Puedo desoír al silencio calmo,
alterar la prisa envenenada,
esconderme en un cuarto de luna
para soportar las noches en sombra.
Puedo guarecerme en la quietud del destino,
sorprender al alba tardía y remolona del invierno,
si me dejo mecer entre los brazos de Morfeo.
Puedo parpadear obediente al disparate,
engatusar a la penumbra desnuda,
dejar de cumplir promesas,
alargar los silencios
para enmudecer al aliento celoso.
Si el atardecer me sorprende
caminando por el pensamiento,
puedo vivir callejeando por algún atajo,
desabrochándome las ideas,
diluyendo la torpeza,
tumbándome a la bartola en el horizonte y, al fin y al cabo,
sorteando a las musas
entre locura y fantasía.
entre locura y fantasía.
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