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jueves, 18 de septiembre de 2014
jueves, 10 de abril de 2014
HA PASADO UN AÑO....
Un año con tu imagen prensada en nuestras mentes... Doce meses de hieles contenidas... 365 días con tu recuerdo imperturbable... 8760 horas de pesares desechados... 525600 minutos de lamentos estrangulados... 31536000 segundos de pataletas censuradas... Tropecientos ratos de valiosa memoria almacenada...
De tus huellas florecen mis pasiones.
De tu rápida partida emana mi furia.
De tu avidez por vivir germina mi bizarría.
De tus célebres frases se pueblan mis emotivas palabras.
De tus fulgurantes bromas late mi alegría por vivir.
De tu buen hacer aflora mi esperanza.
De tu gran corazón se define mi fuerza.
De tu gran entusiasmo se ennoblece mi orgullo.
martes, 25 de marzo de 2014
A GUASAPEAR TOCAN
Ya no están de moda las palabras. Cada vez se utilizan menos. Lo curioso es que la gente se empeña en estudiar idiomas, que sólo se practican en la hora de clase.
Algunos también se empeñan en gritar que estamos en la era de la comunicación, pero otros pensamos que cada vez estamos más cerca de volver a comunicarnos por gruñidos, siguiendo en ejemplo de nuestros ancestros encorvados y peludos, aquellos que habitaban las cuevas.
Ahora lo que mola mazo es guasapear. ¿Quién se habrá inventado semejante palabreja? Los americanos, seguro. ¿Alguien sabe si la raíz de "guasapear" es "guasa"? Guasa no le falta, la verdad. Según dicen los entendidos en esto del famoso guasapeo, es el no va más de la comunicación, ha dado con todo lo anterior, los mensajes de móvil, que hasta hace cuatro días eran una bomba, ya están anticuados. Ya no hay correo electrónico, ni facebook que merezcan la pena y al teléfono fijo le quedan dos telediarios, al paso que vamos. Todo empezó años ha, cuando las cartas, aquellos papeles de colores en el mejor de los casos, decorados con flores, en sus versiones más cursis e incluso con brillantina, que te la llevabas puesta a las primeras de cambio, dejaron hueco libre en nuestros buzones a las aburridas cartas del banco y a las siniestras facturas. Ahora los papeles de colores son los de la publicidad, que nadie lee.
Todavía se atreven a asegurar que el invento ha revolucionado la comunicación mundial. Pero eso de la comunicación ¿no era un artilugio invisible que se utilizaba para hablar y escribir mayoritariamente? Cada vez se escribe menos, bueno, no es del todo correcto, ahora ya no se dice escribir, se dice guasapear, pero lo que si es cierto, es que cada día se guasapea peor. Para la mayoría, sobre todo la gente joven, que son el futuro de todo ya no existen ni uves ni bes, ni aches ni jotas, ni comas ni puntos. Sólo proliferan abreviaturas, pero también las de nueva generación, las de toda la vida, esas han pasado a la historia.
Total que ya no se habla de nada en ningún sitio. Ni siquiera se saluda al entrar en la sala de espera del centro de salud. Ahora lo que hay que hacer casi por obligación es entrar, sentarse y guasaperar. De no hacerlo, se corre el riesgo de que a uno le miren como si fuera un apestado.
Los colegas quedan, se sientan a tomar unas cañas y inmediatamente guasapean, no se sabe muy bien si el guasapeo es entre los presentes, los que están por llegar o con los que ni siquiera han quedado. En definitiva, que el silencio es de velatorio. Para que nos vamos a engañar, esto va perdiendo vida. Nos estamos entregando al aislamiento y la soledad y como lo hemos elegido nosotros, pues ¡hala, viva la pepa!
Que para el próximo curso, los escolares se despidan del recreo, que digo yo que para estar sentados en un banco en el patio en completo silencio, mejor se quedan en clase, sin pasar frío y sin los profesores, a ver si se oye algo de bullicio en las aulas.
Esto degenera por momentos.
Ya acabo, ya. Anda que te veo con cara de querer guasapear. Pues nada, que lo guasapees bien.
Algunos también se empeñan en gritar que estamos en la era de la comunicación, pero otros pensamos que cada vez estamos más cerca de volver a comunicarnos por gruñidos, siguiendo en ejemplo de nuestros ancestros encorvados y peludos, aquellos que habitaban las cuevas.
Ahora lo que mola mazo es guasapear. ¿Quién se habrá inventado semejante palabreja? Los americanos, seguro. ¿Alguien sabe si la raíz de "guasapear" es "guasa"? Guasa no le falta, la verdad. Según dicen los entendidos en esto del famoso guasapeo, es el no va más de la comunicación, ha dado con todo lo anterior, los mensajes de móvil, que hasta hace cuatro días eran una bomba, ya están anticuados. Ya no hay correo electrónico, ni facebook que merezcan la pena y al teléfono fijo le quedan dos telediarios, al paso que vamos. Todo empezó años ha, cuando las cartas, aquellos papeles de colores en el mejor de los casos, decorados con flores, en sus versiones más cursis e incluso con brillantina, que te la llevabas puesta a las primeras de cambio, dejaron hueco libre en nuestros buzones a las aburridas cartas del banco y a las siniestras facturas. Ahora los papeles de colores son los de la publicidad, que nadie lee.
Todavía se atreven a asegurar que el invento ha revolucionado la comunicación mundial. Pero eso de la comunicación ¿no era un artilugio invisible que se utilizaba para hablar y escribir mayoritariamente? Cada vez se escribe menos, bueno, no es del todo correcto, ahora ya no se dice escribir, se dice guasapear, pero lo que si es cierto, es que cada día se guasapea peor. Para la mayoría, sobre todo la gente joven, que son el futuro de todo ya no existen ni uves ni bes, ni aches ni jotas, ni comas ni puntos. Sólo proliferan abreviaturas, pero también las de nueva generación, las de toda la vida, esas han pasado a la historia.
Total que ya no se habla de nada en ningún sitio. Ni siquiera se saluda al entrar en la sala de espera del centro de salud. Ahora lo que hay que hacer casi por obligación es entrar, sentarse y guasaperar. De no hacerlo, se corre el riesgo de que a uno le miren como si fuera un apestado.
Los colegas quedan, se sientan a tomar unas cañas y inmediatamente guasapean, no se sabe muy bien si el guasapeo es entre los presentes, los que están por llegar o con los que ni siquiera han quedado. En definitiva, que el silencio es de velatorio. Para que nos vamos a engañar, esto va perdiendo vida. Nos estamos entregando al aislamiento y la soledad y como lo hemos elegido nosotros, pues ¡hala, viva la pepa!
Que para el próximo curso, los escolares se despidan del recreo, que digo yo que para estar sentados en un banco en el patio en completo silencio, mejor se quedan en clase, sin pasar frío y sin los profesores, a ver si se oye algo de bullicio en las aulas.
Esto degenera por momentos.
Ya acabo, ya. Anda que te veo con cara de querer guasapear. Pues nada, que lo guasapees bien.
viernes, 27 de diciembre de 2013
AÑO NUEVO... VIDA NUEVA
Prometo reformarme por dentro. Invertir en el arreglo tropecientas mil ilusiones frescas. Estudiar, aprender y practicar nuevos métodos para ser mejor persona. Derrumbar los espejismos, ocupar los vacíos, fundamentar la vida en querer más a los amigos y en tolerar a los que piesan distinto.
Me comprometo a enriquecerme de palabras y de buenos argumentos, mejorar los sentimientos y vomitar el rencor. Huir del borreguismo, no seguir a la manada, ni preguntar a Vicente ¿dónde va la gente?
Me obligaré a andar contracorriente, aunque tenga que ir sola y a curar los corazones rotos que me tropiece por los caminos.
Juro actuar según lo que piense, saciarme de las mejores sonrisas ajenas, mecerme en sueños hermosos, filtrarme en tu vida y defender lo nuestro con uñas y dientes.
Me aseguraré de hablar hasta por los codos, perderme en las musarañas y ahogarme en carcajadas. Disfrutar de los charcos en días de lluvia y saltar de entusiasmo sincero con la suerte de los amigos.
Me propongo abuchear a los imbéciles, tengan el apellido que tengan, ser indiferente a las tonterías de los bobalicones y reírme en la jeta de los tontos del higo que se creen saberlo todo.
Me comprometo a ver el humor entre las lágrimas más amargas, sacar provecho de lo sencillo y rendirme con facilidad ante la ternura. Desternillarme de mi misma, insinuarme a los placeres y emborracharme de amigos y fiestas.
Prometo no borrarme las ilusiones por viejas que sean, renovarme cada amanecer de algo diferente y original. Partirme de risa con los buenos chistes, escucharte y escucharme. Levantarme si me caigo, percibir el mundo arrasando fronteras. Sonreír, aunque me ahogue la tristeza.
Me obligaré a buscarme por dentro, a buscarte. Educarme emocionalmente y enfrentarme al mundo en cada amanecer. Vagar entre algunas dudas y entregarme a varias locuras.
Prometo serte fiel y mentirte sólo a veces, creerme únicamente lo que vea, no fiarme ni de mi sombra y enfadarme poco, nunca o sólo cuando sea estrictamente necesario, ilustrar tu vida y amarte.
Te garantizo que prometo comprometerme, proponerme y obligarme a asegurarme y jurarme que algo de esto cumpliré a rajatabla.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
Es un lugar diferente. Vegetal, digna hija de la "Grin" Capital. Poderosa, recia, hogareña. Situada en pleno centro. Religiosa. La Catedral Nueva la observa celosa. Frondosa, sombría, muy valorada en las escasas tórridas tardes de los cortos veranos vitorianos. Musical. Verbenera. Venerada por el romántico quiosco de música. ¡Cuántos incipientes amores habrá visto! ¡Cuántos besos robados habrá protegido!
Histórica. Con legendarios reyes godos. Inspiradora, musa y modelo de pintores y artistas. Turística, en las inmediaciones le observan algunos hoteles con ojos curiosos de visitante. Apacible. Solitaria y fría, en los días de invierno. Visitada y bulliciosa. Años atrás acogió la pequeña pista de hilo navideña ¡La de caíadas que habrá reído! Andarina. Ofrece bello paseo, cobijo y sombra, hasta Armentia. Si el andarín se gusta de ello, puede hacer alguna parada en los quioscos de helados o cafés. A escasos cuatro pasos, se ofrecía años atrás mercancias diversas en los puestillos de Navidad y hoy en día sólo durante las fiestas patronales del mes de agosto. Política y estudiosa. A un lado, el Parlamento, al otro la biblioteca. Jugosa para los encuentros furtivos de los quinceañeros enamoriscados. Furiosa y desalmada, no siempre buscan sus escondrijos remotos gentes de bien. Aislada, siempre que se desee desaparecer entre los paseos y recónditos rincones. Discotequera y entrañable, para cada vitoriano y foráneo que la deguste en suave paseo. No podía haber mejor enclave para un pueblo como Belén, a tamaño natural, donde no falta estrella guía, puente y riachuelo. Con su rebaño de ovejas, reyes de Oriente, castillo y feroz y despiadado Herodes. Hasta propicio pesebre, jamás soñado por José y María...
Entre todo ello, destaca un rincón especial lleno de sosiego. Al amparo del amorcillo aguador que rutilante no cesa de chocar agua, produciendo sonidos muy gratos al oído. En estas fechas, previas al otoño se puede disfrutar del tibio sol de comienzos de septiembre. A la hora bruja, cuando la calma es casi completa, cuando el recogimiento es mayor y espabila la tarde, cuando se escuchan huecos los motores de los coches, y algunos chiquillos perturban, con su llantina quejumbrosa e irritante, el sueño bendito de la siesta. (Los críos siesteros siempre llantan con mala leche cuando el mediodia se aleja). Los veladores de los quioscos de bebidas, acogen a unos pocos ratoncillos de biblioteca (entre ellos suelo encontrarme), con libros todavía de papel y periódicos con tinta de la que mancha, también se acomodan otras tecnologías más modernas y cibernéticas, ¡qué le vamos a hacer! Es la hora mágica entre las cuatro y las seis, tiempo de oro de algunos priviligiados que conservamos libre, entre algodones, para disfrutar de la lectura, al amor de un humeante café, una copa o un refresco, en la claridad hinospita del Parque de La Florida.
Histórica. Con legendarios reyes godos. Inspiradora, musa y modelo de pintores y artistas. Turística, en las inmediaciones le observan algunos hoteles con ojos curiosos de visitante. Apacible. Solitaria y fría, en los días de invierno. Visitada y bulliciosa. Años atrás acogió la pequeña pista de hilo navideña ¡La de caíadas que habrá reído! Andarina. Ofrece bello paseo, cobijo y sombra, hasta Armentia. Si el andarín se gusta de ello, puede hacer alguna parada en los quioscos de helados o cafés. A escasos cuatro pasos, se ofrecía años atrás mercancias diversas en los puestillos de Navidad y hoy en día sólo durante las fiestas patronales del mes de agosto. Política y estudiosa. A un lado, el Parlamento, al otro la biblioteca. Jugosa para los encuentros furtivos de los quinceañeros enamoriscados. Furiosa y desalmada, no siempre buscan sus escondrijos remotos gentes de bien. Aislada, siempre que se desee desaparecer entre los paseos y recónditos rincones. Discotequera y entrañable, para cada vitoriano y foráneo que la deguste en suave paseo. No podía haber mejor enclave para un pueblo como Belén, a tamaño natural, donde no falta estrella guía, puente y riachuelo. Con su rebaño de ovejas, reyes de Oriente, castillo y feroz y despiadado Herodes. Hasta propicio pesebre, jamás soñado por José y María...
Entre todo ello, destaca un rincón especial lleno de sosiego. Al amparo del amorcillo aguador que rutilante no cesa de chocar agua, produciendo sonidos muy gratos al oído. En estas fechas, previas al otoño se puede disfrutar del tibio sol de comienzos de septiembre. A la hora bruja, cuando la calma es casi completa, cuando el recogimiento es mayor y espabila la tarde, cuando se escuchan huecos los motores de los coches, y algunos chiquillos perturban, con su llantina quejumbrosa e irritante, el sueño bendito de la siesta. (Los críos siesteros siempre llantan con mala leche cuando el mediodia se aleja). Los veladores de los quioscos de bebidas, acogen a unos pocos ratoncillos de biblioteca (entre ellos suelo encontrarme), con libros todavía de papel y periódicos con tinta de la que mancha, también se acomodan otras tecnologías más modernas y cibernéticas, ¡qué le vamos a hacer! Es la hora mágica entre las cuatro y las seis, tiempo de oro de algunos priviligiados que conservamos libre, entre algodones, para disfrutar de la lectura, al amor de un humeante café, una copa o un refresco, en la claridad hinospita del Parque de La Florida.
lunes, 24 de junio de 2013
VOLVER A ESTAR CONTIGO
Volver a verte. Cada nuevo amanecer poderte tocar, mimarte con una sonrisa, acariciar tu rostro suave, que la lisura de tu pelo se mezcle entre mis dedos. Que tus ojos azules se aclaren a medida que la luz les llega, que se ilumine mi rostro soñoliento con la calidez de tus palabras, que me regales un "buenos días, bichejo" y sienta tus besos calientes en mi boca reseca. Que todo se vuelva hermoso, aunque sea un nuevo día oscuro.
Volver a sonreírte. En cada desayuno compartido. Que cada elogio que me brindes, me sirva de amuleto para afrontar un nuevo día, cargado de lo que suelen llevar los días iguales: trabajo, sorpresas y sorpresotas... Que cada sorbo de café con leche me sepa a néctar de dioses, gracias a tus escasas sonrisas, pero llenas de vida.
Volver a besarte. En cada despedida, cada uno para un lado y volver a recibir tus palabras de ánimo, "venga, que tu puedes" y decirme al oído, con tono como de misterio: "¿te he dicho hoy que eres lo que más quiero?". Y besarme la punta de la nariz y mordisquearla con suavidad y volverme a quejar como cada día y reñirte sonriendo, "quita, quita, que me vas a dejar marca", deseando y suplicando por lo bajines, que no se te ocurra dejar de hacerlo, pues me moriría si me faltase algún día.
Volver a reencontrarnos. A contarnos los chascarrillos del día. Según camina la tarde, hacer un nuevo recorrido, por nuestros cuerpos, siempre hay recodos por descubrir. Amarnos como si fuera la primera vez, con la misma pasión de unos quinceañeros, con la misma inexperiencia de los principiantes.
Volver. Siempre volver a estar contigo. Compartir. Tener nuestros secretos. Discutir. Perdonar. Sonreír. Reír a carcajadas. Disfrutar. Mirarte. Descubrirte. Sentirte amigo y compañero. Amarte, una vez más. Quererte, mil veces más.
Soñarte.
Volver, siempre volver contigo
Volver a sonreírte. En cada desayuno compartido. Que cada elogio que me brindes, me sirva de amuleto para afrontar un nuevo día, cargado de lo que suelen llevar los días iguales: trabajo, sorpresas y sorpresotas... Que cada sorbo de café con leche me sepa a néctar de dioses, gracias a tus escasas sonrisas, pero llenas de vida.
Volver a besarte. En cada despedida, cada uno para un lado y volver a recibir tus palabras de ánimo, "venga, que tu puedes" y decirme al oído, con tono como de misterio: "¿te he dicho hoy que eres lo que más quiero?". Y besarme la punta de la nariz y mordisquearla con suavidad y volverme a quejar como cada día y reñirte sonriendo, "quita, quita, que me vas a dejar marca", deseando y suplicando por lo bajines, que no se te ocurra dejar de hacerlo, pues me moriría si me faltase algún día.
Volver a reencontrarnos. A contarnos los chascarrillos del día. Según camina la tarde, hacer un nuevo recorrido, por nuestros cuerpos, siempre hay recodos por descubrir. Amarnos como si fuera la primera vez, con la misma pasión de unos quinceañeros, con la misma inexperiencia de los principiantes.
Volver. Siempre volver a estar contigo. Compartir. Tener nuestros secretos. Discutir. Perdonar. Sonreír. Reír a carcajadas. Disfrutar. Mirarte. Descubrirte. Sentirte amigo y compañero. Amarte, una vez más. Quererte, mil veces más.
Soñarte.
Volver, siempre volver contigo
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