la mañana, antes de enfrentarme a la aburrido rutina tras las vacaciones: "¿Qué tramas, Gruñidor de la escalera?", hubiera querido preguntar.
Por fin, el añorado ascensor ha llegado y ambos nos hemos introducido en la caja. Me he arrinconado en una esquina y sólo al llegar al portal, animada por la claridad de la mañana, me he atrevido, con un hilillo de voz, a decir: "¡Adiós, buenos días!". Me he avalanzado al aire fresco de la calle, acelerando el paso. Él caminaba más despacio, tras de mi. Un poco más adelante me he cruzado con su antónima: una mujer todo dulzura que desborda cariño y simpatía: su santa esposa, que hay que ser muy santa, para aguantar a semejante cardo, sin que se se le caiga la sonrisa que exhibe a perpetuidad. Siempre he pensado que esta buena mujer se ha ganado un puesto en los altares. "¡Hola! ¡Buenos días!", nos hemos saludado al unísono y la santa, a la cual tampoco había visto desde el año pasado, se ha detenido, acariciándome en brazo y me ha deseado un "¡Feliz Año!" caluroso y como por arte de birlibirloque, se han esfumado los malos presagios. A mi me ha salido la risa floja y envalentonándome le he soltado: "Mira, Eugenia, me rio porque he ido a toparme con uno de esos que te hablan una vez al año, porque creen que deben hacerlo. que hasta he pensado que me traería mala suerte. Pero mira, con lo maja que tú eres, se ha esfumado el mal fario". Ella se ha reído a carcajadas: "¡Qué cosas tienes! Pero no te falta razón, que esa gente te jode el día. Hay cada borde por ahí pululando, que ya, ya".
El marido caminaba por delante. Nos ha adelantado, sumido en el silencio de su imbecilidad. Iba encogido y cabizbajo y he sonreído triunfante a la mañana del 9 de enero
miércoles, 21 de diciembre de 2016
ANTE TODO... FELICIDAD EN CADA MES
Si en enero pudieras añadir un motivo más en tu vida para sonreír, serías más feliz.
Si en febrero, te mostrases más paciente con las personas mayores, lograrías paz interior.
Si en marzo te decidieras por estrenar primavera, verías lo ventajoso de correr riesgos.
Si en abril saltaras por los charcos, retornarías al mundo infantil.
Si en mayo consiguieras enfadarte un poco menos, el estrés menguaría.
Si en junio lucieras como el sol, los de alrededor te lo premiarían.
Si en julio te dejaras arropar por el calor, alguien te lo agradecería.
Si en agosto, de cada día hicieras una fiesta, tu corazón rejuvenecería.
Si en septiembre aprobaras al amor, éste jamás te predicaría.
Si en octubre pintaras un cuadro de hojas secas, renacerías a los recuerdos.
Si en noviembre pensaras en todos los que se fueron, el pasado viviría en tu presente.
Si en diciembre te empeñases en tener únicamente buenos deseos, te implicarías al cien por cien con la vida.
No se trata de que sigas al pie de la letra estos consejos, ni que le pongas este orden a tu nuevo año, pero si consiguiéramos alcanzar alguna de estas metas... rascaríamos un poco más de felicidad y sería como un pequeño pellizco de lotería.
Que tu Navidad sea espléndidamente feliz y que todos tus objetivos se cumplan en 2017.
Si en febrero, te mostrases más paciente con las personas mayores, lograrías paz interior.
Si en marzo te decidieras por estrenar primavera, verías lo ventajoso de correr riesgos.
Si en abril saltaras por los charcos, retornarías al mundo infantil.
Si en mayo consiguieras enfadarte un poco menos, el estrés menguaría.
Si en junio lucieras como el sol, los de alrededor te lo premiarían.
Si en julio te dejaras arropar por el calor, alguien te lo agradecería.
Si en agosto, de cada día hicieras una fiesta, tu corazón rejuvenecería.
Si en septiembre aprobaras al amor, éste jamás te predicaría.
Si en octubre pintaras un cuadro de hojas secas, renacerías a los recuerdos.
Si en noviembre pensaras en todos los que se fueron, el pasado viviría en tu presente.
Si en diciembre te empeñases en tener únicamente buenos deseos, te implicarías al cien por cien con la vida.
No se trata de que sigas al pie de la letra estos consejos, ni que le pongas este orden a tu nuevo año, pero si consiguiéramos alcanzar alguna de estas metas... rascaríamos un poco más de felicidad y sería como un pequeño pellizco de lotería.
Que tu Navidad sea espléndidamente feliz y que todos tus objetivos se cumplan en 2017.
jueves, 28 de julio de 2016
DE ANIVERSARIO
Chicas, estamos de aniversario. Nuestro primer aniversario.
A lo largo de este año, hemos construido un puente de roca sólida, bien anclado en la diversidad y con tintes de tolerancia. Nos movemos entre ilusiones comunes, día a día, aumentan nuestras ganas de vivir y potenciamos las alegrías vigorosas.
Somos un grupo diverso en ideas, peculiar en gustos, en su totalidad divertido. Somos extremas con nuestros equipos deportivos, fuertes ante los acontecimientos exteriores, cercanas, aún separadas por kilómetros, dispuestas a defendernos con uñas y dientes. Nos reflejamos unas a otras en los ojos virtuales del WatsApp. Nos teletransportamos a otros mundos más o menos lejanos, que en cada jornada se nos antojan más cercanos. Nos agasajamos. Nos jactamos con innovador orgullo de nuestros años escolares, donde comenzamos ese camino largo, con infinidad de bifurcaciones, que nos han vuelto a aproximar de la mano de las tecnologías a las que nos subimos con más o menos acierto.
Nos dolemos de los aciagos sucesos que nos amargan el día a día. Unimos nuestros sueños y como la edad nos lo permite, nos reímos de nosotras mismas, con la sinceridad propia de quien bien se conoce. Disfrutamos con los triunfos de vuestros hijos y lloramos con los adióses de nuestros mayores. Confraternizamos con vuestras mascotas y utilizamos el buen humor como arma defensiva. Nos solidarizamos con el futuro, aunque se aproxime incierto. Crecemos porque estamos juntas, porque hemos tejido lazos irrompibles de amistad, porque gestamos nuevos encuentros...
Muchas felicidades a todas por estar, por cautivar el silencio, por permanecer alertas. Por hacernos compañía y sobre todo por nuestra amistad.
A lo largo de este año, hemos construido un puente de roca sólida, bien anclado en la diversidad y con tintes de tolerancia. Nos movemos entre ilusiones comunes, día a día, aumentan nuestras ganas de vivir y potenciamos las alegrías vigorosas.
Somos un grupo diverso en ideas, peculiar en gustos, en su totalidad divertido. Somos extremas con nuestros equipos deportivos, fuertes ante los acontecimientos exteriores, cercanas, aún separadas por kilómetros, dispuestas a defendernos con uñas y dientes. Nos reflejamos unas a otras en los ojos virtuales del WatsApp. Nos teletransportamos a otros mundos más o menos lejanos, que en cada jornada se nos antojan más cercanos. Nos agasajamos. Nos jactamos con innovador orgullo de nuestros años escolares, donde comenzamos ese camino largo, con infinidad de bifurcaciones, que nos han vuelto a aproximar de la mano de las tecnologías a las que nos subimos con más o menos acierto.
Nos dolemos de los aciagos sucesos que nos amargan el día a día. Unimos nuestros sueños y como la edad nos lo permite, nos reímos de nosotras mismas, con la sinceridad propia de quien bien se conoce. Disfrutamos con los triunfos de vuestros hijos y lloramos con los adióses de nuestros mayores. Confraternizamos con vuestras mascotas y utilizamos el buen humor como arma defensiva. Nos solidarizamos con el futuro, aunque se aproxime incierto. Crecemos porque estamos juntas, porque hemos tejido lazos irrompibles de amistad, porque gestamos nuevos encuentros...
Muchas felicidades a todas por estar, por cautivar el silencio, por permanecer alertas. Por hacernos compañía y sobre todo por nuestra amistad.
martes, 12 de abril de 2016
CAJÓN DE SASTRE
Tengo un enorme cajón de sastre y en la carpeta de "COSAS IMPOSIBLES DE OLVIDAR", he metido algunos días del mes de abril. ¡Quién fuera tan afortunado como el bueno de Sabina!... Si alguien se atreviera a robarme algunos días de abril, prometo no denunciarle.
Que se lleve los días de mis lágrimas, las noches interrumpidas, el amanecer sin fuegos artificiales, los sueños despiertos, las horas amargas, la lluvia de mis ojos, la pena, que pese al tiempo pasado, se empeña en acompañarme, los ratos injustos de la familia y los amigos... ¡Abril se torna tan aciago para algunos de nosotros!
Me quedo con tus sonrisas, con tus dichos y ese humor tan particular y tan tuyo, con tu manera sana y tan presente de vivir la vida, con tus ganas de aprender, con tu flaca memoria y sobre todo con tu bondad.
Me quedo con los rostros de las fotografías que no van a envejecer, con los cumpleaños, que no dejamos de celebrar, con las fiestas, siempre con las fiestas y las horas de ocio.
- "¡No piensas más que en fiestas!" - dirán algunos.
- "¿En qué quieres que piense, sino en lo que tú, papá, me enseñaste, a vivir a pierna suelta, a disfrutar a cada segundo, a sacarle chispas a la vida, a pensar siempre en positivo, a vestirme de sonrisas y a perder de vista... a las horas muertas.
Que se lleve los días de mis lágrimas, las noches interrumpidas, el amanecer sin fuegos artificiales, los sueños despiertos, las horas amargas, la lluvia de mis ojos, la pena, que pese al tiempo pasado, se empeña en acompañarme, los ratos injustos de la familia y los amigos... ¡Abril se torna tan aciago para algunos de nosotros!
Me quedo con tus sonrisas, con tus dichos y ese humor tan particular y tan tuyo, con tu manera sana y tan presente de vivir la vida, con tus ganas de aprender, con tu flaca memoria y sobre todo con tu bondad.
Me quedo con los rostros de las fotografías que no van a envejecer, con los cumpleaños, que no dejamos de celebrar, con las fiestas, siempre con las fiestas y las horas de ocio.
- "¡No piensas más que en fiestas!" - dirán algunos.
- "¿En qué quieres que piense, sino en lo que tú, papá, me enseñaste, a vivir a pierna suelta, a disfrutar a cada segundo, a sacarle chispas a la vida, a pensar siempre en positivo, a vestirme de sonrisas y a perder de vista... a las horas muertas.
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