Cuando acuda la última borrasca
y el silencio anide entre los pliegues de la vida fugada...
Cuando me nieguen la licencia de ser libertad
en la celda de tus brazos, paloma de altos vuelos o
antorcha en tu camino...
Cuando no sea acorde en los alborozados
amaneceres tardíos, ni aventura de reflejos ahogados
en serenata de veneración perpetua...
Cuando se me arrebate el derecho de ser mortaja
en la profunda pesadilla de mi mejor enemigo,
o esquive el eco amortiguado de las lágrimas
atrevidas a desertar de mis pesares y
solo tiemble trémula la soledad del abandono...
Cuando las palabras enmudezcan y
el retumbo se presente vapuleado y sordo...
Cuando la mañana sea canícula, insulsa, glacial,
pérfida, repulsiva, ingrata o canalla...
Cuando sea inevitable abochornar la congoja
del corazón lisiado,
lo sanaré con dos tiritas y
apostaré por mantener vivo tu recuerdo,
acorralaré la amargura y
pindonguearé con la sonrisa
cubierta de algazara.
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jueves, 22 de marzo de 2018
martes, 6 de febrero de 2018
ADIVINA EL PERSONAJE
Sin un pelo, no se puede decir de listo, porque es justo declarar que es más inocentón que un cubo, atontolinado de nacimiento, en ocasiones si que se le despierta cierta astucia. Poco se conoce de su infancia y adolescencia aunque en algunas versiones se dice que nació en un pueblo recóndito de Valladolid. Muchos pensarán que es oriundo de Barcelona pero muy pocos aseguran que sea catalán. Poco se conoce de sus ancestros, salvo que tuvieron que abandonar su lugar de nacimiento (en este caso se cita otro municipio), debido a una querencia del joven, mal interpretada por los vecinos de esta localidad. De su adolescencia apenas se saben dos o tres cosas, una de las más reseñables es que en una época fue apodado "el Melenudo". A día de hoy, me atrevo a asegurar que es un hombre que levanta pasiones, aún teniendo la cabeza como una bola de billar, luciendo gafas, que soporta sobre su prominente nariz y vistiendo siempre una indumentaria bastante anticuada y poco apropiada para cualquier cosa. Nunca ha aumentado ni una sola dioptría, pero tampoco ha optado por usar lentes de contacto que den mejor aspecto a su extraño rostro. Acaba de celebrar su sesenta aniversario y sigue trabajando..., bueno, ahí continua, metiéndose en innumerables líos y saliendo como puede de ellos. Tiene un fiel compañero, que se cree más inteligente que él pero que es igual de palurdo. La realidad es que nada serían uno sin el otro. Ambos viven en una pensión de mala muerte y en ocasiones han sido acusados de homosexuales. Son unos pobres diablos, explotados en su día a día, en un trabajo en el que cobran una miseria, son despreciados por un superior déspota, que no se corta un pelo, a la hora de usar la violencia contra sus pobres cuerpos. Son los españoles que más veces han perdido los dientes y no precisamente los de leche. A pesar de estos sesenta años dando el callo, sin vacaciones ni descanso semanal, no son considerados viejos, desde luego, no para jubilarse.
Pese a todo lo disparatado que le rodea, es buena persona, divertido y gracioso, ingenuo y tierno, niño, joven, maduro o viejo, feliz y suspicaz, agradable al trato y enamoradizo. A su manera, cuenta con innumerables recursos para salir ileso de cualquier situación y sobre todo es buen compañero... He compartido su vida y sus miserias, me he hecho compañera en sus desgracias, me ha acompañado toda la vida y puedo confirmar que le quiero con locura.
Pese a todo lo disparatado que le rodea, es buena persona, divertido y gracioso, ingenuo y tierno, niño, joven, maduro o viejo, feliz y suspicaz, agradable al trato y enamoradizo. A su manera, cuenta con innumerables recursos para salir ileso de cualquier situación y sobre todo es buen compañero... He compartido su vida y sus miserias, me he hecho compañera en sus desgracias, me ha acompañado toda la vida y puedo confirmar que le quiero con locura.
sábado, 30 de diciembre de 2017
PARA LOS MIOS
Te regalaré el abrazo milagroso que te alegre en una mañana de abril, la caricia envolvente cualquier noche de julio, la bullanguera sonrisa en las fiestas de agosto y una tarde de silencios tras un amanecer nevado de enero.
Mansamente, te cederé mi amistad como un cortejo de luces, pongamos que en... octubre,
la sumisa algarabía al comienzo de una estación, ¿qué te parece en marzo?
el refuerzo, a veces amargo de mi arrogante mal genio, allá por septiembre y
el bullicio infantil de una nueva Navidad a finales de diciembre.
Te obsequiaré con un puñado de castañas alrededor de una buena conversación en noviembre,
con el ardor en el estrenado verano, por San Juan o en cualquier otro rato de junio,
te agasajaré con una sana indiferencia a las miradas crueles, en febrero, ¿te vendrá bien? y
me dormiré con el pensamiento alerta, buscando una nueva manera de hacerte sonreír allá por mayo...
Me embeberé de lo tuyo,
tal vez alcance un nuevo proyecto, pero desde ahora te digo,
que durante todo el próximo año, podrás contar conmigo.
Mansamente, te cederé mi amistad como un cortejo de luces, pongamos que en... octubre,
la sumisa algarabía al comienzo de una estación, ¿qué te parece en marzo?
el refuerzo, a veces amargo de mi arrogante mal genio, allá por septiembre y
el bullicio infantil de una nueva Navidad a finales de diciembre.
Te obsequiaré con un puñado de castañas alrededor de una buena conversación en noviembre,
con el ardor en el estrenado verano, por San Juan o en cualquier otro rato de junio,
te agasajaré con una sana indiferencia a las miradas crueles, en febrero, ¿te vendrá bien? y
me dormiré con el pensamiento alerta, buscando una nueva manera de hacerte sonreír allá por mayo...
Me embeberé de lo tuyo,
tal vez alcance un nuevo proyecto, pero desde ahora te digo,
que durante todo el próximo año, podrás contar conmigo.
lunes, 4 de diciembre de 2017
UN PASEO POR EL RITZ (SEGUDA PARTE)
Martina se llegó al suntuoso salón del piano. Apenas se apreciaba un ligero susurro de los clientes. Casi todas las mesas estaban ocupadas. Se trataba de personas de alrededor de setenta años y algún ochentón. El pianista interpretaba el tema central de "El Padrino". Martina canturreó entre dientes: "Estoy sintiendo tu perfume embriagador...". Paseó la mirada discreta por las mesas, hasta descubrir a Mateo, en una de ellas, muy discreta y apartada del piano. Al llegar, él se levantó, inclinándose para besarla en la mejilla, esperó a que ella tomará asiento antes de hacerlo él. Pidieron champagne DOM PIERRE PERIGNON y una vez servido, desplegó una serie de hojas. Una era un plano del hotel, en las demás, se recogía todo lo que Martina le proporcionó de sus anteriores estancias en el Ritz: horarios de los trabajadores, cambios de turnos, accesos a las diferentes estancias, salidas principales y traseras. En el plano se detallaba con rigor cada una de las dependencias del hotel.
- Me he tomado la libertad de plagiar una furgoneta del Ayuntamiento de Averías Eléctricas. Como he supuesto que estarías de acuerdo, ya está lista. Utilizaré una de las robadas hace meses. Nadie le prestará atención.
- Bien pensado. Mientras vean la furgoneta aparcada en una de las calles laterales, estarán tranquilos y nos dejarán maniobrar a nuestro antojo.
- Pasemos al atraco. Minutos antes del apagón general, verteremos por los tubos de la calefacción el gas que adormilará a todos los que se encuentren en el interior del hotel. Los que estén fuera no podrán acceder al interior, hasta que no se repare la supuesta avería, pues las puertas quedarán bloqueadas. Media hora tiene que ser suficiente para todo el trabajo. La lámpara de Cristal de Bacarat del Salón Luis XV se hará en primer lugar - en este punto de la conversación Mateo mostró tres fotografías a Martina, que sugerían una serie -. Descolgarla no me llevará más de cinco minutos. Tú la recogerás con cuidado, la introducirás en una caja como ésta - enseñó la imagen.
- Me ayudarás a colocarla en la carretilla? - le interrumpió Martina.
- Utilizaremos para ello un carrito de los de la comida. Te acompañaré hasta el jardín. Te ayudaré a montar la polea. Esto nos llevará unos cuatro minutos, calculado por lo alto. Volverás a la escalera principal y llegarás a tu suite para subir el bulto ayudándote con la polea. Una vez en el interior de la habitación, comenzarás a desmontarla. Yo volveré al salón para colocar la imitación - Mateo mostró una nueva imagen.
- ¡Impresionante! - exclamó Martina, conteniendo un silbido -. Nadie notará el cambio, hasta pasado mucho tiempo.
- Este trabajo ha resultado relativamente sencillo. Es un plástico muy brillante y hasta pasados unos meses, no se volverá amarillento y mate.
- Para entonces será muy tarde. Pieza a pieza estarán prácticamente vendidas y nosotros muy lejos de España - ambos sonrieron ante el cambio de vida que experimentarían en pocos días.
- Volvamos a la realidad - invitó Mateo -.Mientras tú te ocupas de la Bacarat, yo estaré en este salón. El pianista quedará sentado con las manos en el teclado. Me subiré sobre la tapa y descolgaré la lámpara Louis Vuitton. Volverás y realizaremos el mismo proceso. Nuevamente utilizaremos la polea para hacerla llegar con facilidad a tu suite. Seguirás con la tarea de desmontarlas, miestras yo colocó la imitación. Acto seguido volverá a restablecerse el suministro eléctrico y se desconectará la calefacción de manera automática, con lo cual el gas dejará de hacer efecto. Todos volverán a la realidad. Algunos quizá muestren síntomas de mareo, pero no será grave. La mayoría se encontrarán perfectamente. En el desconcierto general, me llevaré la furgoneta al almacén. Volveré para ayudarte a desmontar las piezas y no abandonaremos la suite hasta el día siguiente.
- ¿Estás seguro que nadie saldrá perjudicado con el gas?
- Con treinta minutos, nadie saldrá perjudicado, aun padeciendo problemas respiratorios.
- Debemos tener cuidado. Como ves los clientes son una colección de vejestorios, pero no queremos que nadie la palme.
- Descuida, todo está controlado. Por la mañana saldré del hotel. Tú seguirás disfrutando del lujo durante una semana más, tal como está planeado.
- Cada tarde, como buen enamorado, me visitarás e irás sacando uno a uno los estuches de terciopelo. La señora Ferdinán abandonará el Ritz por la Puerta Grande para no volver más.
Siete días más tarde un botones cargaba el carrito con las maletas de la señora Ferdinán, mientras ésta recibía los elogios del personal del Ritz.
- Espero que su estancia haya sido de su agrado - dijo el remilgado recepcionista.
- Como siempre un placer - sonrió el director.
- Hasta la próxima visita - se despidió el conserje.
Martina enfiló con paso lento el vestíbulo, haciendo gala de su belleza sin parangón con una esmerada y elegante puesta en escena. El aire frío de febrero le golpeó el rostro.
- La elegancia siempre es bienvenida, da seguridad a quien la porta y confianza a quién la recibe - musitó Mateo, abriéndole la portezuela del taxi, mientras el botones depositaba la carga en el maletero.
- Hasta pronto, señora Ferdinán - escuchó casi lejana la voz del director del Ritz.
- Me he tomado la libertad de plagiar una furgoneta del Ayuntamiento de Averías Eléctricas. Como he supuesto que estarías de acuerdo, ya está lista. Utilizaré una de las robadas hace meses. Nadie le prestará atención.
- Bien pensado. Mientras vean la furgoneta aparcada en una de las calles laterales, estarán tranquilos y nos dejarán maniobrar a nuestro antojo.
- Pasemos al atraco. Minutos antes del apagón general, verteremos por los tubos de la calefacción el gas que adormilará a todos los que se encuentren en el interior del hotel. Los que estén fuera no podrán acceder al interior, hasta que no se repare la supuesta avería, pues las puertas quedarán bloqueadas. Media hora tiene que ser suficiente para todo el trabajo. La lámpara de Cristal de Bacarat del Salón Luis XV se hará en primer lugar - en este punto de la conversación Mateo mostró tres fotografías a Martina, que sugerían una serie -. Descolgarla no me llevará más de cinco minutos. Tú la recogerás con cuidado, la introducirás en una caja como ésta - enseñó la imagen.
- Me ayudarás a colocarla en la carretilla? - le interrumpió Martina.
- Utilizaremos para ello un carrito de los de la comida. Te acompañaré hasta el jardín. Te ayudaré a montar la polea. Esto nos llevará unos cuatro minutos, calculado por lo alto. Volverás a la escalera principal y llegarás a tu suite para subir el bulto ayudándote con la polea. Una vez en el interior de la habitación, comenzarás a desmontarla. Yo volveré al salón para colocar la imitación - Mateo mostró una nueva imagen.
- ¡Impresionante! - exclamó Martina, conteniendo un silbido -. Nadie notará el cambio, hasta pasado mucho tiempo.
- Este trabajo ha resultado relativamente sencillo. Es un plástico muy brillante y hasta pasados unos meses, no se volverá amarillento y mate.
- Para entonces será muy tarde. Pieza a pieza estarán prácticamente vendidas y nosotros muy lejos de España - ambos sonrieron ante el cambio de vida que experimentarían en pocos días.
- Volvamos a la realidad - invitó Mateo -.Mientras tú te ocupas de la Bacarat, yo estaré en este salón. El pianista quedará sentado con las manos en el teclado. Me subiré sobre la tapa y descolgaré la lámpara Louis Vuitton. Volverás y realizaremos el mismo proceso. Nuevamente utilizaremos la polea para hacerla llegar con facilidad a tu suite. Seguirás con la tarea de desmontarlas, miestras yo colocó la imitación. Acto seguido volverá a restablecerse el suministro eléctrico y se desconectará la calefacción de manera automática, con lo cual el gas dejará de hacer efecto. Todos volverán a la realidad. Algunos quizá muestren síntomas de mareo, pero no será grave. La mayoría se encontrarán perfectamente. En el desconcierto general, me llevaré la furgoneta al almacén. Volveré para ayudarte a desmontar las piezas y no abandonaremos la suite hasta el día siguiente.
- ¿Estás seguro que nadie saldrá perjudicado con el gas?
- Con treinta minutos, nadie saldrá perjudicado, aun padeciendo problemas respiratorios.
- Debemos tener cuidado. Como ves los clientes son una colección de vejestorios, pero no queremos que nadie la palme.
- Descuida, todo está controlado. Por la mañana saldré del hotel. Tú seguirás disfrutando del lujo durante una semana más, tal como está planeado.
- Cada tarde, como buen enamorado, me visitarás e irás sacando uno a uno los estuches de terciopelo. La señora Ferdinán abandonará el Ritz por la Puerta Grande para no volver más.
Siete días más tarde un botones cargaba el carrito con las maletas de la señora Ferdinán, mientras ésta recibía los elogios del personal del Ritz.
- Espero que su estancia haya sido de su agrado - dijo el remilgado recepcionista.
- Como siempre un placer - sonrió el director.
- Hasta la próxima visita - se despidió el conserje.
Martina enfiló con paso lento el vestíbulo, haciendo gala de su belleza sin parangón con una esmerada y elegante puesta en escena. El aire frío de febrero le golpeó el rostro.
- La elegancia siempre es bienvenida, da seguridad a quien la porta y confianza a quién la recibe - musitó Mateo, abriéndole la portezuela del taxi, mientras el botones depositaba la carga en el maletero.
- Hasta pronto, señora Ferdinán - escuchó casi lejana la voz del director del Ritz.
lunes, 27 de noviembre de 2017
UN PASEO POR EL RITZ (RELATO CORTO) PRIMERA PARTE
El taxi estacionó con suavidad en la entrada principal del Ritz. Una elegante dama de cierta edad descendió ayudada por el conserje, que en cuanto la reconoció, acudió a abrirle la puerta.
- ¡Encantado de volverla a tener entre nosotros, señora Ferdinán! ¿Cómo está usted?
- Más vieja, hijo, más vieja - contestó la aludida.
- Está usted como una pipiola, cada día más joven.
- La procesión va por dentro... La ciática me trae por la calle de la amargura.
- Pues de aspecto está estupenda.
- ¡Adulador! - la señora sonrió -. Pero he de decirle, que me encanta escuchar sus mentiras.
Cogidos del brazo, atravesaron el vestíbulo, dirigiéndose con paso lento, pero altivo al mostrador de recepción, donde un joven con semblante ratonil y sonrisa permanente, obsequio de la casa, les esperaba espectante.
El joven botones se hizo a un lado con el carrito portador de maletas, mientras el conserje le dejaba en manos del director del hotel.
- ¡Estimada señora Ferdinán! ¡Qué alegría me da verla! Usted cada día más joven y tan elegante como siempre.
- Un placer volver, sobre todo por los halagos que recibo.
- Se lo digo muy en serio, me dan ganas de hacerle proposiciones - dirigió una mirada rápida al recepcionista, que casi se cuadró -. Atienda a la señora Ferdinán, busqué su reserva.
El joven ratonil buscó con presteza.
- Celebramos su vuelta, señora Ferdinán. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que se repitan las mismas buenas sensaciones que ha vivido en otras ocasiones en el Ritz - soltó la letanía muy bien aprendida, ante la atenta mirada del director.
- Volver al Ritz siempre es un placer - aseguró Martina Ferdinán.
- El placer es nuestro - insistió el joven visiblemente orgulloso -. Mi nombre es Isaac, siempre a su servicio, para lo que guste mandar.
Una vez en la suite, Martina se despojó del abrigo y de los zapatos. Le oprimían los pies. Penso que tenía que haber comprado los auténticos, aunque valían 720 euros, pero seguro que no resultaban tan incómodos, Tanto los zapatos como el bolso, eran una buenísima imitación de Hermès. Los adquirió dos años atrás en el Rastro madrileño por la irrisoria cantidad de 15 euros, lote completo. Para uso exclusivo de las visitas al Ritz. En el baño se quitó la peluca, se revolvió el cabello, que recobró algo de volumen, se desmaquilló con sumo cuidado. Se refrescó el rostro. Tardó algo más de media hora en recobrar su aspecto normal, el de una joven de vienticuatro años. Luego se quitó las lentillas marrones, que le otorgaban una mirada apagada, más propia de una setentona. Los suyos eran azules, vivos y fríos. Se echó un par de gotas en cada ojo. Le sonrió al espejo con malicia. Se desnudó con rapidez, doblando cada prenda elegante. Tomó un baño relajante. Comió algunas frutas y bebió dos copas de vino. Paseó la mirada por la suite y calculó un poco por encima que entre la habitación, el baño y el salón doblarían en metros cuadrados a las dimensiones de su destartalada casucha de Malasaña. Pero pronto sería rica, inmensamente rica. Se tumbó en la cama, acarició las sábanas impecables, bordadas a mano, quedándose dormida en pocos minutos.
Dos horas después, convertida nuevamente en Martina Ferdinán se acercó a la recepción. El joven ratonil y su sempiterna sonrisa, le recibieron.
- Voy a encontrarme con un caballero en el Salón del piano - le susurró ella excitada.
El remilgado recepcionista le respondió con una sonrisa maliciosa.
Objetivo conseguido. Era el propósito de Martina. Que aquel palurdo pensase que se disponía a un encuentro amoroso.
(CONTINUARA...)
- ¡Encantado de volverla a tener entre nosotros, señora Ferdinán! ¿Cómo está usted?
- Más vieja, hijo, más vieja - contestó la aludida.
- Está usted como una pipiola, cada día más joven.
- La procesión va por dentro... La ciática me trae por la calle de la amargura.
- Pues de aspecto está estupenda.
- ¡Adulador! - la señora sonrió -. Pero he de decirle, que me encanta escuchar sus mentiras.
Cogidos del brazo, atravesaron el vestíbulo, dirigiéndose con paso lento, pero altivo al mostrador de recepción, donde un joven con semblante ratonil y sonrisa permanente, obsequio de la casa, les esperaba espectante.
El joven botones se hizo a un lado con el carrito portador de maletas, mientras el conserje le dejaba en manos del director del hotel.
- ¡Estimada señora Ferdinán! ¡Qué alegría me da verla! Usted cada día más joven y tan elegante como siempre.
- Un placer volver, sobre todo por los halagos que recibo.
- Se lo digo muy en serio, me dan ganas de hacerle proposiciones - dirigió una mirada rápida al recepcionista, que casi se cuadró -. Atienda a la señora Ferdinán, busqué su reserva.
El joven ratonil buscó con presteza.
- Celebramos su vuelta, señora Ferdinán. Haremos todo lo que esté en nuestras manos para que se repitan las mismas buenas sensaciones que ha vivido en otras ocasiones en el Ritz - soltó la letanía muy bien aprendida, ante la atenta mirada del director.
- Volver al Ritz siempre es un placer - aseguró Martina Ferdinán.
- El placer es nuestro - insistió el joven visiblemente orgulloso -. Mi nombre es Isaac, siempre a su servicio, para lo que guste mandar.
Una vez en la suite, Martina se despojó del abrigo y de los zapatos. Le oprimían los pies. Penso que tenía que haber comprado los auténticos, aunque valían 720 euros, pero seguro que no resultaban tan incómodos, Tanto los zapatos como el bolso, eran una buenísima imitación de Hermès. Los adquirió dos años atrás en el Rastro madrileño por la irrisoria cantidad de 15 euros, lote completo. Para uso exclusivo de las visitas al Ritz. En el baño se quitó la peluca, se revolvió el cabello, que recobró algo de volumen, se desmaquilló con sumo cuidado. Se refrescó el rostro. Tardó algo más de media hora en recobrar su aspecto normal, el de una joven de vienticuatro años. Luego se quitó las lentillas marrones, que le otorgaban una mirada apagada, más propia de una setentona. Los suyos eran azules, vivos y fríos. Se echó un par de gotas en cada ojo. Le sonrió al espejo con malicia. Se desnudó con rapidez, doblando cada prenda elegante. Tomó un baño relajante. Comió algunas frutas y bebió dos copas de vino. Paseó la mirada por la suite y calculó un poco por encima que entre la habitación, el baño y el salón doblarían en metros cuadrados a las dimensiones de su destartalada casucha de Malasaña. Pero pronto sería rica, inmensamente rica. Se tumbó en la cama, acarició las sábanas impecables, bordadas a mano, quedándose dormida en pocos minutos.
Dos horas después, convertida nuevamente en Martina Ferdinán se acercó a la recepción. El joven ratonil y su sempiterna sonrisa, le recibieron.
- Voy a encontrarme con un caballero en el Salón del piano - le susurró ella excitada.
El remilgado recepcionista le respondió con una sonrisa maliciosa.
Objetivo conseguido. Era el propósito de Martina. Que aquel palurdo pensase que se disponía a un encuentro amoroso.
(CONTINUARA...)
martes, 24 de octubre de 2017
LA MUERTE DE ALFREDO
La tarde transcurría amodorrada. Bostezaba yo y a duras penas, ella me seguía a paso retardado, tirando una a una las horas que se amontonaban indecorosamente penitentes y secas. La Bamba, como sonido del móvil, me sacó con un respingo del aburrimiento recurrente.
- ... nos ha dejado - hipó una vocecilla.
Semidormida me pregunté a quién pertenecía la desconsolada vocecita y quién era el que nos había dejado.
- ¿Cómo? - me atreví a preguntar.
- ... se ha ido - no lograba entender el principio de la frase. Desde el otro lado, una armoniosa mocarrada se desligó de alguna afligida nariz.
- Perdona, no te he entendido... ¿Quién dices que se ha ido?
- Alfredo - poniendo mis cinco sentidos en alerta máxima, logré entender, pues a mi interlocutor, le sobrevinó otra nueva e irreprimible llantina.
- Alfredo - repetí, tratando de repasar rápidamente los Alfredos que se habían cruzado en mi vida.
- Si, Alfredo - dijo la voz calmada por completo -. Nos ha dejado para siempre.
- Por fin lo comprendí y de inmediato desperté del letargo de la tarde. Alfredo, nuestro querido Alfredo había muerto.
- ¿Cómo ha sido? - me interesé totalmente centrada.
- Un paro cardíaco o algo tal vez más grave - Mikel, recuperado, se esforzaba por hacerme un resumen detallado sobre las últimas horas del amigo.
- ¿Pasaba contigo el fin de semana?
- No, con Leire. Me ha avisado para que me hiciera cargo y te diera la noticia. Está destrozada. Ahora voy a su casa, rápido, con el monopatín. También irán Izaro y Manuel.
- ¡Cuánto lo siento! No sé qué decir... Todos le queríamos mucho y...
- Era tan alegre - me interrumpió.
Intenté imaginarme a Alfredo alegre, pero no lo conseguí. Me faltaban palabras. Era evidente que mi interlocutor esperaba más apoyo por mi parte.
- Hemos hablado y queremos enterrarlo - anunció Mikel, comenzando a llorar de nuevo.
- ¡Por supuesto! - añadí -. Le haremos un entierro por todo lo alto.
- Se lo merece.
- ¡Claro que si!
- Y un funeral también.
- ¿Un funeral... funeral? ¿Quieres decir un funeral como se hacen los funerales? - mi sorpresa fue mayúscula.
- ¿Cuántas clases de funerales conoces? - fue la respuesta ofendida de Mikel. Llama al colegio, busca un cura que se haga cargo, en caso de que no conociera a Alfredo, cuéntale cómo era... Tú verás quién puede hacerlo bonito - me encomendó.
- Déjalo de mi cuenta. Le haremos un funeral precioso - contesté totalmente involucrada en el asunto . ¿Quieres que avise a alguien?
- Hemos hecho una cadena de llamadas. A estas alturas lo sabrá ya todo el colegio.
En cuanto cortamos la comunicación, me puse a redactar la esquela, que al día siguiente a primera hora, apareció expuesta en el tablón de anuncios de la entrada del colegio. Supuse que a los niños les encantaría el detalle.
El lunes por la tarde, después de las clases, un sacerdote joven, ofició una misa funeral al aire libre, de cuerpo presente expuesto al público asistente, muy cerca de donde fue enterrado. Durante la Eucaristía, se contaron anécdotas y chascarrillos del entrañable amigo. Algunos niños leyeron estremecedoras frases de amistad, que nos hicieron llorar a todos.
- La amistad duplica nuestra alegrías y disminuye nuestra tristeza - aseguró una niña de tercero.
- La amistad es el ingrediente más importante en la receta de la vida - irrumpió alguien cercano al féretro.
Una vez en el cementerio, los niños depositaron flores y sus juguetes preferidos, sobre la caja. Un pequeño hueco en la tierra, cavado a mediodía, sería el refugio para que Alfredo descansara eternamente.
- En mitad de la vida estamos abocados a la muerte... Jesús, Padre Nuestro, acoge en tu seno el alma de nuestro amigo Alfredo y haz que viva junto a ti y nos ilumine en nuestro camino...- rezaba el sacerdote, visiblemente emocionado.
Seguidamente el féretro de Alfredo fue depositado en el pequeño hoyo y todos los presentes, guardando una rigurosa fila india, fuimos echando una palada de tierra sobre la caja de galletas María Fontaneda forrada del terciopelo verde. Un esqueje de prímula se hincó en la tierra en aquella fría tarde de febrero.
Descansa en paz, Alfredo, tritón común, leal compañero y amigo.
- ... nos ha dejado - hipó una vocecilla.
Semidormida me pregunté a quién pertenecía la desconsolada vocecita y quién era el que nos había dejado.
- ¿Cómo? - me atreví a preguntar.
- ... se ha ido - no lograba entender el principio de la frase. Desde el otro lado, una armoniosa mocarrada se desligó de alguna afligida nariz.
- Perdona, no te he entendido... ¿Quién dices que se ha ido?
- Alfredo - poniendo mis cinco sentidos en alerta máxima, logré entender, pues a mi interlocutor, le sobrevinó otra nueva e irreprimible llantina.
- Alfredo - repetí, tratando de repasar rápidamente los Alfredos que se habían cruzado en mi vida.
- Si, Alfredo - dijo la voz calmada por completo -. Nos ha dejado para siempre.
- Por fin lo comprendí y de inmediato desperté del letargo de la tarde. Alfredo, nuestro querido Alfredo había muerto.
- ¿Cómo ha sido? - me interesé totalmente centrada.
- Un paro cardíaco o algo tal vez más grave - Mikel, recuperado, se esforzaba por hacerme un resumen detallado sobre las últimas horas del amigo.
- ¿Pasaba contigo el fin de semana?
- No, con Leire. Me ha avisado para que me hiciera cargo y te diera la noticia. Está destrozada. Ahora voy a su casa, rápido, con el monopatín. También irán Izaro y Manuel.
- ¡Cuánto lo siento! No sé qué decir... Todos le queríamos mucho y...
- Era tan alegre - me interrumpió.
Intenté imaginarme a Alfredo alegre, pero no lo conseguí. Me faltaban palabras. Era evidente que mi interlocutor esperaba más apoyo por mi parte.
- Hemos hablado y queremos enterrarlo - anunció Mikel, comenzando a llorar de nuevo.
- ¡Por supuesto! - añadí -. Le haremos un entierro por todo lo alto.
- Se lo merece.
- ¡Claro que si!
- Y un funeral también.
- ¿Un funeral... funeral? ¿Quieres decir un funeral como se hacen los funerales? - mi sorpresa fue mayúscula.
- ¿Cuántas clases de funerales conoces? - fue la respuesta ofendida de Mikel. Llama al colegio, busca un cura que se haga cargo, en caso de que no conociera a Alfredo, cuéntale cómo era... Tú verás quién puede hacerlo bonito - me encomendó.
- Déjalo de mi cuenta. Le haremos un funeral precioso - contesté totalmente involucrada en el asunto . ¿Quieres que avise a alguien?
- Hemos hecho una cadena de llamadas. A estas alturas lo sabrá ya todo el colegio.
En cuanto cortamos la comunicación, me puse a redactar la esquela, que al día siguiente a primera hora, apareció expuesta en el tablón de anuncios de la entrada del colegio. Supuse que a los niños les encantaría el detalle.
El lunes por la tarde, después de las clases, un sacerdote joven, ofició una misa funeral al aire libre, de cuerpo presente expuesto al público asistente, muy cerca de donde fue enterrado. Durante la Eucaristía, se contaron anécdotas y chascarrillos del entrañable amigo. Algunos niños leyeron estremecedoras frases de amistad, que nos hicieron llorar a todos.
- La amistad duplica nuestra alegrías y disminuye nuestra tristeza - aseguró una niña de tercero.
- La amistad es el ingrediente más importante en la receta de la vida - irrumpió alguien cercano al féretro.
Una vez en el cementerio, los niños depositaron flores y sus juguetes preferidos, sobre la caja. Un pequeño hueco en la tierra, cavado a mediodía, sería el refugio para que Alfredo descansara eternamente.
- En mitad de la vida estamos abocados a la muerte... Jesús, Padre Nuestro, acoge en tu seno el alma de nuestro amigo Alfredo y haz que viva junto a ti y nos ilumine en nuestro camino...- rezaba el sacerdote, visiblemente emocionado.
Seguidamente el féretro de Alfredo fue depositado en el pequeño hoyo y todos los presentes, guardando una rigurosa fila india, fuimos echando una palada de tierra sobre la caja de galletas María Fontaneda forrada del terciopelo verde. Un esqueje de prímula se hincó en la tierra en aquella fría tarde de febrero.
Descansa en paz, Alfredo, tritón común, leal compañero y amigo.
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